Eugenio de Ávila
Lunes, 06 de Abril de 2020
COVID 19

Reflexiones sobre la Pandemia un Lunes Santo

[Img #37277]Lunes Santo en Zamora. Día gris. La ciudad de luto. Un tímido sol, como si tuviera miedo a contagiarse, rompe alguna que otra nube cuando la mañana se acerca al mediodía. Veo pasar un coche de la Policía Municipal. A primera hora, me felicitó nuestro cartero por un artículo en el que loaba la labor del personal sanitario del Centro de Salud Santa Elena. Se agradece. Pero solo cumplo con los sentimientos que fabrica mi alma.

No tengo ganas de nada. Hablo por teléfono con una gran amiga que trabaja en el Virgen de la Concha. Me transmite, como si se tratase de una locutora de radio, un panorama de muerte y enfermedad, de exposición al coronavirus de tantas profesionales que, día a día, durante horas, ejercen su labor extraordinaria en ese hospital. Además, el Jueves y el Viernes Santo deberán acudir al curro. No tienen tiempo ni para descansar.

Me temo que la Medicina todavía desconoce cómo derrotar a este enemigo despiadado, que los infectados se salvan merced a la propia resistencia del respectivo organismo. “Estamos ante el primer desafío de la Humanidad a la selección natural”. El aserto corresponde a Eudald Carbonell, antropólogo e historiador, co-director de los yacimientos de la sierra de Atapuerca y vicepresidente de la Fundación de ese mismo nombre.

Hace nueve meses, contaba a “Agora”, Diario del Agua, que se avecinaba un colapso porque “nuestra conciencia de especie no está socializada”. Y añadía: “Metabolizar la revolución de industrial costó dos guerras mundiales. Para metabolizar la revolución científica, acontecida en los últimos 20 años hará falta un colapso, en forma de hambre, escasez de energía, desestructuración general,…calculo que en Occidente este colapso tardará unas cuantas décadas. Podrían morir 2.000 o 3.000 millones de personas. El mundo ya no será el mismo”.

Duro lo expresado por este intelectual, verdad.  Y reflexiono, como al inicio de la pandemia, en un artículo que podría definirse como boutade de un periodista provinciano. Recuerdo que escribí antaño, ya en pleno confinamiento, que la guerra comercial y tecnológica entre USA y China desencadenó esta infección mundial.  Se trata de tomar el relevo al actual imperio occidental por parte de la súper nación oriental, en la que conviven 56 etnias, con una mayoritaria, la Han. 1.400 millones de habitantes para dominar el orbe en esta centuria.

Si se pregunta el lector qué país está beneficiándose de la pandemia, la respuesta es China, ¿De dónde proceden los materiales sanitarios, test, mascarillas, guantes, batas y ventiladores, que llegan a nuestros aeropuertos? Por su puesto de esa nación asiática. ¿Qué país padecerá, en breve, el mayor número de contagios y de muertos? Los Estados Unidos, donde la  Seguridad Social apenas existe.  

El colapso, del que hablaba Carbonell tiene forma de pandemia. El científico considera que “Avanzamos tan deprisa que nuestro encéfalo no es capaz de absorber y socializar el conocimiento adquirido, por ejemplo, cuando se descubrió el fuego tardó medio millón de años en cuajar en todo el planeta y el teléfono móvil en solo 40 años ha llegado ya a todas partes. Todo se socializa tan rápido que no somos capaces de absorber tanta novedad y eso nos conduce al caos”.

 

Considera el co-director de Atapuerca que el confinamiento derivado del control de la pandemia también afectará a nuestra forma de relacionarnos entre humanos.  De hecho, ya sucede desde hace tiempo, antes de la crisis  del coronavirus. Recuerdo una anécdota que viví en primera persona hace unos cuatro años, una tarde de verano, sentado con dos amigos en una terraza de la Plaza Mayor. A cuatro metros de donde nos hallábamos, cuatro niñas, en edades comprendidas entre los 18 y 22 años, sentadas en torno a una mesa, se dedicaban a utilizar su móvil, sin intercambiar palabra entre ellas. Increíbles. El contacto físico y el emocional se convertirán en virtuales.

Eudald Carbonell cree que nos falta conciencia crítica lo que nos ha conducido a la “paletización de la especie”, además  el proceso de globalización ha tratado de homogeneizar a toda la humanidad, privándola de diversidad cultural, social y colaborativa”.

Otra cuestión que aborda el intelectual español radica en las estructuras del poder que son “gigantes con pies de barro, pensadas desde la economía y la geopolítica y no desde la socialización del pensamiento y el conocimiento. Y esto no favorece la adaptación del hombre al planeta”.

He creído oportuno dar a conocer reflexiones de un científico para que el lector se sitúe en este momento histórico para la humanidad. No se trata de una reflexión de un veterano periodista zamorano, que hoy recuerda que es Lunes Santos y dos cofradías protagonizaban la vida ciudadana, el espectáculo de la Pasión en Zamora, la de Jesús en Su Tercera Caída y la de la Buena Muerte. Nunca ha sido tan estúpida la muerte, jamás la gente se murió con tanta soledad, sin un adiós de su familia, sin un beso en la frente, sin una lágrima que mojase sus labios yertos.

 

 

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