LITERATURA
Egoísmo y amor propio
Que nos tachen de “egoístas” es una de las peores etiquetas que nos pueden poner. En general lo asociamos con ser “mezquino”, “ruin” e incluso “mala persona”. Curiosamente, es difícil –por no decir imposible– encontrar a un ser humano que no sea egoísta. De hecho, cada vez que señalamos el egoísmo de otra persona, lo hacemos porque se ha comportado de manera que no nos beneficia o directamente nos perjudica. Así, tildamos de “egoístas” a todos aquellos que piensan más en sus necesidades que en las nuestras. Se supone que para ser buena persona no hay que así. Pero todos conocemos buenas personas que otros tachan de "egoístas". Y entonces me pregunto, ¿hay un egoísmo bueno y otro malo? ¿O hemos confundido desde siempre qué es realmente ser egoísta? ¿Es una línea continua, o estamos hablando de cosas diferentes que hemos mezclado? ¿Cómo diferenciar a alguien egoísta de alguien que tiene un gran mundo interior y sabe bien cómo cuidarlo?
Cuando la novelista y filósofa rusa-americana Ayn Rand publicó su libro “La Virtud del Egoísmo”, su título generó una serie de reacciones poco favorables. Hasta el día de hoy, cuando recomiendo el libro, varias personas me preguntan ¿Qué puedo esperar de una autora que pone al egoísmo como una virtud? “Eso no es nada,” – les respondo – “ella pone al egoísmo como base de su ética.”
El término egoísmo se ha maltratado mucho. Con frecuencia, confundimos egoísmo con amor propio y autocuidado. Pensar en uno todo el tiempo o creerse el centro de todo el universo no es beneficioso. Pero dejarse estar como individuo y dedicar la vida a los demás tampoco. Se ha comprobado que el tiempo que nuestra mente le dedica al resto del mundo, a veces resulta ser demasiado en relación al tiempo que nosotros podríamos necesitar. Para poder ayudar a los demás necesitas estar bien y para transmitir alegría, estar alegre. La importancia de entender el grado de egoísmo exacto para no superar limites esta definido por tu autoestima. Por ello es tan importante comprender en profundidad lo que significa ser egoísta y diferenciarlo de otras que son realmente necesarias para la salud emocional. Cuidarte, cultivarte y dedicarte tiempo y espacio para no dejar en manos de otros tu progreso y tu evolución, está relacionado con el amor y el respeto a uno mismo. Empezar a modificar algunos hábitos, a ser más indulgente contigo, con tus emociones y tus pensamientos, e incluso, si es necesario, empezar a apartar a algunas personas de tu vida, las más dañinas, no es sinónimo de egoísmo.
Desde el auge de las tendencias millenials vivimos tan inmersos en los ideales de vida desarrollados por una generación temerosa y constantemente golpeada por nuevas crisis, que pareciera que nos estamos volviendo una sociedad en la que cualquier comentario dicho al aire afecta a nuestro individualismo. Pero tenemos que ver las cosas como son: el ser humano está perdiendo el valor de compartir, de estar con el otro. “Y eso sucede no sólo porque hemos perdido algunos valores morales y éticos, además de las desigualdades sociales que son mayores que antes, si no porque hemos olvidado cómo fortalecer el autorrespeto, cómo reconocer, sin vergüenza ni temor, las fortalezas y virtudes que poseemos, integrarlas al desarrollo de nuestra vida y volcarlas en los demás de manera afectiva.
La diferencia principal entre una persona egoísta y una persona con amor propio es que, aunque las dos buscan ante todo la propia felicidad, la primera lo hará a través de otros, mientras que la persona con amor propio lo que necesita, lo encuentra en su interior. En nuestra cultura y el sistema educativo no nos enseñan a mirar y cuidar nuestra vida interior. Es como si todo ello se hubiera propuesto alejarnos de nuestro potencial divino. Se nos enseña a comportarnos bien en función de como tratamos a los demás. Es decir, “como nos tratamos a nosotros mismos” queda en segundo plano. Es vital que aprendamos a reconciliarnos con lo importantes y valiosos que somos. Y a diferenciar entre egoísmo y amor propio.
© Emilia Casas Fernández.
Que nos tachen de “egoístas” es una de las peores etiquetas que nos pueden poner. En general lo asociamos con ser “mezquino”, “ruin” e incluso “mala persona”. Curiosamente, es difícil –por no decir imposible– encontrar a un ser humano que no sea egoísta. De hecho, cada vez que señalamos el egoísmo de otra persona, lo hacemos porque se ha comportado de manera que no nos beneficia o directamente nos perjudica. Así, tildamos de “egoístas” a todos aquellos que piensan más en sus necesidades que en las nuestras. Se supone que para ser buena persona no hay que así. Pero todos conocemos buenas personas que otros tachan de "egoístas". Y entonces me pregunto, ¿hay un egoísmo bueno y otro malo? ¿O hemos confundido desde siempre qué es realmente ser egoísta? ¿Es una línea continua, o estamos hablando de cosas diferentes que hemos mezclado? ¿Cómo diferenciar a alguien egoísta de alguien que tiene un gran mundo interior y sabe bien cómo cuidarlo?
Cuando la novelista y filósofa rusa-americana Ayn Rand publicó su libro “La Virtud del Egoísmo”, su título generó una serie de reacciones poco favorables. Hasta el día de hoy, cuando recomiendo el libro, varias personas me preguntan ¿Qué puedo esperar de una autora que pone al egoísmo como una virtud? “Eso no es nada,” – les respondo – “ella pone al egoísmo como base de su ética.”
El término egoísmo se ha maltratado mucho. Con frecuencia, confundimos egoísmo con amor propio y autocuidado. Pensar en uno todo el tiempo o creerse el centro de todo el universo no es beneficioso. Pero dejarse estar como individuo y dedicar la vida a los demás tampoco. Se ha comprobado que el tiempo que nuestra mente le dedica al resto del mundo, a veces resulta ser demasiado en relación al tiempo que nosotros podríamos necesitar. Para poder ayudar a los demás necesitas estar bien y para transmitir alegría, estar alegre. La importancia de entender el grado de egoísmo exacto para no superar limites esta definido por tu autoestima. Por ello es tan importante comprender en profundidad lo que significa ser egoísta y diferenciarlo de otras que son realmente necesarias para la salud emocional. Cuidarte, cultivarte y dedicarte tiempo y espacio para no dejar en manos de otros tu progreso y tu evolución, está relacionado con el amor y el respeto a uno mismo. Empezar a modificar algunos hábitos, a ser más indulgente contigo, con tus emociones y tus pensamientos, e incluso, si es necesario, empezar a apartar a algunas personas de tu vida, las más dañinas, no es sinónimo de egoísmo.
Desde el auge de las tendencias millenials vivimos tan inmersos en los ideales de vida desarrollados por una generación temerosa y constantemente golpeada por nuevas crisis, que pareciera que nos estamos volviendo una sociedad en la que cualquier comentario dicho al aire afecta a nuestro individualismo. Pero tenemos que ver las cosas como son: el ser humano está perdiendo el valor de compartir, de estar con el otro. “Y eso sucede no sólo porque hemos perdido algunos valores morales y éticos, además de las desigualdades sociales que son mayores que antes, si no porque hemos olvidado cómo fortalecer el autorrespeto, cómo reconocer, sin vergüenza ni temor, las fortalezas y virtudes que poseemos, integrarlas al desarrollo de nuestra vida y volcarlas en los demás de manera afectiva.
La diferencia principal entre una persona egoísta y una persona con amor propio es que, aunque las dos buscan ante todo la propia felicidad, la primera lo hará a través de otros, mientras que la persona con amor propio lo que necesita, lo encuentra en su interior. En nuestra cultura y el sistema educativo no nos enseñan a mirar y cuidar nuestra vida interior. Es como si todo ello se hubiera propuesto alejarnos de nuestro potencial divino. Se nos enseña a comportarnos bien en función de como tratamos a los demás. Es decir, “como nos tratamos a nosotros mismos” queda en segundo plano. Es vital que aprendamos a reconciliarnos con lo importantes y valiosos que somos. Y a diferenciar entre egoísmo y amor propio.
© Emilia Casas Fernández.


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.53