Eugenio de Ávila
Sábado, 21 de Marzo de 2020
COVID 19

Diario del Estado de Alarma: lo que va de un sábado a otro

[Img #36565]Mañana triste, se diría otoñal, la de este 21 de marzo de este desgraciado año 2020. Salgo para mi oficina sobre las 10.30 horas. Menos gente aún que otros días. Quizá los amorales han cogido miedo al escuchar las advertencias de Marlaska con los insolidarios. Atravieso la plaza del Cuartel Viejo. Filas en la calle para entrar al supermercado de Covirán. Los clientes guardan una separación de más de metro y medio. Cuando una persona ha realizado sus compras, abandona el lugar y entra otra. Perfecto.

Atravieso la plaza de San Esteban. Me acompañan trinos de numerosas avecillas y el sonido de mis pasos. Cuando la vida era otra, solo escuchaba el ruido de los vehículos y murmullos de los transeúntes. Prefiero escuchar a los pájaros. Parece que me hallo en cualquier bosque de nuestra provincia. Incluso vi un ejemplar de especie desconocida, porque no soy ornitólogo. Negro, grande, más que el clásico gorrión, mi pájaro favorito, que se llevaba una gruesa miga de pan.

Sin más cosas dignas de contar, entré en la Plaza Mayor por Mariano Benlliure. Dos personas la pisaban. Edad media. Accedí a mi oficina. Escasa información nacional a través del correo electrónico, principal fuentes de noticias durante estos días. La Junta de Castilla y León es la institución más dinámica durante este Estado de Alarma.

Sobre las doce la mañana, me llama una profesional de la Medicina. Sus primeras palabras se sucedieron, más o menos, de esta manera: “¿Quieres que te amargue la mañana?”. Le respondí: “¿Deseo que me des información fresca; por lo tanto, te escucho?” Y me comentó que la UVI del Virgen de la Concha está llena, que pasan a los enfermos a Reanimación, que las tres plantas del hospital, dedicadas para atender enfermos del coronavirus se hallan completas; que no está llegando material nuevo, que tiran con lo que tenían; que está enseñando a reciclar mascarillas. Y mi amiga reflexionó sobre esa escasez de materiales en el clínico: “Ayer, salí por primera vez a realizar la compra. Comprobé que todo el mundo con el que me crucé en la calle y en el supermercado iba con guantes. Y en el Banco, también me comentó mi hermano que trabajaban con mascarillas y guantes. Con ello, no conseguimos nada, porque con los mismos ejemplares tocan dinero, tarjetas, etc. Y, además, ignoran como cambiarlos”.

Me pongo en contacto con un doctor, amigo mío desde la juventud. Por whatsapp, le preguntó cómo se encuentra, y me responde: “Estamos trabajado en condiciones muy limitadas en mi Centro de Salud. Conmigo somos cuatro médicos y también un enfermero, y otro doctor posible. El problema radica en que no se advirtió, en su debido momento, en que había contagio. Esta pandemia está muy complicada. Y no sé qué sucederá si caemos enfermos los profesionales de la Sanidad”. También le pregunté por si salen a los pueblos. Su respuesta fue rotunda: “No, no vamos. Desde el centro atendemos consultas telefónicas, intentando resolver el problema por esa vía. Si hay que asistir a algún enfermo, tenemos que aislarnos, protegernos y verlo a distancia, si sospechas que es positivo. El problema radica en qué hacer son esa persona contagiada. Si no es mucho el problema, se le deja en casa, sino se halla muy afectado se le traslada al hospital. Hay mucha gente mayor que vive sola. Además, en el clínico se encuentran desbordados, el grave problema que debemos resolver ahora”.

Me conmocionaron las respuestas de enfermera y doctor en Medicina. Mientras, el Gobierno parece que ha tomado medidas para evitar que los desaprensivos, caraduras, asociales transiten por la calle como si fueran una elite, una clase superior. El Ejército ya está en Zamora, cooperando con la Policía Nacional y la Municipal en esta tarea tan esencial.

Como colofón. Hace hoy ocho días, el sábado14 de marzo, después de salir del periódico, en una terraza cercana al Mercado de Abastos, me tomaba con mi amigo Pedro Ladoire unas rabas y un vino verdejo. Allí también estaban sentadas las jugadoras de Quesos el Pastor, y pasó, en dirección a su casa, una íntima amiga del que esto firma. Apenas hablamos del coronavirus, porque el Gobierno no le había dado gran importancia, aun sabiendo las consecuencias que podría acarrear, sino de su trabajo y el mío. Hoy, esa bella mujer se haya recluida en su casa, y un servidor escribiendo en mi oficina, tratando de informarles en estos días, más propios de película de ciencia ficción que de vivir una estruendosa realidad. Lo que temo es que el próximo sábado, 28 de marzo, todavía sigamos confinados y lamentemos que haya más muertos y más contagiados. Estamos escribiendo una de las páginas más dramáticas de nuestra historia.

Eugenio-Jesús de Ávila

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