NOCTURNOS
Prohibido amar
Sé vivir sin ti. Pero la vida me resulta más aburrida, como si fuese un niño triste y enfermizo, un traje de faralaes sin lunares, una abeja sin enjambre, un infante sin el beso de su mamá. Tú me despertaste del letargo del sexo más prosaico, de una forma de amar sin amor, de la vulgaridad sexual, de la cópula grotesca, de la caricia burda. Me convertiste en un caballero, protegido por el peto de la delicadeza y el espaldar de la pasión lírica, al que oxigenaba respirarte, alimentaba el tono de tu voz y escribía con la tinta de tu saliva.
Ahora soy otro, pero sin tu presencia. Quién no me conozca, pensará que soy un hombre dichoso, un triunfador, una persona admirada y querida. Se equivocan. Llevo el alma atravesada por la melancolía. Arrastro la impotencia de la ucronía erótica. Amo, a mi manera, por inercia. Voy, pero jamás llego. Vivo, pero sin ganas, porque me toca, hasta que las parcas vengan a buscarme. Esa noche, no les impediré que me lleven para siempre al otro lado de la nada. Quise amar. Me lo prohibieron. Me lo prohibiste.
Eugenio-Jesús de Ávila
Sé vivir sin ti. Pero la vida me resulta más aburrida, como si fuese un niño triste y enfermizo, un traje de faralaes sin lunares, una abeja sin enjambre, un infante sin el beso de su mamá. Tú me despertaste del letargo del sexo más prosaico, de una forma de amar sin amor, de la vulgaridad sexual, de la cópula grotesca, de la caricia burda. Me convertiste en un caballero, protegido por el peto de la delicadeza y el espaldar de la pasión lírica, al que oxigenaba respirarte, alimentaba el tono de tu voz y escribía con la tinta de tu saliva.
Ahora soy otro, pero sin tu presencia. Quién no me conozca, pensará que soy un hombre dichoso, un triunfador, una persona admirada y querida. Se equivocan. Llevo el alma atravesada por la melancolía. Arrastro la impotencia de la ucronía erótica. Amo, a mi manera, por inercia. Voy, pero jamás llego. Vivo, pero sin ganas, porque me toca, hasta que las parcas vengan a buscarme. Esa noche, no les impediré que me lleven para siempre al otro lado de la nada. Quise amar. Me lo prohibieron. Me lo prohibiste.
Eugenio-Jesús de Ávila
















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