COSAS MÍAS
El coronavirus debería ser la catarsis política y social de España
Olvídese. El mundo que ha conocido, la sociedad que lo ha habitado, la política, el periodismo, todo, será distinto después de la pandemia. Y si mantenemos idéntica escala de valores, mismas prioridades y objetivos, nunca jamás construiremos una sociedad justa, libre y avanzada. Regresará la mentira a presidir las relaciones entre el político y el pueblo. Triunfará el mal. Vencerán el canalla, el felón y el hipócrita. Se desterrarán al fiel, al serio, al firme.
Para nuestra desgracia, el coronavirus habrá acabado con muchas vidas, traído enorme tristeza a mucha familias, tremendos esfuerzos a profesionales de la Sanidad, fuerzas del orden público, Ejército, trabajadores de grandes superficies y servidores del Estado, y arruinado el modus vivendi de incontables autónomos, pequeños empresarios y trabajadores. Pero también provocará una catarsis política, social y económica que construya un Hombre nuevo, que imponga la ley de la verdad, que siembre la política de rigor y sensatez; el periodismo de certezas y veracidad; que invierta en ciencia y tecnología, que procuré una alta educación para los hijos y los jóvenes de todas las clases sociales y una Sanidad que alcancé a la última pareja de ancianitos de Sayago, Aliste y Sanabria, y una Justicia libre de ataduras y presiones políticas, que premie a los magistrados honrados y eruditos en Derecho; una Ley Electoral justa; partidos democráticos, que no sean hijos de los totalitarismos del siglo XX, y aparte de la legalidad a las formaciones que se declaren enemigas de la nación española.
Quizá esta pandemia, ese es mi anhelo, mi deseo y mi sueño, elimine todos los vicios de nuestra sociedad, en quiebra moral, donde el individualismo egoísta ha primado por encima de las prioridades colectivas; elimine toda política de amiguismo, corrupción y sectaria; se separe la memoria individual de cada quisque de la historia, basada en documentos y hechos avalados por la ciencia y condene al ostracismo a todo aquel que se subió en el corcel de la res pública para cabalgar hacia el enriquecimiento personal, el negocio y lucro.
Abogo por una sociedad en la que retribuya el esfuerzo, el trabajo, el talento y la inteligencia; que la igualdad de oportunidades y el respeto al prójimo, sea cual fuera su procedencia, su raza y su clase social, sea una realidad, nunca un papel, y que se condene al ostracismo la vagancia, el nepotismo y la delincuencia. Una sociedad, en definitiva, de derechos, pero también deberes.
Quizá, a la postre, nuestro futuro como sociedad más libre y justa, se lo debamos a un error en el laboratorio de científicos de la China comunista. Una paradoja política.
Eugenio-Jesús de Ávila
Olvídese. El mundo que ha conocido, la sociedad que lo ha habitado, la política, el periodismo, todo, será distinto después de la pandemia. Y si mantenemos idéntica escala de valores, mismas prioridades y objetivos, nunca jamás construiremos una sociedad justa, libre y avanzada. Regresará la mentira a presidir las relaciones entre el político y el pueblo. Triunfará el mal. Vencerán el canalla, el felón y el hipócrita. Se desterrarán al fiel, al serio, al firme.
Para nuestra desgracia, el coronavirus habrá acabado con muchas vidas, traído enorme tristeza a mucha familias, tremendos esfuerzos a profesionales de la Sanidad, fuerzas del orden público, Ejército, trabajadores de grandes superficies y servidores del Estado, y arruinado el modus vivendi de incontables autónomos, pequeños empresarios y trabajadores. Pero también provocará una catarsis política, social y económica que construya un Hombre nuevo, que imponga la ley de la verdad, que siembre la política de rigor y sensatez; el periodismo de certezas y veracidad; que invierta en ciencia y tecnología, que procuré una alta educación para los hijos y los jóvenes de todas las clases sociales y una Sanidad que alcancé a la última pareja de ancianitos de Sayago, Aliste y Sanabria, y una Justicia libre de ataduras y presiones políticas, que premie a los magistrados honrados y eruditos en Derecho; una Ley Electoral justa; partidos democráticos, que no sean hijos de los totalitarismos del siglo XX, y aparte de la legalidad a las formaciones que se declaren enemigas de la nación española.
Quizá esta pandemia, ese es mi anhelo, mi deseo y mi sueño, elimine todos los vicios de nuestra sociedad, en quiebra moral, donde el individualismo egoísta ha primado por encima de las prioridades colectivas; elimine toda política de amiguismo, corrupción y sectaria; se separe la memoria individual de cada quisque de la historia, basada en documentos y hechos avalados por la ciencia y condene al ostracismo a todo aquel que se subió en el corcel de la res pública para cabalgar hacia el enriquecimiento personal, el negocio y lucro.
Abogo por una sociedad en la que retribuya el esfuerzo, el trabajo, el talento y la inteligencia; que la igualdad de oportunidades y el respeto al prójimo, sea cual fuera su procedencia, su raza y su clase social, sea una realidad, nunca un papel, y que se condene al ostracismo la vagancia, el nepotismo y la delincuencia. Una sociedad, en definitiva, de derechos, pero también deberes.
Quizá, a la postre, nuestro futuro como sociedad más libre y justa, se lo debamos a un error en el laboratorio de científicos de la China comunista. Una paradoja política.
Eugenio-Jesús de Ávila





















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