Los niños son del Estado
Los hijos no son de los padres. Los hijos son del Estado. Los nonatos, también. Platón, patrón de todos los totalitarismo, ya no estaba a favor de que los niños fueran educados por sus propios padres. Las izquierdas españolas, muy platónicas, consideran que solo sus docentes deberían formar a los alumnos, más en asignaturas de letras, donde pudiera existir un compromiso político. Los nacionalistas, racistas esenciales, del País Vasco y Cataluña, una vez que el Estado traspasó la Educación a las autonomías, aprovecharon para hacer proselitismo de sus cuentos legendarios. Hay que comerles el coco a los niños, para que su mente se desarrolle conforme al totalitarismo estatal y racial.
Aquí, en esta España en quiebra económica y moral, que siempre antecede a aquella, la izquierda posible gobernó siempre para los intereses del gran capital internacional. Es lo que había. Si Felipe quería desarrollar la nación, con la llegada de las grandes firmas automovilísticas norteamericanas, alemanas, francesas e italiana, no quedaba otro remedio que abrazar un cierto social-liberalismo. Unas cuantas medidas, migajas, para los más humildes, para la clase media, pero la esencia de los ministerios económicos buscaba construir un Estado que facilitase las inversiones a las grandes empresas del mundo mundial. No lo critico. No tenía otra salida. Medidas socialistas puras hubieran condenado a España a ser una nación con numerosas carencias en infraestructuras, comunicación, turismo; un país, en definitiva, tercermundista.
Los socialistas españoles, que solo tenían del PSOE de Largo Caballero las siglas, crearon una nación ideal para el gran capital, hicieron el trabajo sucio. Y siempre fue así. El PP continuó la obra del felipismo. Y, cuando hubo que vender Estado, se vendió. Todos de acuerdo. No hay otro sistema económico posible. Miento: el de Cuba, de Venezuela o Argentina de los Kirchner y Corea del Norte, o el salvaje capitalismo de estado, dirigido por un poderoso Partido Comunistas. El hambre, la dictadura, el corralito, el retraso.
Prosigo: En nuestra democracia solo ha habido una forma de hacer economía, aunque el PSOE de Zapatero gastase cual nuevo rico todos los ahorros del Estado en memeces. Pero siempre dentro de esa economía de mercado. Los remiendos al traje económico los cosía después del PP con más medidas socialdemócratas como sucedió con Montoro. Jamás la persecución fiscal del individuo, del pequeño empresario, alcanzó una cota tan elevada.
Con Pedro Sánchez, antes de la pandemia vírica, también se gastaba a “esgalla” con los famosos decretos de los consejos de ministros de los viernes. De tal manera, España ha elevado su deuda a niveles escandalosos
Pero lo importante para la izquierda, la posibilista y la ultra, la de Podemos, hallase en la educación, en el control desde la tierna infancia de la prole. Nunca hubo una Ley de Educación elaborada por los conservadores. La de Wert apenas pudo aplicarse. Nunca sabremos si hubiera podido sacar a esta España del analfabetismo, del fracaso escolar, de que las universidades españolas hayan llegado a perder su prestigio secular. Las izquierdas consideran, cual Platón, que son las dueñas de los cerebros infantiles para crear después un hombre adulto sin capacidad de reflexionar, de pensar por sí mismo, de gozar de capacidad de crítica. Así se crea el ciudadano del estado totalitario: que no piense, que obedezca, que no disienta del poder, que idolatre a los dirigentes.
La incapacidad de este Gobierno, idéntica a las de las restantes comunidades autónomas, anuncia un curso escolar caótico. La mediocridad ha tomado el poder. Más de un mes y medio comprobando que los rebrotes víricos avanzaban sin que las autoridades educativas se reunieran para abordar una salida al problema y arbitrar soluciones. Como los malos estudiantes que quieren aprobar el examen chapando los temas un día antes, Celaá, la hacendada política vasca de apellido gallego, queda con los consejeros de la cosa educativa para ver, si entre todos, encuentran luz en el túnel de sus carencias intelectuales. No parieron ninguna idea clara, ni un análisis profundo, solo que los padres compren bicicletas, no dijo de qué marca, para llevar a sus hijos al colegio, con el fin de evitar contagios.
Los políticos quieren que haya presencia de alumnos en las aulas. Peligro para docentes, niños, familias, para todo quisque. Da igual. El Estado, si los padres se niegan a que su prole acuda a los colegios, tomará drásticas medidas. Los hijos son del Estado. No lo olvide.
La escuela debería ser el primer centro de socialización del niño. Antes de que el infante se aprenda las vocales, a leer y escribir, el Teorema de Pitágoras o el de Thales, si los verbos terminados en ir se escriben todos con be, menos hervir, servir y vivir y Zamora es provincia leonesa, tiene que aprender a respetar al compañero, jugar con otros niños, compartir. Así se socializará, se convertirá en un adulto abierto, libre, solidario, en ciudadano. De no ser así, se convertirá en un ser egoísta, raro, distante y quizá…en político.
Eugenio-Jesús de Ávila
Los hijos no son de los padres. Los hijos son del Estado. Los nonatos, también. Platón, patrón de todos los totalitarismo, ya no estaba a favor de que los niños fueran educados por sus propios padres. Las izquierdas españolas, muy platónicas, consideran que solo sus docentes deberían formar a los alumnos, más en asignaturas de letras, donde pudiera existir un compromiso político. Los nacionalistas, racistas esenciales, del País Vasco y Cataluña, una vez que el Estado traspasó la Educación a las autonomías, aprovecharon para hacer proselitismo de sus cuentos legendarios. Hay que comerles el coco a los niños, para que su mente se desarrolle conforme al totalitarismo estatal y racial.
Aquí, en esta España en quiebra económica y moral, que siempre antecede a aquella, la izquierda posible gobernó siempre para los intereses del gran capital internacional. Es lo que había. Si Felipe quería desarrollar la nación, con la llegada de las grandes firmas automovilísticas norteamericanas, alemanas, francesas e italiana, no quedaba otro remedio que abrazar un cierto social-liberalismo. Unas cuantas medidas, migajas, para los más humildes, para la clase media, pero la esencia de los ministerios económicos buscaba construir un Estado que facilitase las inversiones a las grandes empresas del mundo mundial. No lo critico. No tenía otra salida. Medidas socialistas puras hubieran condenado a España a ser una nación con numerosas carencias en infraestructuras, comunicación, turismo; un país, en definitiva, tercermundista.
Los socialistas españoles, que solo tenían del PSOE de Largo Caballero las siglas, crearon una nación ideal para el gran capital, hicieron el trabajo sucio. Y siempre fue así. El PP continuó la obra del felipismo. Y, cuando hubo que vender Estado, se vendió. Todos de acuerdo. No hay otro sistema económico posible. Miento: el de Cuba, de Venezuela o Argentina de los Kirchner y Corea del Norte, o el salvaje capitalismo de estado, dirigido por un poderoso Partido Comunistas. El hambre, la dictadura, el corralito, el retraso.
Prosigo: En nuestra democracia solo ha habido una forma de hacer economía, aunque el PSOE de Zapatero gastase cual nuevo rico todos los ahorros del Estado en memeces. Pero siempre dentro de esa economía de mercado. Los remiendos al traje económico los cosía después del PP con más medidas socialdemócratas como sucedió con Montoro. Jamás la persecución fiscal del individuo, del pequeño empresario, alcanzó una cota tan elevada.
Con Pedro Sánchez, antes de la pandemia vírica, también se gastaba a “esgalla” con los famosos decretos de los consejos de ministros de los viernes. De tal manera, España ha elevado su deuda a niveles escandalosos
Pero lo importante para la izquierda, la posibilista y la ultra, la de Podemos, hallase en la educación, en el control desde la tierna infancia de la prole. Nunca hubo una Ley de Educación elaborada por los conservadores. La de Wert apenas pudo aplicarse. Nunca sabremos si hubiera podido sacar a esta España del analfabetismo, del fracaso escolar, de que las universidades españolas hayan llegado a perder su prestigio secular. Las izquierdas consideran, cual Platón, que son las dueñas de los cerebros infantiles para crear después un hombre adulto sin capacidad de reflexionar, de pensar por sí mismo, de gozar de capacidad de crítica. Así se crea el ciudadano del estado totalitario: que no piense, que obedezca, que no disienta del poder, que idolatre a los dirigentes.
La incapacidad de este Gobierno, idéntica a las de las restantes comunidades autónomas, anuncia un curso escolar caótico. La mediocridad ha tomado el poder. Más de un mes y medio comprobando que los rebrotes víricos avanzaban sin que las autoridades educativas se reunieran para abordar una salida al problema y arbitrar soluciones. Como los malos estudiantes que quieren aprobar el examen chapando los temas un día antes, Celaá, la hacendada política vasca de apellido gallego, queda con los consejeros de la cosa educativa para ver, si entre todos, encuentran luz en el túnel de sus carencias intelectuales. No parieron ninguna idea clara, ni un análisis profundo, solo que los padres compren bicicletas, no dijo de qué marca, para llevar a sus hijos al colegio, con el fin de evitar contagios.
Los políticos quieren que haya presencia de alumnos en las aulas. Peligro para docentes, niños, familias, para todo quisque. Da igual. El Estado, si los padres se niegan a que su prole acuda a los colegios, tomará drásticas medidas. Los hijos son del Estado. No lo olvide.
La escuela debería ser el primer centro de socialización del niño. Antes de que el infante se aprenda las vocales, a leer y escribir, el Teorema de Pitágoras o el de Thales, si los verbos terminados en ir se escriben todos con be, menos hervir, servir y vivir y Zamora es provincia leonesa, tiene que aprender a respetar al compañero, jugar con otros niños, compartir. Así se socializará, se convertirá en un adulto abierto, libre, solidario, en ciudadano. De no ser así, se convertirá en un ser egoísta, raro, distante y quizá…en político.
Eugenio-Jesús de Ávila



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.53