Mª Soledad Martín Turiño
Lunes, 01 de Junio de 2020
ZAMORANA

Tras la pandemia, el caos

[Img #39899]La zozobra inquietante, el agobio, el desasosiego vital, la desesperanza, el hastío... se manifiestan en este día interminable en el que el tiempo se vuelve loco, nos abrasa con su calor matutino y luego se arrepiente para abroncarnos con una tormenta perfecta al caer la tarde. Tiempos extraños estos que vivimos, impropios de las ilusiones que muchos nos marcamos al iniciar un año de numero estéticamente perfecto y que, casi al estrenarlo, nos sorprendió con una emergencia sanitaria causada por un virus letal que ha diezmado la población mundial y continúa haciéndolo de forma desmedida, pese a que todos los países hayan intentado ponerle freno, no sin antes dejar una huella irreparable en pérdidas de vidas humanas.

 

            Con el virus y su estela ha llegado el caos, que se acrecienta cada día con repercusiones que aun ignoramos y que tiene en concreto a nuestro país al borde del abismo. La gente escucha, desconcertada, informaciones contradictorias y poco claras por parte del gobierno que un día dice una cosa y al siguiente la desmiente o la rebate; la gente está enfadada y molesta porque muchos negocios han dejado a familias enteras al borde de la quiebra; los ERTE siguen sin cobrarse, la Renta Mínima Vital la estamos esperando, y entretanto asistimos estupefactos e impotentes en distintos lugares de España al lamentable espectáculo de colas kilométricas formadas por jóvenes y mayores, hombres y mujeres, padres de familia y gente de toda condición -cada uno con su drama personal a cuestas- que gracias a la solidaridad de otros ciudadanos pueden llenar su despensa y poner un plato en la mesa cada día.

 

            Este gobierno aún no ha salido al paso para atajar esta situación, muy al contrario, miran para otro lado y el presidente nos alienta en la conveniencia de reservar vacaciones para fomentar el viajar, ahora es cuando se acuerdan de las maravillas de España y lo rentable que resultaría hacer turismo nacional, pero creo que no es el momento; es el momento de dar pan a quien tiene hambre, es el momento de preservar la dignidad de la gente que lo está pasando mal, es el momento de escuchar al pueblo, de salir a la calle y preguntar cual va a ser el futuro de la ciudadanía que está atravesando apuros económicos muy serios; es el momento, en fin, de salir del palacio y recibir una lección de humildad. Sin embargo estos gobernantes, para desgracia de los ciudadanos, no están a la altura, no son serios, añaden a la crisis sanitaria, la económica, la política e incluso la judicial como vemos en estos días, asistiendo a un espectáculo bochornoso dentro de un parlamento que, lejos de ser una cámara que debería ser respetada, les sirve más como patio de colegio o taberna barata para dirigirse descalificaciones cada vez más broncas entre las bancadas de los representantes políticos.

 

            Resulta triste y vergonzoso como estos dirigentes siguen velando por sus intereses y manteniendo su sillón a toda costa, gozando de las prebendas que les otorga el puesto y reclamando la solidaridad de aquellos que más tienen cuando todavía no han tenido un gesto para con el pueblo como han hecho en algunos lugares de bajarse el sueldo o de no cobrar dietas y viajes que desde hace meses no están utilizando.

 

            En estos momentos mucha gente necesita fortaleza y ayuda porque no ven un futuro claro y se encuentran en una situación límite; otros se sienten relegados porque tras haber fallecido sus familiares en esta pandemia, aún no se les ha rendido un merecido homenaje y están afrontando un duelo extraño, sin despedidas, sin abrazos y sin un ultimo adiós a los seres queridos que perdieron; y también se precisará la ayuda de psicólogos, fisioterapeutas y psiquiatras que traten tanto a estas familias para superar la ausencia, como a muchas otras que necesitan tratar incontables patologías derivadas del confinamiento: ansiedad, depresión, tristeza, desasosiego, temor a salir de casa... eso en lo referente a la salud mental y en lo físico: postración, anquilosamiento de los miembros, cansancio, fatiga...

 

            No todo va a resolverse con la reapertura de lugares de restauración y ocio por muy necesario que sea; muchas personas sin recursos y mayores no pueden permitirse vacacionar porque se encuentran en una situación límite, pese a que los zarpazos de la Covid 19 sean menos fuertes ahora. Hemos de pensar también en los escolares que les han partido el curso por la mitad, en quienes preparaban la EBAU, en los que planeaban un Erasmus, en cómo se va a terminar el curso... Existen muchas dudas y pocas certezas, así que lo ultimo que esperamos es que desde el gobierno tengamos que escuchar cantos de sirena que ya a nadie engañan.

 

            Espero que estos meses antaño veraniegos sean este año laborables para recuperar el tiempo perdido, que se abran a la par que los hoteles y la restauración, también las oficinas, organismos públicos, empresas etc. y que se potencie a tantas personas que se han reinventado con imaginación, a quienes han ayudado desinteresadamente fabricando material de protección sanitario... en una palabra, hay que seguir trabajando, más duro todavía para que la recuperación económica llegue cuanto antes; y todo eso sin bajar la guardia porque el virus permanece latente, tal vez con menor agresividad, pero aún no lo hemos derrotado y de la conciencia y la responsabilidad personal depende que no se reactive y siga causando daños.

 

            Vendrán mejores tiempos, todo regresará a la normalidad que disfrutábamos antes y cuando llegue ese momento sería bueno que no olvidáramos lo ocurrido y que fuéramos capaces de extraer una lección de vida que nos haga ser mejor personas y, sobre todo, pensar que hemos de estar preparados porque en un momento -el más inesperado- todo puede cambiar y arruinarnos la vida en un instante.

Marisol Maretín Turiño

 

 

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