Ilia Galán
Sábado, 02 de Mayo de 2020
COVID-19

Conspiratorias y guerras biológicas

[Img #38590]Ya estaba harto de investigar en la pantalla teorías de conspiraciones malévolas. Sus ojos, secos como pasas, quedaron sorprendidos con un artículo de una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, Nature, (nº 542, febrero, 2017). Alertaba sobre la experimentación con peligrosos virus y otros patógenos en algunos laboratorios chinos. El director de la revista, ante este ya célebre texto ("Inside the Chinese lab poised to study world's most dangerous pathogens") escribió unas líneas: no se puede demostrar que esa sea la causa de la actual pandemia y todo apunta a un mercado de animales. Animales se devoraron desde hace milenios sin sufrir tales mutaciones y si era un virus artificial bien también podrían haberlo camuflado para que fuera invisible su verdadero origen, aunque como arma sería poco eficiente. Parece muy improbable, según los estudios actuales. Natural o artificial, al margen de las discusiones como las planteadas por Francis Boyle sobre Wuhan y los laboratorios de máxima seguridad (recuérdese la "segura" energía nuclear en EEUU, la antigua URSS o Japón: Chernóbil, Fukushima...) poco nos resuelve ahora el problema general, a menos que haya una vacuna presta para emplear. EEUU y ya varios países europeos cuestionaron la versión oficial que da China sobre el origen del coronavirus, su gestión y las cifras. Ningún país debiera experimentar con patógenos sin controles adecuados y menos todavía como armas.

 

            Nuestra bíblica plaga difiere mucho de la de1918: de veinte a cuarenta millones de muertes. Dañaba sobre todo a jóvenes y adultos robustos, no a ancianos, e incluso afectaba a gatos y perros. Surgida en EEUU, la trajeron las tropas en la I Guerra Mundial. Afectó también a China, con gran mortandad. Llegó por Francia a Europa y España, entonces neutral, informó sin censurar logrando grandes noticias en el mundo entero y bautizándose como "gripe española": ocho millones de infectados y cerca de trescientas mil muertes. Entre sus víctimas cayeron también, como ahora, grandes personajes, por ejemplo: el rey Alfonso XIII; a la sepultura llevó a artistas célebres como Gustav Klimt, su amigo, Egon Schiele y Otto Wagner, escritores como Apollinaire o Edmond Rostand, pensadores, como Max Weber y muchos grandes personajes.

 

            Quien fuera primer ministro del Reino Unido y una de las claves para vencer a los nazis en la II Guerra Mundial, Winston Churchill, recibió el premio Nobel de literatura y escribió algunos poemas. Con quince años redactó La gripe (The Influenza): "¿Cómo podré yo enumerar las gestas / o medir la cantidad inaudita de enfermos que ha logrado? (...) Ricos y pobres, todos los estratos / conocen igualmente sus síntomas varios." Fue atroz: ("There followed it across the sky/ The spirits of dead") "le seguían a través del cielo / los espíritus de los muertos." Quedaban las plegarias y un día terminó, como también morirá este coronavirus.


Ilia Galán

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