Eugenio de Ávila
Sábado, 04 de Abril de 2020
AUTE

Y sé que no volveré a verte... jamás

Sentimientos ante la muerte de Luis Eduardo Aute

[Img #37203]No, no eran las cuatro y diez, ni estaba viendo una película de James Dean tirando piedras a una casa blanca, cuando se me anunciaba que había muerto él, que poeta que compartí con mujeres a las que amé. No había vuelto a saber nada de este genio de la música, de la poesía, que también fue cineasta y pintor. Pero siempre volvía a sus canciones, con cierta asiduidad, cuando necesitaba inyectarme belleza, sensibilidad, ternura y verdad.

Aute llegó a mi vida cuando todavía un servidor lucía larga melena castaña oscura, barba clara y guardaba en mi alma joven todas las utopías. Él, Serrat y Llach, después un traidor nacionalista y racista, compusieron mi trío de autores que me ayudaron a crecer en libertad, en amor, en cultura. Con el paso del tiempo, Joan Manuel, el “noi del Poble Sec”, perdió presencia intelectual en mis preferencias, y el autor de “Campanades a morts” pasó a ser un error de juventud, de mi acracia adolescente. Solo mantuve el aprecio artístico por el poeta filipino.

Hice proselitismo de sus canciones con una de las féminas que más se acercó a mi corazón, que lloraba lágrimas de pasión cuando escuchaba “De alguna manera…tendré que olvidarte”. Porque sabía que la olvidaría, porque no podía seguir siendo amante, tan joven, de un hombre casado, tan atractivo. Todavía hoy, cuando nos encontramos por casualidad, me recuerda la música de Aute.

Hoy, he pasado de comentarle su muerte a la que mujer que ocupó una etapa de mi vida, porque el pasado nunca regresa y hay que dejarlo en el cenotafio del tiempo. Pero he pensado en la canción “Sin tu latido” y ese verso que dice “qué terriblemente absurdo es estar vivo sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido”. Sí, amigos, me parece absurdo vivir confinado, vivir en este Estado de Alerta, vivir sin acariciar a la dama que amas, sin mimarla, sin comerle los lóbulos de sus orejas, sin mirarla de cerca, sin extasiarme ante sus ojos, sin hacerle el amor y alcanzar el nirvana.

Ahora, hablo de amor con las paredes, con mis libros, con mis fotografías, mientras escucho a Luis Eduardo, que fue y ya no es, pero ha quedado en la mejor alcoba de mi alma. Todas sus letras me obligan a la reflexión, verbigracia: “Aunque todo ya es nada, no sé por qué huyes y te escondes de mi encuentro, por saber de tu vida no creo que vulnere ningún mandamiento. Tan terrible es el odio que ni te atreves a mostrarme tu desprecio. Pero no me hagas caso, lo que me pasa es que este mundo no lo entiendo”.

No-lo confieso-, este mundo no lo entiendo. Ni sé por qué estoy aquí, ni por qué siempre sentí dulce deleite, un placer intenso en criticar al poder; ni si ya estoy de más o de menos, si vivo por inercia o me mantengo joven porque amor a una mujer hermosa, buena, femenina y culta. Sé que, escuchado a Aute, sentí escalofríos en mi alma, como si mi espíritu intentase romper la cáscara de mi carne para salir y amar más y más. Sí, la música de Luis Eduardo me convirtió en un hombre más serio, más sensible y más lírico. Con Aute amé con más intensidad, dejé que el volcán de mi alma expulsase toda la lava de pasión que guardaba en el fondo de mi esencia. Apenas nada más. El 4 de abril de 2020, mientras informaba sobre la pandemia, supe que se me había muerto Luis Eduardo Aute, el poeta del amor triste, de la melancolía; del músico que me condujo al éxtasis espiritual con sus letras. “Y sé que no podré volver a verte…jamás”. Hoy se ha muerto un poeta. Le guardaré luto. “no hacías preguntas, no querías respuestas, tú cuerpo y el mío dialogaban a tientas”. El amor es belleza y la belleza, amor. Aute era belleza, amor, sensibilidad, vida. Y, mientras viva, lo seguiré escuchando cuando necesite una razón para vivir. "Quiéreme, ahora, que llegó el final".

 

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