NOCTURNOS
Dios pasó de ti, amor, mi diosa
Dios pasa de ti, amor; pero conmigo no puede: soy polvo de utopía y lodo de ucronía. Tampoco presumas ni de agnóstica ni de budista. A mí me ofrecieron ser como Dios o que me amases. Y ya conoces mi elección. No hubiera dado nada por yacer en tu lecho de aromas y perfumes sensuales:
Mi patrimonio es mi memoria, mis recuerdos, lo que queda de mi carne, pellejos, remenbranzas de músculos; surcos profundos en la piel, un can que me tiene, una sombra que me engaña con la oscuridad y amor... amor amargo, amor frustrado, amor para devorar la vida, humedecer tus labios y que tu campanilla sonría cuando escuche el tono de mi voz cerca de tu boca.
Yo no soy Dios, porque me repele la eternidad, ni tampoco me gusta crear mundos horrendos, universos inefables y religiones para odiar y ser odiado, para flagelar la carne y prohibir el placer. Yo solo pretendía fundirme en ti, disolviéndome en pasión y penetrar en el gineceo de tu alma. ¿Llegué tarde? Pudiera ser.
El tren de los años cabalga a alta velocidad por los raíles de la vida. Ahora bien, este pasajero maduro te espera en el andén del destino con una maleta que guarda la semilla del placer que solo siembra el labrador del tiempo.
Dios pasa de ti, amor; pero conmigo no puede: soy polvo de utopía y lodo de ucronía. Tampoco presumas ni de agnóstica ni de budista. A mí me ofrecieron ser como Dios o que me amases. Y ya conoces mi elección. No hubiera dado nada por yacer en tu lecho de aromas y perfumes sensuales:
Mi patrimonio es mi memoria, mis recuerdos, lo que queda de mi carne, pellejos, remenbranzas de músculos; surcos profundos en la piel, un can que me tiene, una sombra que me engaña con la oscuridad y amor... amor amargo, amor frustrado, amor para devorar la vida, humedecer tus labios y que tu campanilla sonría cuando escuche el tono de mi voz cerca de tu boca.
Yo no soy Dios, porque me repele la eternidad, ni tampoco me gusta crear mundos horrendos, universos inefables y religiones para odiar y ser odiado, para flagelar la carne y prohibir el placer. Yo solo pretendía fundirme en ti, disolviéndome en pasión y penetrar en el gineceo de tu alma. ¿Llegué tarde? Pudiera ser.
El tren de los años cabalga a alta velocidad por los raíles de la vida. Ahora bien, este pasajero maduro te espera en el andén del destino con una maleta que guarda la semilla del placer que solo siembra el labrador del tiempo.














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