Eugenio de Ávila
Miércoles, 26 de Agosto de 2020
OBITUARIO

Murió Valeriano Colino, conserje mayor de la Diputación de Zamora

Funcionario ejemplar, no necesito de la muerte para ser apreciado como una excelentísima persona

[Img #43016]Cuando muere una excelentísima persona, se le llora aquí, en esta meseta de lágrimas que atraviesa el río Duradero. Pero allá, arriba, en otra dimensión, hay fiesta, alegría, euforia, porque reciben un alma grande con la que compartir bondad, recuerdos y sonrisas. Hoy, se nos murió Valeriano Colino, un hombre íntegro, un funcionario ejemplar, un amigo muy querido para los que compartieron trabajo, diversiones y tertulias Fue el conserje mayor de la Diputación durante los años, seis más o menos, en los que acompañé a J. Antolín Martín en aquel calvario de institución. Me echaron del Hospital de la Encarnación por ser persona honrada. Pero grabé en mi memoria los nombres de hombres y mujeres excepcionales. No los volví a ver. No obstante, todavía las circunvalaciones de mi cerebro guarda hasta el tono de sus voces. Valeriano no necesito de la muerte para ser apreciado con una buena persona.

Nunca olvidaré la voz de Valeriano, su saber hacer, su personalidad, ese saber mandar sin que se note; ese cumplir sin aspavientos las órdenes de los políticos, esa clase en el trato con los grandes y con los pequeños, con los poderosos y los débiles. Ni tampoco las bromas que entre Pipo y un servidor le gastábamos. Verbigracia. A sabiendas que había preparado una pescata con Ricardo Rodríguez, el gran chófer de Presidencia,  para poco después de la hora de concluir la jornada laboral, le comunicaba que el presidente contaba con él para eso de las 16.00 horas, pues iba a recibir en su despacho a un personaje importante. Valeriano, resignado, se creía mi mentira, de tal manera, que, cuando le confesaba la verdad, que no había nada de nada, que tenía la tarde libre, que solo fue una chacota, él seguía pensando que el presidente necesitaba de sus servicios.

También le engañábamos con el Tour de Francia, cuando Indurain ganaba edición tras edición. Nos inventábamos que había sufrido una pájara, que iba perdiendo una minutada y que se había bajado de la bicicleta. Colino se disgustaba y comentaba la mala suerte del corredor navarro. Lo vivía a fondo. Fue tan buena gente que hoy lo lloro en mi memoria. Sé que, además de su hijo, José Carlos, una persona extraordinaria,  digno de su padre, seguidor de Athletic Club como un servidor, todos los funcionarios de la Diputación, en especial Luis Felipe Delgado de Castro, maestro de periodistas, o Pipo Lavajo, citado con anterioridad, de la casa grande de la provincia, hoy han perdido a un compañero, a un hombre de una pieza, a un funcionario exquisito, serio y formal.

Valeriano Colino, con su ejemplo, contribuyó a que la Diputación destacase por la calidad de su funcionario. Ahora, quizá, en el cielo o en otra dimensión, ejercerá de conserje en jefe con dos de los que fueron sus presidente J.Antolín Martín y Luis Cid. No dejamos de ser polvo en el tiempo. Quizá, en el paraíso también haya embalses con carpas y otras especies de agua dulce. Valeriano, con su caña de bondad, con su sedal de humildad, ya estará tirando unas varadas en el agua tranquila, inmóvil, de la eternidad, donde todo es presente para las almas grandes.

Eugenio-Jesús de Ávila

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.158

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.