Manuel Herrero Alonso
Martes, 07 de Julio de 2020
DENUNCIAS

Las aceras de la carretera de Almaraz no son aptas para caminantes

Los peatones, obligados a transitar por la calzada en algunos tramos

Manuel Herrero AlonsoLa aparición en medios nacionales, después de hacerlo en los de aquí, sirvió para que un campo de amapolas fuera el destino de no pocos visitantes. Merecía la pena verlo y hacerse la foto con la Catedral al fondo. Para algunos, llegar hasta él no tenía perdida; otros necesitaron de ciertas explicaciones para encontrarlo. Desde el barrio de Olivares, bastaba seguir  el camino de Gijón que parte del puente conocido como de Garrote, por asentarse allí, en tiempos, la industria de este nombre. O bien hacerlo desde la carretera de Almaraz, tomando el camino a la izquierda, poco antes de llegar a la antigua prisión provincial.


Aun asfaltada, como no podría ser de otra manera, con anchura suficiente, carril bici a ambos lados y aceras, la carreta de Almaraz en su tramo urbano deja mucho que desear. Para empezar, quien la siga a pie comprobará cómo no en pocas ocasiones debe, con el consiguiente peligro,  caminar por la zona destinada a los ciclistas, porque la vegetación existente, que sale de las fincas de los márgenes, le impide continuar por la acera. No se trata de algo casual de esta estación, sino fruto de muchos años sin recortar setos, ramas de árboles, cardos y otras malezas, que han crecido desmesuradamente sin que nadie le llame la atención a los propietarios de los terrenos, para que procedan a realizar el pertinente desbroce o, en su caso, ejecutarlo subsidiariamente a instancias de la Concejalía. 


Responsabilidad municipal por permisión a terceros y propia, porque los árboles de las aceras se encuentran muy dañados, en parte, porque no han recibido los cuidados necesarios y básicos como el riego. Si en algún momento, porque no quede otra alternativa y así lo tengan a bien, deciden sustituir algún ejemplar por un nuevo plantón, deberían tener en cuenta que el efecto será el mismo, si no se plantan en medio de la zona destinada al paso de peatones, tal y como lo están ahora. 


Para las bicis, ciertos tramos no están mal, aunque llegando al edificio abandonado de la antigua cárcel, el carril para ciclos desaparece, quedando dos alternativas: darse la vuelta o seguir circulando, no sin cierto riesgo, por la carreta que a partir de este punto pierde anchura. 


Los conductores, como bien les indican algunas señales, deben moderar su velocidad, por la proximidad de un conocido colegio. 


Los reductores de velocidad, conocido como lomos de burro, que están sobre el asfalto, de poco sirven dado su estado.

Manuel Herrero Alonso

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