LITERATURA
La inspiración es la savia de los creadores
Todos los escritores tienen por misión ensanchar el mundo. La mitad de ellos se mantiene fiel al principio de hacerlo crecer hacia dentro, explorando las relaciones humanas y ampliando el ámbito de las pasiones, los hechos y la sensibilidad del espíritu. La otra mitad, además, también se expande hacia afuera, aumentando el número de cosas que les habitan o produciendo incluso nuevos mundos de la nada.
Cuando tropezamos con una idea, cuando nos cae del cielo casi entera de manera que parece que basta con que corramos a anotarla antes de que dejemos de percibirla con tal claridad, no sólo no nos preguntamos más que vagamente por sus orígenes sino que, incluso por superstición, la protegemos enseguida de cuestionamientos y dudas y tratamos de blindarla cuanto antes construyendo a su alrededor, al menos en esbozo, todo el mundo de personajes, sitios, tramas y relaciones a través del que se desarrollará por completo. Es una inspiración inesperada, en la cuál, las Musas tienen un papel importante; pero éstas son elusivas, extrañas y caprichosas. Por más que las llames, no vendrán cuando las invoques, sino que aparecerán como flashes de ingenio en situaciones impredecibles y, quizá, poco favorables. Sin embargo, cuando aparecen pueden marcar la base de tus mejores historias. Jamás deberías creer ciegamente en ellas más que para arrancar una obra, porque son pésimas consejeras para mantener una narrativa coherente y poderosa. Serían mucho más confiables si no fuera por el hecho de que aparecen y se van cuando les da la gana. De hecho, a veces ni siquiera se quedan el tiempo suficiente para darte una idea completa, sino que ponen migajas de una y te hacen perseguirlas. El problema de esto es que si te dedicas a esperarlas, tus historias avanzarán más lento que un caracol, y jamás lograrás terminar una sola de ellas, porque las ideas al azar siempre añaden rutas literarias, pero las entrelazan sin cuidado ni metodología, haciendo que choquen entre sí sin ton ni son. A mi ver, siempre deben ser evaluadas con escepticismo, y tomarte muy en serio la labor de proteger a tus personajes de las propuestas que te hagan estas diosas ¿por qué?. Porque vivimos con ellos, sentimos por ellos, sufrimos sus tristezas, nos revolcamos en sus miserias... Uno puede imaginar un sonido, un sabor, un olor, una sensación física, un sentimiento o una emoción; pero como no entrenes a las Musas o a ti mismo para no caer en sus juegos más pícaros; tendrás que perseguirlas siempre.
¿Cómo se entrenan? Con imaginación. Nos ayuda a crear situaciones que justifiquen la corriente de sentido que subyace bajo todo buen texto literario. Creo que es la facultad más importante del escritor. Es tan potente, que motiva una respuesta dentro del cerebro muy similar a la que se apreciaría en el caso de que el hecho estuviera pasando realmente frente a él. Gracias a ella nos comunicamos con el lector a través de un idioma único: el lenguaje del alma. Cuando las Musas se dan cuenta de ésto no te abandonarán y solo entonces serán una herramienta favorable para ti. Durante el confinamiento siempre me acompañaron y realmente a mí no me afectó porque en realidad mi existencia consiste en confinarme para escribir. Así que el encierro ha dado mucho de sí y a pesar de la tristeza de encontrar librerías cerradas, editoriales pequeñas que han dejado de publicar… pronto verán la luz ésos escritos.
Desde la atenta mirada de mi Musa, que por fin han comprendido que el trabajo en equipo con el autor, es importante. Y con la certeza de que sin imaginación, no existiríamos la una sin la otra, hemos aprendido a escuchamos; porque ambas tenemos un mismo objetivo: Contar una historia.
© Emilia Casas Fernández.
Todos los escritores tienen por misión ensanchar el mundo. La mitad de ellos se mantiene fiel al principio de hacerlo crecer hacia dentro, explorando las relaciones humanas y ampliando el ámbito de las pasiones, los hechos y la sensibilidad del espíritu. La otra mitad, además, también se expande hacia afuera, aumentando el número de cosas que les habitan o produciendo incluso nuevos mundos de la nada.
Cuando tropezamos con una idea, cuando nos cae del cielo casi entera de manera que parece que basta con que corramos a anotarla antes de que dejemos de percibirla con tal claridad, no sólo no nos preguntamos más que vagamente por sus orígenes sino que, incluso por superstición, la protegemos enseguida de cuestionamientos y dudas y tratamos de blindarla cuanto antes construyendo a su alrededor, al menos en esbozo, todo el mundo de personajes, sitios, tramas y relaciones a través del que se desarrollará por completo. Es una inspiración inesperada, en la cuál, las Musas tienen un papel importante; pero éstas son elusivas, extrañas y caprichosas. Por más que las llames, no vendrán cuando las invoques, sino que aparecerán como flashes de ingenio en situaciones impredecibles y, quizá, poco favorables. Sin embargo, cuando aparecen pueden marcar la base de tus mejores historias. Jamás deberías creer ciegamente en ellas más que para arrancar una obra, porque son pésimas consejeras para mantener una narrativa coherente y poderosa. Serían mucho más confiables si no fuera por el hecho de que aparecen y se van cuando les da la gana. De hecho, a veces ni siquiera se quedan el tiempo suficiente para darte una idea completa, sino que ponen migajas de una y te hacen perseguirlas. El problema de esto es que si te dedicas a esperarlas, tus historias avanzarán más lento que un caracol, y jamás lograrás terminar una sola de ellas, porque las ideas al azar siempre añaden rutas literarias, pero las entrelazan sin cuidado ni metodología, haciendo que choquen entre sí sin ton ni son. A mi ver, siempre deben ser evaluadas con escepticismo, y tomarte muy en serio la labor de proteger a tus personajes de las propuestas que te hagan estas diosas ¿por qué?. Porque vivimos con ellos, sentimos por ellos, sufrimos sus tristezas, nos revolcamos en sus miserias... Uno puede imaginar un sonido, un sabor, un olor, una sensación física, un sentimiento o una emoción; pero como no entrenes a las Musas o a ti mismo para no caer en sus juegos más pícaros; tendrás que perseguirlas siempre.
¿Cómo se entrenan? Con imaginación. Nos ayuda a crear situaciones que justifiquen la corriente de sentido que subyace bajo todo buen texto literario. Creo que es la facultad más importante del escritor. Es tan potente, que motiva una respuesta dentro del cerebro muy similar a la que se apreciaría en el caso de que el hecho estuviera pasando realmente frente a él. Gracias a ella nos comunicamos con el lector a través de un idioma único: el lenguaje del alma. Cuando las Musas se dan cuenta de ésto no te abandonarán y solo entonces serán una herramienta favorable para ti. Durante el confinamiento siempre me acompañaron y realmente a mí no me afectó porque en realidad mi existencia consiste en confinarme para escribir. Así que el encierro ha dado mucho de sí y a pesar de la tristeza de encontrar librerías cerradas, editoriales pequeñas que han dejado de publicar… pronto verán la luz ésos escritos.
Desde la atenta mirada de mi Musa, que por fin han comprendido que el trabajo en equipo con el autor, es importante. Y con la certeza de que sin imaginación, no existiríamos la una sin la otra, hemos aprendido a escuchamos; porque ambas tenemos un mismo objetivo: Contar una historia.
© Emilia Casas Fernández.


















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