COVID 19
¿Nos mienten o no saben qué sucede con el coronavirus?
Vladimir Illich Ulianov, Lenin, el zar “rojo”, acuñó aquello de que la mentira es un arma revolucionaria. Cualquier estudioso de la obra de este aristócrata ruso también lo sabe. Goeblels, gran genio del mal, imitó al ruso, con aquello de que un mentira, repetida mil veces, acaba por convertirse en una gran verdad.De hecho, la gente, pastoreada por políticos, ya cree más en la mentira que en la verdad; la toleraba mejor, la digiere y la hace suya.Y, si, a la postre, admite que fue engañada, no pasa nada. A vivir que son dos días y dormir sobre la almohada del embuste.
Un servidor, que no cree en nada, dado mi escepticismo antropológico, construido en la experiencia, ha tiempo, asumió que todo político miente. Pedro Sánchez es un doctor en esta faceta. Mintió siempre. Mintió en su campaña electoral. No dijo la verdad sobre que el coronavirus penetró en la sangre de su señora. Se tomó a cachondeo, él y todo su equipo, incluido el doctor Fernando Simón. Recuerda este aserto del médico español: "Parece que la epidemia tiene posibilidades de empezar a remitir. Nosotros creemos que España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado. Esperemos que no haya transmisión local. Si la hay, será transmisión muy limitada y muy controlada. Pero España tiene que trabajar en todos los escenarios posibles". ¿Mentía? No lo creo. No es un político a tiempo total.
El 23 de febrero afirmó que “en España ni hay virus ni se está transmitiendo la enfermedad". ¿Seguía mintiendo o se lo creía? Desde entonces ha realizado diez pronósticos absolutamente equivocados. Verbigracia: 9 de febrero: "En estos momentos, el nivel de riesgo de España es relativamente bajo. No hay ninguna razón para alarmarse, está controlado". Cuatro días después, fallecía el primer enfermo español de coronavirus, aunque, en principio, se comentó que murió por una neumonía. Los análisis demostraron, posteriormente, que fue el coronavirus el causante de esta muerte. El 28 de febrero ya había 41 infectados, pero Fernando Simón no se apeó de sus criterios: “No hay ninguna razón para cambiar de escenario porque el riesgo está perfectamente delimitado, no es un riesgo poblacional. La contención está funcionando".
El último día del pasado mes de febrero, se permitió el lujo de afirmar que no existían razones para suspender “eventos y celebraciones como Las Fallas. Como se sabe, después se aplazaron hasta el mes de julio, en el mes más caluroso del verano.
A principios de marzo, siguió insistiendo: "No debería ser un problema grave celebrar eventos multitudinarios. Suspender actos supondría que el virus circula sin control por nuestro país. Es una situación que hay que valorar con cuidado y aplicar si va a tener un efecto real o no. Hay medidas que a veces son más efectistas que efectivas".
Cuando Italia cerró sus centros educativos, se le inquirió sobre si España imitaría las medidas tomadas por las autoridades transalpinas, y se despachó con esta boutade: "Cerrar colegios no reduciría riesgos, sino que los aumentaría". También apoyó la manifestación del 8M: "Es una convocatoria para nacionales en la que en principio participan nacionales, pero no quiere decir que no haya extranjeros ni tampoco algunos de alguna zona de riesgo, pero no es una afluencia masiva de personas de zonas de riesgo". Dos mujeres, famosas, Irene Montero y la señora del presidente cayeron enfermas. Se ignoran cuántas más de las 100.000 participantes resultaron infectadas. No obstante, hace menos de una semana, nos dijo que este Estado de Alarma se extenderá por espacio de dos meses.
Colija el lector lo que le dé la real gana. No se trata de ser socialista, comunista o conservador, sino colegir que las autoridades no nos han dicho la verdad, que considero la mayor de las mentiras, o su ignorancia cabe definirla como supina. Por lo tanto, hay que preguntarse: ¿Qué inteligencias y talentos administran el Estado? ¿Resistirá la economía española dos meses sin apenas actividad? ¿Los profesionales de la Sanidad, gente muy cualificada y sacrificada, aguantarán física y psíquicamente esta descomunal labor?
Por último, es normal, lógico, racional, que el ministro de Sanidad del Reino de España, Salvador Illa Roca, sea filósofo, y que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, licenciada en Medicina. Cosas vereres en esta España en quiebra moral y política, que antecede a la económica.
Vladimir Illich Ulianov, Lenin, el zar “rojo”, acuñó aquello de que la mentira es un arma revolucionaria. Cualquier estudioso de la obra de este aristócrata ruso también lo sabe. Goeblels, gran genio del mal, imitó al ruso, con aquello de que un mentira, repetida mil veces, acaba por convertirse en una gran verdad.De hecho, la gente, pastoreada por políticos, ya cree más en la mentira que en la verdad; la toleraba mejor, la digiere y la hace suya.Y, si, a la postre, admite que fue engañada, no pasa nada. A vivir que son dos días y dormir sobre la almohada del embuste.
Un servidor, que no cree en nada, dado mi escepticismo antropológico, construido en la experiencia, ha tiempo, asumió que todo político miente. Pedro Sánchez es un doctor en esta faceta. Mintió siempre. Mintió en su campaña electoral. No dijo la verdad sobre que el coronavirus penetró en la sangre de su señora. Se tomó a cachondeo, él y todo su equipo, incluido el doctor Fernando Simón. Recuerda este aserto del médico español: "Parece que la epidemia tiene posibilidades de empezar a remitir. Nosotros creemos que España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado. Esperemos que no haya transmisión local. Si la hay, será transmisión muy limitada y muy controlada. Pero España tiene que trabajar en todos los escenarios posibles". ¿Mentía? No lo creo. No es un político a tiempo total.
El 23 de febrero afirmó que “en España ni hay virus ni se está transmitiendo la enfermedad". ¿Seguía mintiendo o se lo creía? Desde entonces ha realizado diez pronósticos absolutamente equivocados. Verbigracia: 9 de febrero: "En estos momentos, el nivel de riesgo de España es relativamente bajo. No hay ninguna razón para alarmarse, está controlado". Cuatro días después, fallecía el primer enfermo español de coronavirus, aunque, en principio, se comentó que murió por una neumonía. Los análisis demostraron, posteriormente, que fue el coronavirus el causante de esta muerte. El 28 de febrero ya había 41 infectados, pero Fernando Simón no se apeó de sus criterios: “No hay ninguna razón para cambiar de escenario porque el riesgo está perfectamente delimitado, no es un riesgo poblacional. La contención está funcionando".
El último día del pasado mes de febrero, se permitió el lujo de afirmar que no existían razones para suspender “eventos y celebraciones como Las Fallas. Como se sabe, después se aplazaron hasta el mes de julio, en el mes más caluroso del verano.
A principios de marzo, siguió insistiendo: "No debería ser un problema grave celebrar eventos multitudinarios. Suspender actos supondría que el virus circula sin control por nuestro país. Es una situación que hay que valorar con cuidado y aplicar si va a tener un efecto real o no. Hay medidas que a veces son más efectistas que efectivas".
Cuando Italia cerró sus centros educativos, se le inquirió sobre si España imitaría las medidas tomadas por las autoridades transalpinas, y se despachó con esta boutade: "Cerrar colegios no reduciría riesgos, sino que los aumentaría". También apoyó la manifestación del 8M: "Es una convocatoria para nacionales en la que en principio participan nacionales, pero no quiere decir que no haya extranjeros ni tampoco algunos de alguna zona de riesgo, pero no es una afluencia masiva de personas de zonas de riesgo". Dos mujeres, famosas, Irene Montero y la señora del presidente cayeron enfermas. Se ignoran cuántas más de las 100.000 participantes resultaron infectadas. No obstante, hace menos de una semana, nos dijo que este Estado de Alarma se extenderá por espacio de dos meses.
Colija el lector lo que le dé la real gana. No se trata de ser socialista, comunista o conservador, sino colegir que las autoridades no nos han dicho la verdad, que considero la mayor de las mentiras, o su ignorancia cabe definirla como supina. Por lo tanto, hay que preguntarse: ¿Qué inteligencias y talentos administran el Estado? ¿Resistirá la economía española dos meses sin apenas actividad? ¿Los profesionales de la Sanidad, gente muy cualificada y sacrificada, aguantarán física y psíquicamente esta descomunal labor?
Por último, es normal, lógico, racional, que el ministro de Sanidad del Reino de España, Salvador Illa Roca, sea filósofo, y que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, licenciada en Medicina. Cosas vereres en esta España en quiebra moral y política, que antecede a la económica.

















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