COVID 19
Insolidaridad durante el Estado de Alarma
Empírico. Los hombres y las mujeres nos forjamos en la niñez. Rilke escribió que su patria era su infancia. Los infantes se socializan jugando a deportes, fútbol, baloncesto, balonmano, etc, y a juegos como el rescate, la tula, la piola, las vistas, las chapas. Pero en esas etapas pueriles hubo gente que no jugó con otros, que no compartió nada, ni tan si quiera un libro, que no hizo amigos, que careció de pandilla. Crecieron sin aprender en la escuela de la calle que el individuo no es nadie sin otros prójimos. Ahora, en este Estado de Alarma descubrimos a personas que se ríen, de carcajean, se mofan de los que cumplimos con órdenes superiores, y salen a la calle, porque, según propia confesión, se aburren. Encuentran cualquier excusa para hacer lo que les sale de sus testículos u ovarios. Convencido estoy que la gran mayoría de los varones y hembras que detienen la policía no se socializaron en sus etapas infantiles.
Reconozco que, en mis años infantiles, jugué a todo, que tuve numerosos amigos, con los que me divertí en partidos de fútbol, incluso nos federamos, en el Club Royal; lo pasé de maravilla con las chapas, peones, vistas. Después, con aquellos amigos de la primera etapa de la vida, que todavía conservo, compartimos ideas, literatura, discos, y salimos a ligar chicas. Aprendí a ser solidario.
Ahora, la gente con menos, digamos, 30 años, creció con móviles en las manos y ordenadores en casa. No necesitaron a otros niños y adolescentes para jugar, pasarlo bien, correr, hablar. Recuerdo que hace un par de veranos, me hallaba sentado en una terraza de la Plaza Mayor, con dos amigos del alma. Y observé que, en otra mesa, situada a unos cuatro metros de nuestra ubicación, cuatro jóvenes, entre 18 y 22 años, no hablaban entre ellas, sino que se divertían cada cual con el móvil correspondiente. Aluciné.
Esa generación protagonizará la vida de nuestra nación en los próximos años. Hombres y mujeres que no jugaron, que no se socializaron, que solo piensan en sí mismos, que el otro es el enemigo, que ignoran lo que es la amistad, la cooperación. Gente que no sabe compartir, ayudar ni colaborar. Hablo de esas personas, que van de listas, que se saltan los semáforos en rojo, que se cuelan en la filas de teatros, cines y espectáculos deportivos. Estos personajes son virus sociales, que, en la vida cotidiana, ignoramos, pero están ahí, al acecho, descojonándose de los solidarios, filántropos y altruistas, de los que respetamos al prójimo, de los que obedecemos las leyes y las órdenes de cualquier Gobierno, máxime cuando una nación se encuentra en peligro por una enfermedad y con una crisis económica brutal en el horizonte.
Eugenio-Jesús de Ávila
Empírico. Los hombres y las mujeres nos forjamos en la niñez. Rilke escribió que su patria era su infancia. Los infantes se socializan jugando a deportes, fútbol, baloncesto, balonmano, etc, y a juegos como el rescate, la tula, la piola, las vistas, las chapas. Pero en esas etapas pueriles hubo gente que no jugó con otros, que no compartió nada, ni tan si quiera un libro, que no hizo amigos, que careció de pandilla. Crecieron sin aprender en la escuela de la calle que el individuo no es nadie sin otros prójimos. Ahora, en este Estado de Alarma descubrimos a personas que se ríen, de carcajean, se mofan de los que cumplimos con órdenes superiores, y salen a la calle, porque, según propia confesión, se aburren. Encuentran cualquier excusa para hacer lo que les sale de sus testículos u ovarios. Convencido estoy que la gran mayoría de los varones y hembras que detienen la policía no se socializaron en sus etapas infantiles.
Reconozco que, en mis años infantiles, jugué a todo, que tuve numerosos amigos, con los que me divertí en partidos de fútbol, incluso nos federamos, en el Club Royal; lo pasé de maravilla con las chapas, peones, vistas. Después, con aquellos amigos de la primera etapa de la vida, que todavía conservo, compartimos ideas, literatura, discos, y salimos a ligar chicas. Aprendí a ser solidario.
Ahora, la gente con menos, digamos, 30 años, creció con móviles en las manos y ordenadores en casa. No necesitaron a otros niños y adolescentes para jugar, pasarlo bien, correr, hablar. Recuerdo que hace un par de veranos, me hallaba sentado en una terraza de la Plaza Mayor, con dos amigos del alma. Y observé que, en otra mesa, situada a unos cuatro metros de nuestra ubicación, cuatro jóvenes, entre 18 y 22 años, no hablaban entre ellas, sino que se divertían cada cual con el móvil correspondiente. Aluciné.
Esa generación protagonizará la vida de nuestra nación en los próximos años. Hombres y mujeres que no jugaron, que no se socializaron, que solo piensan en sí mismos, que el otro es el enemigo, que ignoran lo que es la amistad, la cooperación. Gente que no sabe compartir, ayudar ni colaborar. Hablo de esas personas, que van de listas, que se saltan los semáforos en rojo, que se cuelan en la filas de teatros, cines y espectáculos deportivos. Estos personajes son virus sociales, que, en la vida cotidiana, ignoramos, pero están ahí, al acecho, descojonándose de los solidarios, filántropos y altruistas, de los que respetamos al prójimo, de los que obedecemos las leyes y las órdenes de cualquier Gobierno, máxime cuando una nación se encuentra en peligro por una enfermedad y con una crisis económica brutal en el horizonte.
Eugenio-Jesús de Ávila

















Un admirador | Viernes, 20 de Marzo de 2020 a las 18:09:55 horas
Mis hijos jugaron al tenis en la escuela de Zamora, hicieron pandilla, hasta tenían una peña futbolística o futbolera, no sé, e iban con un bombo al "Ruta"; todavía conservan a los que eran sanos. Se fueron a la universidad y germinaron otra pandilla en la que ahora empiezan las despedidas de soltero y las bodas. Hablan a diario por las redes si, pero en cuanto tiene una oportunidad se abrazan. Este parón también les ha truncado la ocasión de cargar con algún paso y abrazarse... No sé si he tenido suerte, pero mis hijos también jugaron en la calle, menos que nosotros, pero jugaron (menudos pelotazos pegaban en la Plaza del Maestro a las farolas). A ver los nietos....cuando vengan...que parece que tardarán un poco bastante. Un abrazo.
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