RES PÚBLICA
Un Gobierno de propaganda para una nación que necesita gestores: urge luz y vida
Urge un Pacto del Coronavirus, como aconteció en 1977 con los Pactos de La Moncloa, pero Pedro Sánchez no es Adolfo Suárez, ni Pablo Iglesias es ni Carrillo ni Felipe González ni Fraga.
![[Img #37206]](http://eldiadezamora.es/upload/images/04_2020/5979_jose-luis.jpg)
¿Pedagogía o propaganda? Se preguntaba Pablo Iglesias, nuestro Lenin de bolsillo, el de la dacha burguesa, a sí mismo no ha mucho tiempo. Y se respondía: ¡Propaganda! Por supuesto. Después ya tomaríamos el Ministerio de Educación. No miente el líder de Unidas Podemos. Dice lo que piensa, aunque no piensa lo que dice. Canta sus movimientos. Jamás sería Capablanca, ni tan siquiera Arturito Pomar. Un jugador de ajedrez al que se le podría dar el jaque pastor.
Como lo suyo es la propaganda, ha querido gestionar esta pandemia con verborrea, con demagogia, con frases bonitas para el pueblo, para la gente, material que él, utiliza para construir su sociedad perfecta, su paraíso en la tierra, pero, claro está, ocupando la jerarquía estática del Estado.
La clave de la pandemia hállase entre los días 7 y 14 de marzo. Si el Gobierno hubiera prohibido, porque lo sabía, la manifestación feminista, el mitin de Vox, otros descerebrados; los espectáculos deportivos y de todo tipo, y ordenado un Estado de Alarma, España no habría perdido 11.000 personas ni percibiríamos en el horizonte una pandemia económica.
Toda la casta política española, más la secesionista, la más radical de Europa, racista y estalinista, es rea de este contagio masivo del pueblo español. Por su puesto, la mayor responsabilidad recae en el Gobierno, que, con numerosos errores, desde los falsos test, hasta afirmar, por boca de su responsable técnico en Medicina, el ínclito Fernando Simón, que España apenas sería tocada por el coronavirus. Verbigracia: día 2 de marzo, cuando ya Italia entraba en cuarentena: “No debería ser un problema grave celebrar eventos multitudinarios. Suspender actos supondría que el virus circula sin control por nuestro país. Es una situación que hay que valorar con cuidado y aplicar si va a tener un efecto real o no. Hay medidas que a veces son más efectistas que efectivas". Después, cometió otros errores. Por ejemplo, el 4 de marzo, cuando Italia ya había cerrado sus colegios, se le cuestionó al epidemiólogo aragonés si se imitaría al país trasalpino. Esta fue su respuesta: “Cerrar colegios no reduciría riesgos, sino que los aumentaría". Rioja y la comunidad de Madrid ya habían cerrado los suyos. Las autonomías se habían adelantado al Gobierno de la propaganda.
Si el inquilino de La Moncloa fuese un hombre de Estado, un político con fuste, con garra, que pensase más en España que en su futuro político, remedaría a Adolfo Suárez y convocaría a los principales líderes a la oposición para, entre todos, encontrar una salida al laberinto de la pandemia económica que se anuncia. Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo y Manuel Fraga -cuánto se les echa de menos- alcanzaron los acuerdos políticos necesarios a una situación económica muy dura, pero no tanto como la que podría arrasar España una vez derrotado el coronavirus. Se pensó en patria, se reflexionó sobre la nación se quiso poner a salvo la democracia, todavía en 1977, recién nacida. Aquellos eran políticos, no demagogos baratos, mercachifles, badulaques. Ahora, hasta el Parlamento permanece cerrado, como los cerebros de los líderes de PSOE y Unidas Podemos.
Reitero la profecía de Engels, realizada casi al final de su vida,en los últimos años del siglo XIX: “En el futuro pasaremos del gobierno de los hombres a la gestión de las cosas”. Sí, gestión del Estado, no propaganda barata de dos políticos que desconocen lo que es el mundo empresarial y trabajar para una empresa privada. Ni puta idea de nada.
Eso sí, agradezco a Pedro Sánchez sus sermones de sobremesa, porque ya no necesito sintonizar el segundo canal de televisión para dormir una plácida siesta. ¡Qué pelma! ¡Cuánto más habla más nos adormece!
Cierro con Fernando Simón, la Pitia del Gobierno, que el 31 de enero afirmaba: “Parece que la epidemia tiene posibilidades de empezar a remitir. Nosotros creemos que España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado. Esperemos que no haya transmisión local. Si la hay, será transmisión muy limitada y muy controlada”. Profeta.
El Gobierno de Corea del Sur es de centro izquierda. No es cuestión, reitero, de ideologías, si no de saber gestionar. Y este Gobierno solo sabe hacer propaganda. Un ejecutivo que necesita luz y vida, como la procesión que debió desfilar este Sábado de Dolores, creada para rendir memoria a los muertos que crearon nuestra Semana Santa.
Y ahora, como corolario, una comparanza entre Corea del Sur y España y la gestión de la pandemia. Al loro:
España tiene 47 millones de habitantes; Corea del Sur, 51.
Infectados el 7 de marzo:
España: 500.
Corea del Sur: 7.041.
Infectados el 2 de abril.
España: 112.065.
Corea del Sur: 9.976.
Fallecidos el 2 de abril.
España: 10.348
Corea del Sur: 169
Distribución de mascarillas entre la población: En España, no; en Corea del Sur, sí, dos por persona y semana.
![[Img #37206]](http://eldiadezamora.es/upload/images/04_2020/5979_jose-luis.jpg)
¿Pedagogía o propaganda? Se preguntaba Pablo Iglesias, nuestro Lenin de bolsillo, el de la dacha burguesa, a sí mismo no ha mucho tiempo. Y se respondía: ¡Propaganda! Por supuesto. Después ya tomaríamos el Ministerio de Educación. No miente el líder de Unidas Podemos. Dice lo que piensa, aunque no piensa lo que dice. Canta sus movimientos. Jamás sería Capablanca, ni tan siquiera Arturito Pomar. Un jugador de ajedrez al que se le podría dar el jaque pastor.
Como lo suyo es la propaganda, ha querido gestionar esta pandemia con verborrea, con demagogia, con frases bonitas para el pueblo, para la gente, material que él, utiliza para construir su sociedad perfecta, su paraíso en la tierra, pero, claro está, ocupando la jerarquía estática del Estado.
La clave de la pandemia hállase entre los días 7 y 14 de marzo. Si el Gobierno hubiera prohibido, porque lo sabía, la manifestación feminista, el mitin de Vox, otros descerebrados; los espectáculos deportivos y de todo tipo, y ordenado un Estado de Alarma, España no habría perdido 11.000 personas ni percibiríamos en el horizonte una pandemia económica.
Toda la casta política española, más la secesionista, la más radical de Europa, racista y estalinista, es rea de este contagio masivo del pueblo español. Por su puesto, la mayor responsabilidad recae en el Gobierno, que, con numerosos errores, desde los falsos test, hasta afirmar, por boca de su responsable técnico en Medicina, el ínclito Fernando Simón, que España apenas sería tocada por el coronavirus. Verbigracia: día 2 de marzo, cuando ya Italia entraba en cuarentena: “No debería ser un problema grave celebrar eventos multitudinarios. Suspender actos supondría que el virus circula sin control por nuestro país. Es una situación que hay que valorar con cuidado y aplicar si va a tener un efecto real o no. Hay medidas que a veces son más efectistas que efectivas". Después, cometió otros errores. Por ejemplo, el 4 de marzo, cuando Italia ya había cerrado sus colegios, se le cuestionó al epidemiólogo aragonés si se imitaría al país trasalpino. Esta fue su respuesta: “Cerrar colegios no reduciría riesgos, sino que los aumentaría". Rioja y la comunidad de Madrid ya habían cerrado los suyos. Las autonomías se habían adelantado al Gobierno de la propaganda.
Si el inquilino de La Moncloa fuese un hombre de Estado, un político con fuste, con garra, que pensase más en España que en su futuro político, remedaría a Adolfo Suárez y convocaría a los principales líderes a la oposición para, entre todos, encontrar una salida al laberinto de la pandemia económica que se anuncia. Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo y Manuel Fraga -cuánto se les echa de menos- alcanzaron los acuerdos políticos necesarios a una situación económica muy dura, pero no tanto como la que podría arrasar España una vez derrotado el coronavirus. Se pensó en patria, se reflexionó sobre la nación se quiso poner a salvo la democracia, todavía en 1977, recién nacida. Aquellos eran políticos, no demagogos baratos, mercachifles, badulaques. Ahora, hasta el Parlamento permanece cerrado, como los cerebros de los líderes de PSOE y Unidas Podemos.
Reitero la profecía de Engels, realizada casi al final de su vida,en los últimos años del siglo XIX: “En el futuro pasaremos del gobierno de los hombres a la gestión de las cosas”. Sí, gestión del Estado, no propaganda barata de dos políticos que desconocen lo que es el mundo empresarial y trabajar para una empresa privada. Ni puta idea de nada.
Eso sí, agradezco a Pedro Sánchez sus sermones de sobremesa, porque ya no necesito sintonizar el segundo canal de televisión para dormir una plácida siesta. ¡Qué pelma! ¡Cuánto más habla más nos adormece!
Cierro con Fernando Simón, la Pitia del Gobierno, que el 31 de enero afirmaba: “Parece que la epidemia tiene posibilidades de empezar a remitir. Nosotros creemos que España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado. Esperemos que no haya transmisión local. Si la hay, será transmisión muy limitada y muy controlada”. Profeta.
El Gobierno de Corea del Sur es de centro izquierda. No es cuestión, reitero, de ideologías, si no de saber gestionar. Y este Gobierno solo sabe hacer propaganda. Un ejecutivo que necesita luz y vida, como la procesión que debió desfilar este Sábado de Dolores, creada para rendir memoria a los muertos que crearon nuestra Semana Santa.
Y ahora, como corolario, una comparanza entre Corea del Sur y España y la gestión de la pandemia. Al loro:
España tiene 47 millones de habitantes; Corea del Sur, 51.
Infectados el 7 de marzo:
España: 500.
Corea del Sur: 7.041.
Infectados el 2 de abril.
España: 112.065.
Corea del Sur: 9.976.
Fallecidos el 2 de abril.
España: 10.348
Corea del Sur: 169
Distribución de mascarillas entre la población: En España, no; en Corea del Sur, sí, dos por persona y semana.




















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