MI VECINA MARISOL
Vuelta a las aulas y...a los hospitales
Pues sí, estamos de vuelta a los colegios, institutos, universidades ... y, desgraciadamente también a los hospitales. No necesariamente una cosa es consecuencia de la otra pero es así.
-Pero no estamos en ninguna “nueva normalidad”, estamos en una anormalidad absoluta, le guste a la esfinge Sánchez o no-, así de contundente se me presentó mi vecina Marisol en cuanto me echó la vista encima.
No se puede aceptar como normalidad que los alumnos, profesores, asistentes y ayudantes, tengan que acudir a las aulas con las mascarillas, guardando las distancias preventivas, sin la posibilidad de darse un abrazo después de tantos meses sin verse, haciendo unos recorridos de ida y vuelta que parecen los de aquel concurso de Emilio Aragón, El Juego de la Oca. No estoy demonizando en contra de esas medidas, ni mucho menos, todo lo contrario, pero ni esto es normal ni es lo único importante que hay que hacer para el retorno a la educación y no es así.
Esa es la tarea que le han dejado a los docentes y a los padres, tomar la temperatura a los alumnos, procurar que no se toquen, que no compartan ni la goma de borrar, que se laven las manos cinco veces durante el horario lectivo, que circulen por la flechas que se le indican en el suelo, que salgan al recreo a distintas horas para que ni se crucen, que no jueguen al fútbol, ni a la comba, ni al castro -¡qué antiguo eres, Kebedo, ya nadie juega a la comba!-, me espeta Marisol. Bueno, pues ni eso.
Pero eso no es lo más importante, que sí que lo es, pero se han olvidado de los recursos. Para hacer todo este protocolo hace falta disponer de más centros, de más profesorado, de más asistentes y de más elementos de enseñanza y eso supone más dinero, más recursos económicos y de eso se ha olvidado. Le han dejado la tarea a los educadores sin proveerlos de medios para que la lleven a cabo y eso es una vergüenza. Y este problema no es nuevo, la enseñanza es una de las asignaturas pendientes de la sociedad española desde hace muchísimos años. Estamos en un retraso monumental de preparación y conocimientos con respecto a los países de nuestro entorno y, en lugar de invertir más para paliar esa diferencia, reducimos el presupuesto en enseñanza. Ahora mismo estamos 1,5 puntos por debajo de la media de la OCDE en inversión para enseñanza … y bajando. ¿A quién le importa eso?, ni al “tato”.
Y por otro lado estamos llenando de nuevo los hospitales de contagiados, de nuevos brotes, de las consecuencias de los descerebrados que no hacen más que propagar el contagio a su libre albedrio como si no hubiese pasado nada, como si no hubiésemos tenido muertos, ni enfermos con secuelas, ni personal sanitario sobrepasado dando hasta la última gota de sudor por salvar las vidas que otros se empeñan en estropear.
Y en este punto también faltan refuerzos, sobre todo de refuerzos humanos. Hemos conseguido hacer los PCR´s a un gran número de individuos, es más, ahora somos de los primeros países en realización de éste tipo de pruebas, pero ahora fallamos en los rastreadores, es decir, en el seguimiento y control de los analizados. Y sobre todo fallamos en el refuerzo del personal médico. ¿Por qué no se han ampliado las plantillas de los sanitarios?, ¿es que no nos sirvió de ejemplo los apuros de la primera oleada?, ¿no nos dimos cuenta de que nos hacía falta muchísimo más personal?. Y la causa es la misma, la falta de inversión.
-¿A qué estamos esperando?-, me apunta inmediatamente mi vecina, -¿Cuándo va a llegar el dinero para los refuerzos de la enseñanza y de la sanidad?-, insiste. -Si la comunidad europea ya ha liberado fondos para estas causas y países, como Alemania, han destinado dineros para reforzar las asistencias sanitarias, ¿por qué tardamos tanto en España en hacer lo mismo?-.
Razón tiene Marisol, siempre estamos a la zaga en cuanto a reparto d dineros se refiere y no queremos pensar mal. Y aquí son todos culpables, desde el gobierno central hasta los autonómicos, nadie se ha adelantado, nadie se ha mojado y se ha hecho cargo de la delicada situación que tenemos. Hay que adelantarse y poner los medios necesarios. Hay que volver a contratar a los sanitarios que nunca debieron ser despedidos después de acabar con el estado de alerta. Debieron quedarse a reforzar y dar descanso que los que se dejaron la piel durante esos meses angustiosos de lucha para bajar la dichosa curva. Debieron quedarse en el sistema, máxime cuando ya se sabía que esta segunda oleada iba a llegar tarde o temprano.
Y lo mismo con la educación. ¿No se sabía ya que cuando empezase el nuevo curso iba a haber unas restricciones en cuanto a distancias, protocolos de limpieza, tomas de temperaturas, etc., y que todo eso se traduciría en contratación de nuevos docentes?. ¿Por qué se ha esperado a última ultimísima hora para darnos cuenta de que los espacios son insuficientes y hay que hay que ampliar tanto espacios como tiempos par pode cumplir con las ratios profesor-alumno?.
-¿Por qué tenemos que dejarlo todo para improvisar al final?-, apostilla Marisol.
Es mucha la rabia que tiene mi vecina por estas cosas que, pareciendo elementales, se convierten en absurdos problemas que no deberían aparecer nunca. No aprendemos. No aprenden nuestros políticos, tanto los del gobierno central como de los autonómicos, solo se preocupan de echarle la culpa al de enfrente sin detenerse ni un momento en pensar en lo que podría haber hecho en primera persona.
Nuestros hospitales están empezando a llenarse de nuevo y la oleada no ha hecho nada más que empezar.
-.¿A qué vamos a esperar, a que IFEMA se llene de ataúdes otra vez?-, dijo mi vecina bufando mientras se iba con cajas destempladas y con toda la razón.
Kebedo.
Pues sí, estamos de vuelta a los colegios, institutos, universidades ... y, desgraciadamente también a los hospitales. No necesariamente una cosa es consecuencia de la otra pero es así.
-Pero no estamos en ninguna “nueva normalidad”, estamos en una anormalidad absoluta, le guste a la esfinge Sánchez o no-, así de contundente se me presentó mi vecina Marisol en cuanto me echó la vista encima.
No se puede aceptar como normalidad que los alumnos, profesores, asistentes y ayudantes, tengan que acudir a las aulas con las mascarillas, guardando las distancias preventivas, sin la posibilidad de darse un abrazo después de tantos meses sin verse, haciendo unos recorridos de ida y vuelta que parecen los de aquel concurso de Emilio Aragón, El Juego de la Oca. No estoy demonizando en contra de esas medidas, ni mucho menos, todo lo contrario, pero ni esto es normal ni es lo único importante que hay que hacer para el retorno a la educación y no es así.
Esa es la tarea que le han dejado a los docentes y a los padres, tomar la temperatura a los alumnos, procurar que no se toquen, que no compartan ni la goma de borrar, que se laven las manos cinco veces durante el horario lectivo, que circulen por la flechas que se le indican en el suelo, que salgan al recreo a distintas horas para que ni se crucen, que no jueguen al fútbol, ni a la comba, ni al castro -¡qué antiguo eres, Kebedo, ya nadie juega a la comba!-, me espeta Marisol. Bueno, pues ni eso.
Pero eso no es lo más importante, que sí que lo es, pero se han olvidado de los recursos. Para hacer todo este protocolo hace falta disponer de más centros, de más profesorado, de más asistentes y de más elementos de enseñanza y eso supone más dinero, más recursos económicos y de eso se ha olvidado. Le han dejado la tarea a los educadores sin proveerlos de medios para que la lleven a cabo y eso es una vergüenza. Y este problema no es nuevo, la enseñanza es una de las asignaturas pendientes de la sociedad española desde hace muchísimos años. Estamos en un retraso monumental de preparación y conocimientos con respecto a los países de nuestro entorno y, en lugar de invertir más para paliar esa diferencia, reducimos el presupuesto en enseñanza. Ahora mismo estamos 1,5 puntos por debajo de la media de la OCDE en inversión para enseñanza … y bajando. ¿A quién le importa eso?, ni al “tato”.
Y por otro lado estamos llenando de nuevo los hospitales de contagiados, de nuevos brotes, de las consecuencias de los descerebrados que no hacen más que propagar el contagio a su libre albedrio como si no hubiese pasado nada, como si no hubiésemos tenido muertos, ni enfermos con secuelas, ni personal sanitario sobrepasado dando hasta la última gota de sudor por salvar las vidas que otros se empeñan en estropear.
Y en este punto también faltan refuerzos, sobre todo de refuerzos humanos. Hemos conseguido hacer los PCR´s a un gran número de individuos, es más, ahora somos de los primeros países en realización de éste tipo de pruebas, pero ahora fallamos en los rastreadores, es decir, en el seguimiento y control de los analizados. Y sobre todo fallamos en el refuerzo del personal médico. ¿Por qué no se han ampliado las plantillas de los sanitarios?, ¿es que no nos sirvió de ejemplo los apuros de la primera oleada?, ¿no nos dimos cuenta de que nos hacía falta muchísimo más personal?. Y la causa es la misma, la falta de inversión.
-¿A qué estamos esperando?-, me apunta inmediatamente mi vecina, -¿Cuándo va a llegar el dinero para los refuerzos de la enseñanza y de la sanidad?-, insiste. -Si la comunidad europea ya ha liberado fondos para estas causas y países, como Alemania, han destinado dineros para reforzar las asistencias sanitarias, ¿por qué tardamos tanto en España en hacer lo mismo?-.
Razón tiene Marisol, siempre estamos a la zaga en cuanto a reparto d dineros se refiere y no queremos pensar mal. Y aquí son todos culpables, desde el gobierno central hasta los autonómicos, nadie se ha adelantado, nadie se ha mojado y se ha hecho cargo de la delicada situación que tenemos. Hay que adelantarse y poner los medios necesarios. Hay que volver a contratar a los sanitarios que nunca debieron ser despedidos después de acabar con el estado de alerta. Debieron quedarse a reforzar y dar descanso que los que se dejaron la piel durante esos meses angustiosos de lucha para bajar la dichosa curva. Debieron quedarse en el sistema, máxime cuando ya se sabía que esta segunda oleada iba a llegar tarde o temprano.
Y lo mismo con la educación. ¿No se sabía ya que cuando empezase el nuevo curso iba a haber unas restricciones en cuanto a distancias, protocolos de limpieza, tomas de temperaturas, etc., y que todo eso se traduciría en contratación de nuevos docentes?. ¿Por qué se ha esperado a última ultimísima hora para darnos cuenta de que los espacios son insuficientes y hay que hay que ampliar tanto espacios como tiempos par pode cumplir con las ratios profesor-alumno?.
-¿Por qué tenemos que dejarlo todo para improvisar al final?-, apostilla Marisol.
Es mucha la rabia que tiene mi vecina por estas cosas que, pareciendo elementales, se convierten en absurdos problemas que no deberían aparecer nunca. No aprendemos. No aprenden nuestros políticos, tanto los del gobierno central como de los autonómicos, solo se preocupan de echarle la culpa al de enfrente sin detenerse ni un momento en pensar en lo que podría haber hecho en primera persona.
Nuestros hospitales están empezando a llenarse de nuevo y la oleada no ha hecho nada más que empezar.
-.¿A qué vamos a esperar, a que IFEMA se llene de ataúdes otra vez?-, dijo mi vecina bufando mientras se iba con cajas destempladas y con toda la razón.
Kebedo.



















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