Redacción
Lunes, 23 de Marzo de 2020
OPINIÓN

El año que vivimos peligrosamente

Óscar de Prada López

[Img #36612]Decía Mafalda que el drama de todos los presidentes es que, si se ponen a resolver los problemas de estado, no les queda tiempo para gobernar. Ésa es la excusa en la que se escudará Sánchez el día de mañana para su “Manual de resistencia II”, una vez capeado el virulento y vírico temporal. Hablando de inclemencias, resulta curioso cómo este Gobierno declaró abiertamente su lucha contra el cambio climático y tardó tanto en actuar contra la emergencia sanitaria. La falta de precedentes evidencia la falta de iniciativa, presupuesta en quienes detentan el poder.

 

En 83 días que llevamos de 2020, hemos visto cómo salía -por dos ínfimos votos- el primer Ejecutivo de coalición progre de nuestra historia reciente. Esa pírrica victoria no auguraba un régimen fuerte y unido, viendo cómo mendigaron apoyos a quienes nunca pensaron en rogar. Como señaló el Rey de forma profética a Sánchez en su toma de posesión: “Ha sido rápido, simple y sin dolor; el dolor vendrá después”. Y a fe que tiene visos de ser ya para todos, sin haber llegado al ecuador estival, un annus horribilis.

 

También hemos visto un escándalo ministerial, con tintes de culebrón venezolano, en la terminal VIP de Barajas. Se ha hecho una declaración oficial de emergencia climática, con medidas “prioritarias” que a buen seguro acabarán pospuestas por la inmediatez agobiante del Covid-19. Hemos apreciado diferencias palpables y roces de consideración entre los alfas de PSOE y Podemos, por asuntos como la ley del “sólo sí es sí”. Cada cual, segando la hierba bajo los pies del contrario mientras sonríe de cara a la galería. Nada nuevo -ni bueno- bajo el sol. El cainismo, tan nuestro y tan indeseable.

 

Todo esto, unido a lo que dejo en el tintero, confirma que este proyecto de Gobierno era más ilusorio que ilusionante y menos emocionante que decepcionante. El coronavirus vendría a darle la puntilla, algo de agradecer si no fuera porque también ha dado la puntilla a muchas otras cosas: el MWC de Barcelona, las Fallas, las procesiones de Semana Santa, las clases presenciales, los cierres de negocios, el cese de las competiciones deportivas a nivel global, el aplazamiento de eventos… Si de aquellos polvos vinieron estos lodos, el despropósito sanchista ha de ser al cabo un barrizal caótico. El CIS de Tezanos deberá realizar una obra magna de ingeniería para no reflejar el crédito perdido, en términos de confianza.

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