COVID-19
Acuerdos de La Moncloa: una vía complicada sin Hobbes
Mientras escuchaba las últimas noticias acerca de una posible reedición de los pactos de la Moncloa, llamados hoy pactos para la reconstrucción nacional, me acordé del brillante T. Hobbes. Esta mente, preclara e incomprendida del siglo XVII, escribió durante la guerra civil inglesa un libro llamado El Leviatán. En él, sentó las bases de la llamada teoría contractualista del Estado que más tarde desarrollarían Locke y Rousseau. En esta obra, estableció diecinueve leyes naturales que consideró inmutables, eternas. Las más significativas fueron aquellas que exigían buscar la paz y mantenerla, o la de entender que los pactos celebrados entre las partes deben cumplirse, recordando así el aforismo romano “Pacta Sunt Servanda”.
Otras de sus leyes escritas fueron las de la gratitud, la misericordia, la equidad y la deferencia. Supongo que una de las medidas a implantar en los pactos actuales, será la de fijar la intensidad de la intervención del Estado en la economía española y determinar el incremento de las inversiones en detrimento de gasto corriente. Si partimos de una economía no solo nacional, sino mundial, en franco declive, con un aumento exponencial de la deuda, se torna ineludible que todos los representantes políticos, “desescalen” de sus respectivas posturas radicalizadas para entrar a negociar.
Dichas negociaciones, para mal de todos, serán a costa de nuestro estado de bienestar. ¡Nadie saldrá indemne! Estas dos decisiones, que implican enormes consecuencias para cada español, exigen una actitud honesta y un espacio moral de encuentro, donde las leyes expresadas por Hobbes deberían estar más presentes que nunca. Me refiero a las leyes que el autor llamó contra la insolencia, contra el orgullo y contra la arrogancia.
Lo curioso del filósofo es que fue un bebé prematuro. Dicho adelantamiento en la fecha del parto se debió al pánico que soportó su madre al contemplar los navíos de la Armada Invencible acercándose a las costas inglesas. De aquella situación Hobbes diría en su edad madura: “Mi madre dio a luz a gemelos: yo mismo y el miedo”. Dicha afirmación recuerda a la frase que Donald Trump regaló en 2016 a Bob Woodward en la que le indicaba: “El poder efectivo es el miedo”. Hoy me pregunto si no estaremos siendo doblemente contagiados: por el desconocido e imprevisible COVID-19 y por el miedo que se extiende cual virus, comenzando a tomar el control e infectándonos con la incertidumbre. Si bien el derecho a la vida sigue siendo lo que ha de primar sobre cualquier otra consideración, es inexcusable que nuestros representantes políticos comiencen a prever las consecuencias sobre la salud y sobre el tejido productivo tal y como ya ha comenzado a hacer el Presidente de la República Francesa Emmanuel Macron.
Supongo que a cualquier ciudadano le resultará irrelevante que estos pactos se acuerden en plural o nazcan sobre cuestiones individualizadas. Lo verdaderamente importante será que se adopten con la celeridad que permita paliar los efectos de ambos virus que asoman.
La actitud de nuestros gobernantes, sea de consenso o de disenso, en función de que decidan aplicar o no las leyes mencionadas, deberá tener muy presente el análisis de Hobbes que les comparto a modo de reflexión: “En tal condición (el autor se refería a la ausencia de pacto social), no hay lugar para la industria porque su fruto es incierto y, en consecuencia, no habrá cultura en la tierra. No habrá navegación, ni uso de las mercancías que puedan importase por mar. No habrá instrumentos para mover y quitar cosas que requieran mucha fuerza. Ningún conocimiento habrá sobre la faz de la tierra y lo que es peor, habrá miedo continuo y peligro de muerte violenta y la vida del hombre será solitaria, pobre, desagradable, brutal y baja”. Muertes diarias, nuevos contagios, largo confinamiento, ERTE, restricciones a la libertad de movimiento, alteración de la información, caída del consumo, guiños al aprobado general de los estudiantes,..... ¿Esta situación descrita a que les recuerda?
Lorena Hernández del Río
Mientras escuchaba las últimas noticias acerca de una posible reedición de los pactos de la Moncloa, llamados hoy pactos para la reconstrucción nacional, me acordé del brillante T. Hobbes. Esta mente, preclara e incomprendida del siglo XVII, escribió durante la guerra civil inglesa un libro llamado El Leviatán. En él, sentó las bases de la llamada teoría contractualista del Estado que más tarde desarrollarían Locke y Rousseau. En esta obra, estableció diecinueve leyes naturales que consideró inmutables, eternas. Las más significativas fueron aquellas que exigían buscar la paz y mantenerla, o la de entender que los pactos celebrados entre las partes deben cumplirse, recordando así el aforismo romano “Pacta Sunt Servanda”.
Otras de sus leyes escritas fueron las de la gratitud, la misericordia, la equidad y la deferencia. Supongo que una de las medidas a implantar en los pactos actuales, será la de fijar la intensidad de la intervención del Estado en la economía española y determinar el incremento de las inversiones en detrimento de gasto corriente. Si partimos de una economía no solo nacional, sino mundial, en franco declive, con un aumento exponencial de la deuda, se torna ineludible que todos los representantes políticos, “desescalen” de sus respectivas posturas radicalizadas para entrar a negociar.
Dichas negociaciones, para mal de todos, serán a costa de nuestro estado de bienestar. ¡Nadie saldrá indemne! Estas dos decisiones, que implican enormes consecuencias para cada español, exigen una actitud honesta y un espacio moral de encuentro, donde las leyes expresadas por Hobbes deberían estar más presentes que nunca. Me refiero a las leyes que el autor llamó contra la insolencia, contra el orgullo y contra la arrogancia.
Lo curioso del filósofo es que fue un bebé prematuro. Dicho adelantamiento en la fecha del parto se debió al pánico que soportó su madre al contemplar los navíos de la Armada Invencible acercándose a las costas inglesas. De aquella situación Hobbes diría en su edad madura: “Mi madre dio a luz a gemelos: yo mismo y el miedo”. Dicha afirmación recuerda a la frase que Donald Trump regaló en 2016 a Bob Woodward en la que le indicaba: “El poder efectivo es el miedo”. Hoy me pregunto si no estaremos siendo doblemente contagiados: por el desconocido e imprevisible COVID-19 y por el miedo que se extiende cual virus, comenzando a tomar el control e infectándonos con la incertidumbre. Si bien el derecho a la vida sigue siendo lo que ha de primar sobre cualquier otra consideración, es inexcusable que nuestros representantes políticos comiencen a prever las consecuencias sobre la salud y sobre el tejido productivo tal y como ya ha comenzado a hacer el Presidente de la República Francesa Emmanuel Macron.
Supongo que a cualquier ciudadano le resultará irrelevante que estos pactos se acuerden en plural o nazcan sobre cuestiones individualizadas. Lo verdaderamente importante será que se adopten con la celeridad que permita paliar los efectos de ambos virus que asoman.
La actitud de nuestros gobernantes, sea de consenso o de disenso, en función de que decidan aplicar o no las leyes mencionadas, deberá tener muy presente el análisis de Hobbes que les comparto a modo de reflexión: “En tal condición (el autor se refería a la ausencia de pacto social), no hay lugar para la industria porque su fruto es incierto y, en consecuencia, no habrá cultura en la tierra. No habrá navegación, ni uso de las mercancías que puedan importase por mar. No habrá instrumentos para mover y quitar cosas que requieran mucha fuerza. Ningún conocimiento habrá sobre la faz de la tierra y lo que es peor, habrá miedo continuo y peligro de muerte violenta y la vida del hombre será solitaria, pobre, desagradable, brutal y baja”. Muertes diarias, nuevos contagios, largo confinamiento, ERTE, restricciones a la libertad de movimiento, alteración de la información, caída del consumo, guiños al aprobado general de los estudiantes,..... ¿Esta situación descrita a que les recuerda?
Lorena Hernández del Río



















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