Miguel Ángel Vegas
Sábado, 29 de Agosto de 2020
POLÍTICA

Republicanismo español: ¿Solo antimonárquico? o ¿republicanismo de boquilla?

[Img #43099]Observando comportamientos y leyendo comentarios recientes tanto de políticos como de ciudadanos de calle, expresados mayoritariamente en ese foro incontenible, logorreico y sin filtros que son las redes sociales, parece ser que “hay un muy necesario debate político sobre el modelo de Estado” (Pablo Iglesias dixit). También nos encontramos con que muchas personas se declaran abiertamente republicanas.

Conociendo un poco la filosofía política y las teorías de los diferentes sistemas políticos, convendría reflexionar sobre qué es y significa ser “republicano” y en qué consiste el republicanismo.

Después, piensen ustedes si- de verdad- cumplen los parámetros y/o están preparados para comportarse y definirse como tales.

Para empezar, el entorno natural republicano se fomenta propiciando y potenciando las virtudes comunitaristas (igualdad, participación, libertad, comportamiento cívico, amor a tu país y a su historia, respeto institucional, aceptación de las reglas del juego, etc.)

Este tipo de concepciones comunitaristas culminan en el sistema político ideal para llevarlas a cabo: el Republicanismo, donde alcanza el individuo la superior categoría de “ciudadano” (miembro en igualdad de la ciudad/comunidad) que dota de sentido a su vida política.

Según esta tesis idealizada, solamente en una República encuentra el individuo garantías de libertad como miembro de su comunidad, a la vez que adquiere la gran responsabilidad en la configuración y consecución del bien común, mediante su participación libre, comprometida y activa.

Consecuentemente, mediante este mecanismo vinculante, se produce una simbiosis: su libertad está asegurada en función de su “virtud” y su virtud ciudadana se demuestra participando. Por tanto, lo que es un derecho (la libertad) muta en garantía de dicha libertad y en obligación moral y cívica.

Por eso, el círculo virtuoso del republicanismo es el compromiso con la comunidad (la denominada VIRTUD CÍVICA) ya alabada por clásicos como Platón y Aristóteles o modernos como Rousseau y Payne.

Conviene aclarar ahora que- si bien algunos teóricos, muchos activistas políticos y una gran mayoría de la ciudadanía- entienden la República como antítesis de la Monarquía (caso habitual en España) curiosamente el republicanismo surgió bastante vinculado a ellas.

Por ejemplo el republicanismo inglés- tras la Revolución Gloriosa- no cuestionó la monarquía sino que la limitó en sus prerrogativas imponiendo nuevas prácticas en el sistema político tales como la deliberación parlamentaria, el imperio de la ley y la participación de las capas sociales hasta entonces excluídas de derechos políticos. Eso provocó una convivencia con criterios que-en realidad- reforzaron el sistema monárquico y el parlamentarismo. En el Reino Unido ha perdurado hasta hoy, que ni siquiera se discute el sistema monárquico-parlamentario.

O en el caso paradigmático de la Revolución Francesa, cuyo objetivo primigenio no era acabar con la Monarquía sino con su absolutismo y como reacción a su falta de sensibilidad y desdén ante las demandas de apertura y participación del Tercer Estado. Es en ese momento cuando los representantes se descubren como “nación” y toman conciencia de que sin el monarca también hay soberanía y que ésta la ostenta el pueblo soberano: la nación republicana.

Actualmente tenemos que resaltar que -aún manteniéndose alta vinculación entre comunitarismo y republicanismo- no es tan determinante y nítida la asociación de ideas- muchas veces engañosa- entre República y Democracia.

No hace falta extenderse en enumerar múltiples ejemplos, tanto históricos como actuales, de infinidad de Repúblicas carentes de valores republicanos y de sistema democrático para confirmar esta aseveración.

No obstante, quisiera resaltar que los anteriormente citados valores clásicos republicanos podemos encontrarlos perfectamente instaurados en las prácticas cívico-políticas y en los entramados legales e institucionales de sistemas políticos no republicanos, especialmente en las monarquías parlamentarias constitucionales y democráticas de Europa Occidental.

A estas alturas y con nuestra experiencia histórica, el debate no debería ser Monarquía-República sino

Democracia o Totalitarismo. Libertades o carencia de ellas. Diversidad de opciones políticas o Partido único (por muy “del pueblo” que se auto-califique). Yo, lo tengo claro.

Para concluir, recordemos tres frases históricas que pueden resumir perfectamente la situación republicana en España:

“Estoy hasta los cojones de todos nosotros”

( Estanislao Figueras, primer Presidente de la I República)

“No es esto. No es esto”

( José Ortega y Gasset, ferviente republicano, filósofo y diputado en las Cortes de la II República )

“España es una República sin republicanos”

 ( Manuel Azaña, último Presidente de la II República)

Ahora, piensen si tenemos cultura cívica, estamos preparados para ser republicanos y asumir la aventura de un cambio de régimen o es sólo “de boquilla”.

 

Miguel Angel Vegas Soto.

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