Eugenio de Ávila
Viernes, 01 de Mayo de 2020
REPÚBLICO

1º de Mayo de 2021

Un parado es aquella persona a la que ya no se le compra ni su tiempo

[Img #38581]Toda persona, salvo rentistas y millonarios por herencia, alquila su tiempo, magnitud incolora, insípida, inodora, del que desconocemos cuánto disponemos para gastar, al capital o al Estado. Nos lo compran. A unos, los más diligentes, preparados y eruditos, a un mayor precio; a los más brutos, incapaces, desafortunados, por cuatro cuartos. Somos tiempo y nos alquilamos por horas. Esa es la singular explotación que padecemos los seres humanos.

Cierto que se podría evitar. ¿Cómo? A través de la mendicidad, recurriendo a ONGs como Cáritas o arriesgarte e invertir en un negocio, que es comprarte el tiempo a ti mismo y, a veces, lo pierdes a cambio de nada.Hoy, 1º de Mayo –en este caso sí con mayúscula- se debió celebrar la fiesta del Trabajo, de los trabajadores que somos todos o ninguno. Una pandemia vírica lo impidió.

 El 1 de mayo de 2021 lo celebraremos. Sospecho que se convertirá en una manifestación masiva.  Dentro de un año habrá más desempleados. Los funcionarios, aquellos a los que el Estado les compra su tiempo, seguirán en sus espacios de trabajo, aunque con los sueldos congelados o rebajados, siempre que la Unión Europea nos rescate, que tiene toda la pinta. Ahora bien, la incapacidad para la gestión de este gobierno de propaganda, de cartón piedra, de hoz y coz, de martillo y clavo, sus políticas anacrónicas, propias de Evita Perón y paternalismo fascistoide o estalinista, provocará que millones de hombres y de mujeres reciban la limosna de esta nueva casta de políticos, que nos comprarán el tiempo, nos condenarán a la vagancia, al bartolismo, a carecer de ambición para vivir mejor, para progresar, para sentirnos dueños de nosotros mismos.

No olvidemos que un parado es una persona, hombre o mujer, al que ni tan si quiera se le compra el tiempo. Está ahí. No cuenta. Recibe la caridad del Estado. Y poco más. No se le quiere ni su tiempo, lo único que tenemos, pero nunca sabremos hasta cuándo se acostará con nosotros.

Eugenio-Jesús de Ávila

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