CON LOS CINCO SENTIDOS
El coleccionista
Para amar hay que tener antes algo que te lata con fuerza en el pecho, que te lo provoque y te lo excite, que te haga temblar cada vez que te cruces una mirada suya o te llegue un ligero vestigio de su perfume. Si no tienes más que un trozo de piedra pómez, estás muerto en vida.
Conozco personas que vagan buscando algo que jamás van a encontrar, porque no tienen intención de encontrarlo, ni ganas de buscarlo. Personas que te comen a besos un día en la calle y, al siguiente, pasan por delante de tu cara sin decirte ni una sola palabra amable. Ni una. Esta suerte de “esquizofrenia” emocional no la entiendo ni entiendo cómo puede haber gente que la soporte y que aprenda a vivir con ella con el rechazo que provoca a su alrededor ese manera tan “especial” de ser. Puede que no tengan la culpa, que sean así desde que fueron concebidos.
Quizá han sufrido tanto que no quieren ser heridos, ni que nada medianamente divino les roce un pelo por miedo a enamorarse de veras o a saber que, más allá de su mundo medido y controlado, existe otro desmedido de pasiones y furia descontrolada. Me dan pena, y me da pena sentir pena. Se pierden tanto pensando que lo tienen todo… Van bandeando de un lado a otro y coleccionando amigos, que no son nada. Amigos virtuales porque les son de utilidad en su mundo pequeñito donde sólo ellos y sus logros importan. Dejando a los que les aprecian de verdad de lado. No doy lecciones a nadie. ¿Quién soy yo para ello?
Pero tengo algunos años y algo de experiencia vital. Ten pocos amigos, pero buenos, confía más en la gente, da oportunidades porque hay personas maravillosas que te puedes estar perdiendo por no tratarlas bien. Mantén contacto con quien se interesa por tus vivencias y devuélveles el favor, de manera altruista, desinteresada. Es así como se construyen las grandes amistades y los grandes amores, a golpe de latido. Es la única manera. La única.
Para amar hay que tener antes algo que te lata con fuerza en el pecho, que te lo provoque y te lo excite, que te haga temblar cada vez que te cruces una mirada suya o te llegue un ligero vestigio de su perfume. Si no tienes más que un trozo de piedra pómez, estás muerto en vida.
Conozco personas que vagan buscando algo que jamás van a encontrar, porque no tienen intención de encontrarlo, ni ganas de buscarlo. Personas que te comen a besos un día en la calle y, al siguiente, pasan por delante de tu cara sin decirte ni una sola palabra amable. Ni una. Esta suerte de “esquizofrenia” emocional no la entiendo ni entiendo cómo puede haber gente que la soporte y que aprenda a vivir con ella con el rechazo que provoca a su alrededor ese manera tan “especial” de ser. Puede que no tengan la culpa, que sean así desde que fueron concebidos.
Quizá han sufrido tanto que no quieren ser heridos, ni que nada medianamente divino les roce un pelo por miedo a enamorarse de veras o a saber que, más allá de su mundo medido y controlado, existe otro desmedido de pasiones y furia descontrolada. Me dan pena, y me da pena sentir pena. Se pierden tanto pensando que lo tienen todo… Van bandeando de un lado a otro y coleccionando amigos, que no son nada. Amigos virtuales porque les son de utilidad en su mundo pequeñito donde sólo ellos y sus logros importan. Dejando a los que les aprecian de verdad de lado. No doy lecciones a nadie. ¿Quién soy yo para ello?
Pero tengo algunos años y algo de experiencia vital. Ten pocos amigos, pero buenos, confía más en la gente, da oportunidades porque hay personas maravillosas que te puedes estar perdiendo por no tratarlas bien. Mantén contacto con quien se interesa por tus vivencias y devuélveles el favor, de manera altruista, desinteresada. Es así como se construyen las grandes amistades y los grandes amores, a golpe de latido. Es la única manera. La única.




















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