REPÚBLICO
Después de 40 años, la mediocridad toma el poder
El deterioro de la democracia española y de su clase política desde los primeros gobiernos de UCD y PSOE hasta este momento deja en evidencia a un sistema que ha tocado fondo
La mediocridad se ha hecho con el poder. Desde los primeros gobiernos de UCD, un partido diseñado para que el socialismo burgués gobernase España, porque el eurocomunismo todavía daba miedo al gran capital; más después los ejecutivos del felipismo, cuajados de cabezas bien amuebladas, personalidades que no necesitaban la política para vivir; los de Aznar, un tipo seco y adusto, pero inteligente porque se rodeó de gente valiosa, todo fue a peor: Zapatero, un mediocre de libro, que llegó al poder después de los salvajes atentados, nunca esclarecidos, del 11-M, formó dos gobiernos que, salvo excepciones, obedecían a su propia vulgaridad; después Rajoy intentó formar ejecutivos con gente valiosa, pero su pasotismo, más la crisis económica heredada y la cobardía ante el cisma catalán, lo condenaron a una moción de censura que alumbró el actual ejecutivo, apoyado por todas las fuerzas independentistas que moran en la nación española.
Con Sánchez y sus cuates se alcanzó la cima del Everest de la vulgaridad. El presidente de Gobierno y sus consejeros áulicos diseñaron un ejecutivo para la propaganda, pero el destino traicionó su futuro: la pandemia vírica desnudó sus carencias. Muchos ministros, demasiados, récord en nuestra democracia; más altos cargos que nunca, más gasto superfluo. Ahora toca solucionar la pandemia económica. ¿Cómo? El dinero de Europa solo salvará a los gobiernos que sepan invertirlo. Tiempo al tiempo.
El español medio, el que no es hincha de partidos de la izquierda, ni se apasiona con las formaciones conservadoras, siente una tremenda orfandad; pues si aquellos son un desastre, los que se oponen, le acojonan. De ahí que cada prójimo vaya a lo suyo. Ni puto caso a las consideraciones de los políticos después del confinamiento. Caos en la Educación. ¿Para qué hay una ministra de la cosa si las autonomías asumieron, ha tiempo, las transferencias? ¿Quién garantiza la salud de alumnos, docentes y familias al cien por cien? ¿El Gobierno central, Illa o el que dijo, a principios de marzo que España solo conocería unos cuantos casos y que las mascarillas no se necesitan, o las comunidades autónomas, refugio de personajes patéticos, políticos sin fuste, sin elegancia, sin talento? Siempre existe la excepción. También en la res pública.
Rebrotes por doquier. Insolidaridad de la loca juventud. Ruina de la hostelería. A las doce todos en casa, como si fuéramos la Cenicienta. Esto es un país de cuento, con sus brujas y brujos, los políticos, y la Blancanieves, que es el pueblo, pero sin los siete enanitos: inteligencia, valentía, verdad, justicia, elegancia, fuerza y honor. Hay gente en este bosque de mentiras de la política nacional que se lo cree. La candidez es un defecto que el mal aprovecha con deleite.
Nuestra democracia perdió la excelencia para asir la vulgaridad. Los españoles, apacentados por las televisiones del poder, atontados con el fútbol, por el Real Madrid o el Barça, o esa extraña opción que es el Atlético de Madrid, tres armas del gran capital, se lo creen todo. Incluso las noticias de una prensa escrita tocada del ala, que no se compra, que se vende al mejor postor, instituciones públicas, al no hallar sustento en la empresa privada.
Mientras, aquí, en la bien cercada, todo sigue igual. Paz. Sosiego. Relax. Optimismo. A la espera de que el Gobierno llegue a acuerdos con cualquiera, incluso con los separatistas, para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, que deberían reflejar dos partidas esenciales para nuestra ciudad y provincia: Recuperación, reconstrucción, restauración de Monte la Reina y transformación de los 60 kms de la N-122, entre Zamora y la frontera lusa en autovía. De la cesión de los terrenos de Adif, nada se sabe.
No dudo de que Bildu, PNV, ERC y demás secesionistas apoyen los PGE 2020, porque, en palabras de la portavoz –portavoza, en particular léxico de la señora de Pablo Iglesias- al Gobierno y la oposición secesionista, les une su amor a España. ¡La madre que me parió! ¡Qué locura de país!
Perdóneseme que sea un mediocre más. No puedo ser diferente. Me perseguirían. El deterioro de esta nación, de su clase política, de los partidos nacionales, del periodismo se apoderaron de mi cabeza, hasta reducirla a su mínima expresión, cual si me hubiesen capturado los jíbaros. El declive de la política, la agonía de esta democracia y el éxito de la mentira me redujeron a la máxima expresión de la vulgaridad.
Eugenio-Jesús de Ávila
La mediocridad se ha hecho con el poder. Desde los primeros gobiernos de UCD, un partido diseñado para que el socialismo burgués gobernase España, porque el eurocomunismo todavía daba miedo al gran capital; más después los ejecutivos del felipismo, cuajados de cabezas bien amuebladas, personalidades que no necesitaban la política para vivir; los de Aznar, un tipo seco y adusto, pero inteligente porque se rodeó de gente valiosa, todo fue a peor: Zapatero, un mediocre de libro, que llegó al poder después de los salvajes atentados, nunca esclarecidos, del 11-M, formó dos gobiernos que, salvo excepciones, obedecían a su propia vulgaridad; después Rajoy intentó formar ejecutivos con gente valiosa, pero su pasotismo, más la crisis económica heredada y la cobardía ante el cisma catalán, lo condenaron a una moción de censura que alumbró el actual ejecutivo, apoyado por todas las fuerzas independentistas que moran en la nación española.
Con Sánchez y sus cuates se alcanzó la cima del Everest de la vulgaridad. El presidente de Gobierno y sus consejeros áulicos diseñaron un ejecutivo para la propaganda, pero el destino traicionó su futuro: la pandemia vírica desnudó sus carencias. Muchos ministros, demasiados, récord en nuestra democracia; más altos cargos que nunca, más gasto superfluo. Ahora toca solucionar la pandemia económica. ¿Cómo? El dinero de Europa solo salvará a los gobiernos que sepan invertirlo. Tiempo al tiempo.
El español medio, el que no es hincha de partidos de la izquierda, ni se apasiona con las formaciones conservadoras, siente una tremenda orfandad; pues si aquellos son un desastre, los que se oponen, le acojonan. De ahí que cada prójimo vaya a lo suyo. Ni puto caso a las consideraciones de los políticos después del confinamiento. Caos en la Educación. ¿Para qué hay una ministra de la cosa si las autonomías asumieron, ha tiempo, las transferencias? ¿Quién garantiza la salud de alumnos, docentes y familias al cien por cien? ¿El Gobierno central, Illa o el que dijo, a principios de marzo que España solo conocería unos cuantos casos y que las mascarillas no se necesitan, o las comunidades autónomas, refugio de personajes patéticos, políticos sin fuste, sin elegancia, sin talento? Siempre existe la excepción. También en la res pública.
Rebrotes por doquier. Insolidaridad de la loca juventud. Ruina de la hostelería. A las doce todos en casa, como si fuéramos la Cenicienta. Esto es un país de cuento, con sus brujas y brujos, los políticos, y la Blancanieves, que es el pueblo, pero sin los siete enanitos: inteligencia, valentía, verdad, justicia, elegancia, fuerza y honor. Hay gente en este bosque de mentiras de la política nacional que se lo cree. La candidez es un defecto que el mal aprovecha con deleite.
Nuestra democracia perdió la excelencia para asir la vulgaridad. Los españoles, apacentados por las televisiones del poder, atontados con el fútbol, por el Real Madrid o el Barça, o esa extraña opción que es el Atlético de Madrid, tres armas del gran capital, se lo creen todo. Incluso las noticias de una prensa escrita tocada del ala, que no se compra, que se vende al mejor postor, instituciones públicas, al no hallar sustento en la empresa privada.
Mientras, aquí, en la bien cercada, todo sigue igual. Paz. Sosiego. Relax. Optimismo. A la espera de que el Gobierno llegue a acuerdos con cualquiera, incluso con los separatistas, para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, que deberían reflejar dos partidas esenciales para nuestra ciudad y provincia: Recuperación, reconstrucción, restauración de Monte la Reina y transformación de los 60 kms de la N-122, entre Zamora y la frontera lusa en autovía. De la cesión de los terrenos de Adif, nada se sabe.
No dudo de que Bildu, PNV, ERC y demás secesionistas apoyen los PGE 2020, porque, en palabras de la portavoz –portavoza, en particular léxico de la señora de Pablo Iglesias- al Gobierno y la oposición secesionista, les une su amor a España. ¡La madre que me parió! ¡Qué locura de país!
Perdóneseme que sea un mediocre más. No puedo ser diferente. Me perseguirían. El deterioro de esta nación, de su clase política, de los partidos nacionales, del periodismo se apoderaron de mi cabeza, hasta reducirla a su mínima expresión, cual si me hubiesen capturado los jíbaros. El declive de la política, la agonía de esta democracia y el éxito de la mentira me redujeron a la máxima expresión de la vulgaridad.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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