DIARIO DE MI ESTADO DE ALARMA
¿Quién nos ha robado el mes de abril, quién nos robará la libertad?
Denunciaba Sabina, tan gran poeta como mal cantante, ha tiempo, que la habían robado el mes de abril. ¡A España y a nuestra pequeña Zamora, donde la vida camina más despacio, nos han robado el cuarto mes del año, la mitad de marzo, desde los Idus, y quizá también el mes de las flores! Y no sabemos quién y por qué. A mí me gusta pensar mal, porque dice el refrán que acertarás. Y ya escribí, cuando empezó la pandemia, que la guerra comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China podría haber causado esta enfermedad vírica. Después he escuchado y leído opiniones e informaciones de eruditos en la materia que reflexionen en este mismo sentido. No somos más que números para el poder, como evidencian los medios de comunicación todos los días, con cifras de fallecidos, de contagiados y, felizmente, de recuperados.
Esta pandemia vírica, que desembocará en otra económica, gigantesca en España, según anuncia el FMI, más si Sánchez sigue, como ocurrió con Largo Caballero desde el año 1932, bolchevizándose y dejando las decisiones esenciales al neocomunista Pablo Iglesias, también ha demostrado la categoría profesional y humana del sector sanitario español, del valor de nuestro Ejército, Policía Nacional, Guardia Civil, Policía Local, los que más arriesgan todos los días, como también todos los empleados que trabajan en el sector de la alimentación. Y, por supuesto, nos muestra también que hay individuos sin escrúpulos, insolidarios, chulos, jetas, que se saltan el Estado de Alarma, porque son gente especial y la ley no va con ellos. En fin. Convencido estoy que esta canalla antes y después del coronavirus destaca en exigencias a ayuntamientos, diputaciones y demás instituciones del Estado. Son personajes asociales y amorales. Leo noticas de detenciones de mujeres celebrando una procesión, de tipos haciendo surf, barbacoas o derrapando en la vía pública.
En fin. Hoy me levanté de una tristeza subida. Hasta mis pestañas pedían lágrimas para saciar su sed de pena. Sé que hay personas que estimo que se hallan tocadas por este confinamiento; buena gente que no sabe qué hacer con la soledad, si ponerla a la mesa cuando llega la hora del almuerzo o echarse la siesta con esa compañía. Después, cuando me asomé al balcón, la lluvia parecía caer sin ganas, lánguida, como si hubiera querido seguir siendo nube. Mientras, las palomas, cada vez más pletóricas, y los gorriones se escondían de la llovizna, algunas féminas regresaban de la compra con sus viandas en bolsas, y los canes y sus dueños aprovechaban un rato de libertad para pisar las calles. Hasta la hierba olía a melancolía hoy, en Zamora, 15 de abril de 2020, el año del coronavirus.
Solo rompió mi aflicción una llamada de Antonio Pedrero, ese genio humilde y sencillo, confinado, sin poder disfrutar de sus tapas en los bares típicos de su ciudad del alma, que me agradecía un artículo que me inspiró, publicado en El Día de Zamora, en el que lo calificaba como “el buen samaritano de la Resurrección”. Antonio me parece tan buena persona, tan natural, que te roba la vanidad que todavía guardamos algunos mediocres como un servidor. Hablar con él te obliga a reflexionar sobre la esencia de la vida.
De reojo, estuve escuchando el debate. Iglesias, gran admirador del chavismo, del que fue asesor, no supo responder a quiénes las acusan de estar preparando la vía española hacia el caos económico venezolano. Mientras el CIS pregunta por la libertad de prensa, cuestión que nadie se atrevió nunca a cuestionar. Se busca silenciar a la prensa crítica y censurar las redes sociales. Vamos hacia un régimen totalitario. Lógico. En Europa no gobierna ningún partido comunista ni fascista, primos hermanos, internacionalismo y patriotismo totalitario. Es más, en Alemania están prohibidos los partidos comunistas y nacionalsocialistas.
Iglesias llegó a confesar sobre el chavismo que es “ejemplo” y “referencia”. Eso lo comentó cuando formaba parte de la oposición, ante de asaltar los cielos del poder. Hace poco, dijo a un periodista de T5 que “no voy a entrar en la dinámica de convertir Venezuela en un asunto de la política española”.
Recordemos: "Creo que es clave que la gente entienda que la comunicación es un derecho, y que si la comunicación es un derecho, no es susceptible de ser mercantilizado, de ser privatizado. El mayor ataque contra la libertad de expresión es que haya medios de comunicación."
Ayer el F.M.I. anunciaba un futuro económico patético para España. En esencia, lo que necesita un neocomunista para aplicar sus recetas totalitarias. Después, se hará el silencio en la prensa. Tiempo para "Iskar·", "Pravda" y "Gramma".
Ahora, entre por mi balcón unos rayos de sol. Llegan con timidez, como si al astro rey se sintiera tímido o tuviera miedo de iluminar una nación que se precipita hacia un régimen político inaprensible e insólito. ¡Cómo pretender que no me ahoga la melancolía esta tarde de otoño en primavera y preguntar si, además del mes de abril, a los españoles nos van a seguir robando la libertad!
Hasta aquí el diario de mi estado de alarma. No va más.
Eugenio-Jesús de Ávila
Denunciaba Sabina, tan gran poeta como mal cantante, ha tiempo, que la habían robado el mes de abril. ¡A España y a nuestra pequeña Zamora, donde la vida camina más despacio, nos han robado el cuarto mes del año, la mitad de marzo, desde los Idus, y quizá también el mes de las flores! Y no sabemos quién y por qué. A mí me gusta pensar mal, porque dice el refrán que acertarás. Y ya escribí, cuando empezó la pandemia, que la guerra comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China podría haber causado esta enfermedad vírica. Después he escuchado y leído opiniones e informaciones de eruditos en la materia que reflexionen en este mismo sentido. No somos más que números para el poder, como evidencian los medios de comunicación todos los días, con cifras de fallecidos, de contagiados y, felizmente, de recuperados.
Esta pandemia vírica, que desembocará en otra económica, gigantesca en España, según anuncia el FMI, más si Sánchez sigue, como ocurrió con Largo Caballero desde el año 1932, bolchevizándose y dejando las decisiones esenciales al neocomunista Pablo Iglesias, también ha demostrado la categoría profesional y humana del sector sanitario español, del valor de nuestro Ejército, Policía Nacional, Guardia Civil, Policía Local, los que más arriesgan todos los días, como también todos los empleados que trabajan en el sector de la alimentación. Y, por supuesto, nos muestra también que hay individuos sin escrúpulos, insolidarios, chulos, jetas, que se saltan el Estado de Alarma, porque son gente especial y la ley no va con ellos. En fin. Convencido estoy que esta canalla antes y después del coronavirus destaca en exigencias a ayuntamientos, diputaciones y demás instituciones del Estado. Son personajes asociales y amorales. Leo noticas de detenciones de mujeres celebrando una procesión, de tipos haciendo surf, barbacoas o derrapando en la vía pública.
En fin. Hoy me levanté de una tristeza subida. Hasta mis pestañas pedían lágrimas para saciar su sed de pena. Sé que hay personas que estimo que se hallan tocadas por este confinamiento; buena gente que no sabe qué hacer con la soledad, si ponerla a la mesa cuando llega la hora del almuerzo o echarse la siesta con esa compañía. Después, cuando me asomé al balcón, la lluvia parecía caer sin ganas, lánguida, como si hubiera querido seguir siendo nube. Mientras, las palomas, cada vez más pletóricas, y los gorriones se escondían de la llovizna, algunas féminas regresaban de la compra con sus viandas en bolsas, y los canes y sus dueños aprovechaban un rato de libertad para pisar las calles. Hasta la hierba olía a melancolía hoy, en Zamora, 15 de abril de 2020, el año del coronavirus.
Solo rompió mi aflicción una llamada de Antonio Pedrero, ese genio humilde y sencillo, confinado, sin poder disfrutar de sus tapas en los bares típicos de su ciudad del alma, que me agradecía un artículo que me inspiró, publicado en El Día de Zamora, en el que lo calificaba como “el buen samaritano de la Resurrección”. Antonio me parece tan buena persona, tan natural, que te roba la vanidad que todavía guardamos algunos mediocres como un servidor. Hablar con él te obliga a reflexionar sobre la esencia de la vida.
De reojo, estuve escuchando el debate. Iglesias, gran admirador del chavismo, del que fue asesor, no supo responder a quiénes las acusan de estar preparando la vía española hacia el caos económico venezolano. Mientras el CIS pregunta por la libertad de prensa, cuestión que nadie se atrevió nunca a cuestionar. Se busca silenciar a la prensa crítica y censurar las redes sociales. Vamos hacia un régimen totalitario. Lógico. En Europa no gobierna ningún partido comunista ni fascista, primos hermanos, internacionalismo y patriotismo totalitario. Es más, en Alemania están prohibidos los partidos comunistas y nacionalsocialistas.
Iglesias llegó a confesar sobre el chavismo que es “ejemplo” y “referencia”. Eso lo comentó cuando formaba parte de la oposición, ante de asaltar los cielos del poder. Hace poco, dijo a un periodista de T5 que “no voy a entrar en la dinámica de convertir Venezuela en un asunto de la política española”.
Recordemos: "Creo que es clave que la gente entienda que la comunicación es un derecho, y que si la comunicación es un derecho, no es susceptible de ser mercantilizado, de ser privatizado. El mayor ataque contra la libertad de expresión es que haya medios de comunicación."
Ayer el F.M.I. anunciaba un futuro económico patético para España. En esencia, lo que necesita un neocomunista para aplicar sus recetas totalitarias. Después, se hará el silencio en la prensa. Tiempo para "Iskar·", "Pravda" y "Gramma".
Ahora, entre por mi balcón unos rayos de sol. Llegan con timidez, como si al astro rey se sintiera tímido o tuviera miedo de iluminar una nación que se precipita hacia un régimen político inaprensible e insólito. ¡Cómo pretender que no me ahoga la melancolía esta tarde de otoño en primavera y preguntar si, además del mes de abril, a los españoles nos van a seguir robando la libertad!
Hasta aquí el diario de mi estado de alarma. No va más.
Eugenio-Jesús de Ávila




















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