Francisco Iglesias Carreño
Martes, 07 de Abril de 2020
SEMANA SANTA

Catequesis del día de Ramos

[Img #37315]“Jesús, que triunfante entro, domingo en Jerusalén, por Mesías le aclamo, y todo el pueblo en tropel, a recibirlo salió”, así comenzaba el domingo de Ramos en un barrio extramuros de la ciudad leonesa de Zamora, en nuestra casa, la de Paco, mi padre, el herrero de San Lázaro, y lo hacía en la voz de mi madre Cristina, natural de Fresno de la Ribera, quien desgranaba, de memoria , todos los versos de la Pasión ante la sorprendida audiencia que formábamos mi hermana Manolita y yo. Después, con el tiempo que hubo de llegar, lo hizo igualmente ante mi mujer Carmen y ante mi cuñado Miguel, y ante, claro está, sus muy queridos ocho nietos. Ella nos dejó en el año 2008 -.- un día para nosotros siempre enmarcado,  tanto por su óbito, como por ser la onomástica de mi bisabuelo Ildefonso, que parece ser tuvo que ver en el aprendizaje de esta catequesis de resurrección-.-.pero  eso que ella hacía ha quedado en la herencia familiar y lo volvemos a entonar año tras año. Este de 2020, lo ha grabado estupendamente mi hijo Fran, y lo ha distribuido, vía WhatsApp, por aquello de la cuarentena, hacia todos los lugares, diferentes y lejanos, en que sus hermanos y primos carnales se encuentran.

Ahora la Semana Santa está dejando escondida esa acción directa de la trasmisión oral, que pasaba de padres a hijos, que viene del tiempo anterior y que fundamentaba  la base umbral de tal acontecer en la primavera en los niños y niñas. Ese pasar el legado madurado de la identidad, ¡la ancestral identidad!, se hacia dentro de las familias y por ello las primeras catequesis verdaderas tenían lugar en su entorno antes, ¡incluso mucho antes!, de ir a los respectivos templos parroquiales a las instrucciones pre-sacramentales. La familia cristiano católica actuó siempre de coadyuvadora en la formación religiosa de la infancia en la Diócesis de Zamora {ese territorio asturiano/leonés que fue inaugurado por nuestro Patrón San Atilano en los tiempos del Rey Asturiano Alfonso III El Magno-. –el que repobló Zamora dando instrucciones al Conde Odario-.-}.

La procesión del Domingo de Ramos de la Semana Santa de Zamora nos gusta y ello es así por diferentes motivaciones, donde los niños y niñas y sus familiares acompañantes juegan un centro primordial.  Yo siempre veo, ¡aun mentalmente lo veo!, en esta procesión cuando en ella salieron mis hijos (Francisco, Carmen, Félix, Fernando y Cristina) acompañados  unas veces por mi esposa  y siempre por  Carmen su abuela materna {natural de Villamayor de Campos}. Esa acción de catequesis tan exteriorizante, con la Semana Santa de Zamora y por la Semana Santa de Zamora, en la calle, es una instrucción, en la religiosidad popular, que permanece en el tiempo, ligada umbilicalmente, a lo largo de la vida de todos los zamoranos, manteniéndolos asidos en la distancia..

“Con una pena aquel gozo, aquel triunfar, con tristeza, porque el pueblo soberbioso quitarle la vida intenta, al que antes fue victorioso.”. Así seguían los cánticos maternos de la Semana Santa que absorbíamos magnetofónicamente allí, en nuestra antigua casa (de la bisabuela Andrea Crespo-.- de Losilla de Alba-.- y de los abuelos Paulino y Jacinta) de la Calle Larga del barrio de  San Lázaro, a muy escasos metros del bosque de Valorio, y que nuestra Madre Cristina cantaba con una entonación propia muy particular, manejando la escala de frecuencias sonoras,  y con amplia desenvoltura. Ella nos decía siempre, en esto de las narraciones sobre la Semana Santa y en otras situaciones festivas, que venía  de sus padres Félix Carreño Salgado (de Fresno de la Ribera) y Bernarda Luengo Espinosa (esta de El Perdigón del Vino) y de su abuelo Ildefonso, en lo que nos remacha la cadencia de las sagas familiares en la trasmisión de la herencia identitaria y la constatación de las raíces en los hechos diferenciales regionales. Aquí ya estamos hablando y manejado cinco generaciones en un proseguir de nuestra memoria {tal situación se puede columbrar con el magnífico trabajo/libro realizado por mi compañero,  el profesor  Vidales Pérez (D. Cecilio), que lleva por título “Historia de los apellidos  de Fresno de la Ribera”}

“Con muchos ramos y palmas, de jazmines y violetas, las echaban por la tierra. Por donde el Señor pasaba, se abrían todas las puertas”. Sigue la descripción maternal cantada del hecho impactante de la Pasión de Nº. Sº. Jesucristo. La trasmisión oral de la Semana Santa de Zamora no solo la tenemos por el hecho concreto de esa vivencia próxima en el desarrollo, ¡espectacular desarrollo!, en las calles de la  urbe leonesa de Zamora, del intrincado sistema procesional, es que también, ¡y a mayores!, forma parte de un hacer comunicacional colectivo a lo largo de toda la anualidad zamorana y en cualquiera de los lugares del mundo, ¡sí del mundo!, donde los zamoranos vayamos a parar, haya donde el destino nos sitúe  y la providencia nos depare. En nuestro calendario mental está, ¡siempre lo está!,  donde ubicarnos cuando llegue la Semana Santa (esa semana que ya tiene casi quince días). Y hacemos proyectos y formamos cábalas alrededor de tal espacio temporal, tanto para estar dentro del espacio urbano de la ciudad como para situarnos fuera.{Estábamos varios  compañeros de curso, oriundos de Zamora, en la década de los años sesenta en Zaragoza, cursando nuestra licenciatura, y al acercarse las vacaciones de Semana Santa, allí a 480 km de Zamora, tarareábamos por los pasillos de nuestra Facultad, ante los sorprendidos ojos de nuestros compañeros, la marcha de Thalberg, con la añoranza de poder volver a “la bien cercada”}

“Las calles entapizadas con muchos rasos y telas. Las capas se las quitaban, tirándolas por la tierra, por donde el Señor pasaba”. Decía nuestra Madre Cristina que la Pasión del Señor, formaba parte del hacer escolar  de aquel entonces, hace ya más de un siglo (que conmemoramos con su nacimiento en el año 1916) e igualmente la presencia en los actos litúrgicos de la Iglesia de Fresno de la Ribera [allí a la derecha del Rio Duero, en la proximidad de Marialva y el Monte de la Reina (la Reina María de Molina de Casa Real Leonesa),  frente al Teso de Las Contiendas, que vio la Batalla de Toro-Peleagonzalo en el año 1476]. Tenemos pues que la familia, la escuela y la parroquia, en acción convergente, conformaban el legado trasmitido a los niños y niñas de la histórica Diócesis de Zamora en la Corona Leonesa.

“Fueron muchos los obsequios, y grande el recibimiento de nuestro Padre amoroso. Santo, Santo, Rey del cielo, Santo, repitieron todos”.  La procesión del domingo de ramos en la Semana Santa de Zamora nos atrae sobremanera y nos gusta presenciarla en ese tramo que va desde la Puerta de San Torcuato (con esa sonoridad en eco que le da la irregular urbanización de la Plaza de Alemania) y la Puerta de Santiago (en ese caminar a lo largo de paseo interior que se suele formar en la Avda. Alfonso IX). Ese ruido/alboroto/parloteo de los niños y niñas de la Procesión del Domingo de Ramos nos queda también impreso  junto al ambiente musical de las bandas que acompañan  a La Borriquita. Tales niños y niñas zamoranos han sido en el pasado y son en el presente los continuadores de la memoria, ¡nuestra memoria!,  que viniendo del ayer, es del aquí y del ahora.

Francisco Iglesias Carreño                                                                                                                                     *Miembro de la Tertulia del Cofrade de la ciudad de Zamora

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