Nélida L. del Estal Sastre
Lunes, 20 de Abril de 2020
CON LOS CINCO SENTIDOS

El silencio impuesto

 

No me preguntes cómo me siento. Ya no me siento. Después de un mes y algo más de silencio y encierro, mi yo ya no es mi yo. Ese que ansiaba la luz del sol en el rostro, quemándome la piel. Ese que mojaba con su lluvia las inclemencias de mi alma y limpiaba los surcos de mi cara.

 

Necesito volver a pisar las calles, las vías. Necesito coger piedrecitas y arrojarlas al río Duero, río de mi vida, y ver cómo rebotan con el efecto hasta desaparecer. Necesito oír las risas de los niños y observar sus juegos en el parque, sus princesas y sus príncipes, sus cocinitas y sus capas de héroes anónimos que salvan princesas en apuros, o a la inversa, que el género épico hace tiempo que dejo de tener género.

 

Sólo podemos disfrutar de nosotros mismos, en silencio, este silencio impuesto lleno de noticias y de canciones ex profeso, a las que llegas a odiar por no poder salir a cantarlas con los amigos en plena calle y a pleno pulmón, aunque ya sólo tenga uno, eso me da igual, quiero que explote en las plazas, en los mercadillos, en el parque acompañada de los míos, o más sola que la una. Me es igual.

 

Tengo que aprender de nuevo a ser y a estar sola, como cuando era niña y me pegaban en el colegio. Del cole a casa y viceversa. Siempre sola, siempre rara. Hasta que me defendí y entonces dejaron de tocarme para siempre. Disfrutaré, nuevamente del impuesto silencio gubernamental y me cagaré en todos los responsables una y mil veces por no haber visto a tiempo la que se nos venía encima. Era su trabajo, para eso les pagamos parte de nuestro sueldo, delegamos en ellos esas cosas importantes.

 

Disfrutaré del silencio, de los momentos a solas, del encierro dentro de mí misma. Parece difícil, estamos rodeados de información y ruido mediático por todas partes, pero es posible buscar un lugar recóndito en tu cerebro para estar a solas con tus pensamientos, con tus querencias. Por salud mental, no abandones esos momentos sólo tuyos y de nadie más.

 

Disfruta del silencio. Aunque el silencio y la distancia hayan sido impuestos por agentes externos. Tu cerebro fluye a su manera y no hay ventana ni balcón ni reja que impida que sea libre, que se sienta libre. Mójate mentalmente bajo la lluvia de estos días, siente el aroma de la tierra mojada y fúndete con él y en él. Eso no te lo puede quitar nadie. Buenas noches.

 

Nélida L. Del Estal Sastre

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