OPINIÓN
AC-DC
Óscar de Prada López
No, no hago referencia con este título al legendario grupo de rock australiano y creador de maravillas musicales como Back in Black o Highway to Hell o Thunderstruck. Tampoco hablaré de la abreviatura anglosajona en aparatos eléctricos (corriente alterna-corriente continua) que inspirara aquel logo. Ni de las fórmulas habituales para situar hechos históricos, bien antes del nacimiento de Cristo o bien después del feliz advenimiento belenístico. Lo que está meridianamente claro es que 2020 ha vivido un punto de inflexión por la irrupción del coronavirus en el panorama cotidiano. De ahí que pueda hablarse de un antes y un después, en base a su presencia.
Los libros de texto recogerán más de una evidencia para contar, según les venga, este tiempo de confinamiento. El MuCem (Museo delas Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo) de Marsella ha iniciado una colecta ciudadana para recopilar cualquier objeto que formara parte esencial de esta crisis. Mascarillas, libros, juguetes, banderas, pancartas de ánimo, móviles, ordenadores, tablets, aparatos para hacer gimnasia… Con ello buscan crear una exposición de testimonios, haciendo del pasado inmediato una lección –presumiblemente- más digna de rememoración que cualquier pandemia anterior.
Es harto sabido que un pueblo ignorante de su propia Historia está condenado a repetirla. No está de más tenerlo en cuenta, dada la afición de muchos hoy a reescribir el pasado –incluso el que acaba de realizarse– y así procurarse un presente halagüeño para sus intereses futuros. El borrón y cuenta nueva nunca es garantía suficiente para saber que algo no volverá a ocurrir; no basta con guardar memoria de ello sino que hace falta auténtica voluntad de cambio. Ni siquiera la damnatio memoriae, tan socorrida por el Senado romano contra el recuerdo de algunos emperadores, bastaba para prevenir de forma eficiente. De esta práctica podrían dar cumplida referencia en la URSS stalinista, tan admirada por Iglesias y Garzón.
Resulta paradójico que ciertos asuntos no dejen de recordarse y otros sí, en especial al ser igualmente detestables y suficientemente peligrosos para no repetirlos. La hiprogresía brilla por sí misma en este campo, como en tantos otros. Hablar de respeto e igualdad en el tratamiento histórico mientras se recurre al maniqueísmo institucional suena contradictorio, cuando menos. Equiparar contenidos negativos con datos falsos supone negar la necesidad de toda crítica, venga de quien venga. A día de hoy, no se sabe qué es lo que algunos tienen más fino: el sentido del oído o la piel.
No, no hago referencia con este título al legendario grupo de rock australiano y creador de maravillas musicales como Back in Black o Highway to Hell o Thunderstruck. Tampoco hablaré de la abreviatura anglosajona en aparatos eléctricos (corriente alterna-corriente continua) que inspirara aquel logo. Ni de las fórmulas habituales para situar hechos históricos, bien antes del nacimiento de Cristo o bien después del feliz advenimiento belenístico. Lo que está meridianamente claro es que 2020 ha vivido un punto de inflexión por la irrupción del coronavirus en el panorama cotidiano. De ahí que pueda hablarse de un antes y un después, en base a su presencia.
Los libros de texto recogerán más de una evidencia para contar, según les venga, este tiempo de confinamiento. El MuCem (Museo delas Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo) de Marsella ha iniciado una colecta ciudadana para recopilar cualquier objeto que formara parte esencial de esta crisis. Mascarillas, libros, juguetes, banderas, pancartas de ánimo, móviles, ordenadores, tablets, aparatos para hacer gimnasia… Con ello buscan crear una exposición de testimonios, haciendo del pasado inmediato una lección –presumiblemente- más digna de rememoración que cualquier pandemia anterior.
Es harto sabido que un pueblo ignorante de su propia Historia está condenado a repetirla. No está de más tenerlo en cuenta, dada la afición de muchos hoy a reescribir el pasado –incluso el que acaba de realizarse– y así procurarse un presente halagüeño para sus intereses futuros. El borrón y cuenta nueva nunca es garantía suficiente para saber que algo no volverá a ocurrir; no basta con guardar memoria de ello sino que hace falta auténtica voluntad de cambio. Ni siquiera la damnatio memoriae, tan socorrida por el Senado romano contra el recuerdo de algunos emperadores, bastaba para prevenir de forma eficiente. De esta práctica podrían dar cumplida referencia en la URSS stalinista, tan admirada por Iglesias y Garzón.
Resulta paradójico que ciertos asuntos no dejen de recordarse y otros sí, en especial al ser igualmente detestables y suficientemente peligrosos para no repetirlos. La hiprogresía brilla por sí misma en este campo, como en tantos otros. Hablar de respeto e igualdad en el tratamiento histórico mientras se recurre al maniqueísmo institucional suena contradictorio, cuando menos. Equiparar contenidos negativos con datos falsos supone negar la necesidad de toda crítica, venga de quien venga. A día de hoy, no se sabe qué es lo que algunos tienen más fino: el sentido del oído o la piel.


















