CON LOS CINCO SENTIDOS
Si yo tuviera un arma
A veces, muchas, no reparamos en la sociedad en la que vivimos, ni la valoramos aunque tenga grandísimas carencias, que las tiene. Es medianamente estructurada, la gente, excepto algún inepto, suele ser de lo más educada y cordial y puedes salir cualquier día a la calle a disfrutar de la gran suerte de vivir en España. Puedes salir a tomar unos vinos con amigos sin que, salvando al típico “baboso” de turno, se te fastidie la tarde o la noche. Ahora en estos tiempos de virus, menos, pero tengo fe en que esto pasará en algún momento no muy lejano y con ese pensamiento me voy a dormir cada noche de cada puñetero día. No me quedan más opciones mentales.
Nuestros colegios e institutos son seguros (salvando que en situación de pandemia, ¿qué hay seguro?) y cuando sucede algún incidente, cada vez menos aislado (es lo que tiene la maldita americanización del mundo que nos pretenden imponer o nos imponemos por un absurdo sentido de inferioridad del español de bien) que da al traste con todo y nos pone de patitas en la línea de salida, porque hemos sido tontos a la manera americana. Antes, recuerdo que en clase siempre existían ciertas “figuras estándar” de alumnos, me explico: el de pueblo, el pijo urbanita, el heavy, el popular, el broncas, el friki y los tímidos a secas. Nos reconocíamos y sabíamos qué tecla no debíamos tocar para despertar a la bestia que cada grupito o individualidad llevaba dentro.
Hoy hay un país que lo está haciendo rematadamente mal, serán la democracia más antigua del mundo, o eso dicen, pero es tan antigua que se comportan como los antiguos colonos defendiendo sus casas y su vida, en un mundo en el que eso ya no tiene sentido alguno.
Las armas matan. Matan. Y no lo cuentas. Los ingleses vienen a España a ponernos verdes en sus grandes y reputados periódicos y cadenas, para luego emborracharse como piojos porque en su país beben como piojos, pero aquí, lo pueden hacer hasta más tarde. En Estados Unidos pasa algo similar con las armas, esa puñetera enmienda que permite a cada americano portar un arma para su propia defensa no tiene sentido. ¿Para qué entonces tanto Cuerpo Policial o Agencia gubernamental especializada?: CIA, FBI, DEA, NCIS, Policía Estatal, Policía Local, etc. ¿De qué sirven entonces todos esos funcionarios del Gobierno de los maravillosos y envidiables Estados Unidos, que nos dejan boquiabiertos con sus impactantes y arrolladoras películas y series de gran presupuesto?
Si en España tuviéramos algo parecido a la Segunda Enmienda americana, quizá sí, quizá no, aún siendo mediterráneos y de sangre caliente, les daríamos lecciones de saber estar y de saber hacer. Esto no es el Bronx, ni uno de tantos institutos donde abundan las matanzas de chavales que sólo van a estudiar, joder, a estudiar. No cometamos el inmenso error de envidiarlos porque son mediocres. Somos la vieja Europa, la que ensenó al mundo desde Grecia y Roma la cultura y el arte en cualquiera de sus manifestaciones. Pero ni vamos matando gente porque no tenemos armas en casa por “derecho”, ni nos ponemos borrachos como piojos por sistema, y mucho menos, somos vagos. Por ahí sí que no paso. De vagos, nada de nada. Aprended yankees, porque lo único en lo que nos podéis superar es en poderío económico y en barbarie. Nada más. Con el dinero se compra de todo, hasta voluntades, cuerpos, mentes... Estados Unidos es el país más mojigato que conozco con la industria del porno más potente del mundo, interesante y devastadora paradoja.
Donald Trump es un inepto, inculto, ególatra e imbécil que gobierna el país más desigual del mundo en términos económicos. Es como un niño cabrón a los mandos de un F-22, con acceso a disparar sin mesura tantas veces como tantos negros, latinos y pobres se encuentre mientras sobrevuela su arrogancia por encima de científicos, ilustres escritores, periodistas libres que allí no lo son ya y mujeres colagenizadas y recauchutadas, con los senos de plástico, afianzando un patrón machista repugnante y vomitivo.
Pues sí, ese repulsivo ser gobierna el país más rico del mundo. Ahora vas y le dices a tu hijo que hay que estudiar y labrarse un futuro a golpe de desgaste de coderas en mesa frente a libro. En un mundo en el que cualquier gilipollas haciendo el ganso gana más que lo que jamás podamos llegar a soñar los que trabajamos de verdad.
Suma y sigue. Si encima es con armas, ve apagando la luz para que nos iluminen las ráfagas de los disparos de indolencia, ficticia superioridad y falta de talento reconocible. Hartazgo.
Nélida L. del Estal Sastre
A veces, muchas, no reparamos en la sociedad en la que vivimos, ni la valoramos aunque tenga grandísimas carencias, que las tiene. Es medianamente estructurada, la gente, excepto algún inepto, suele ser de lo más educada y cordial y puedes salir cualquier día a la calle a disfrutar de la gran suerte de vivir en España. Puedes salir a tomar unos vinos con amigos sin que, salvando al típico “baboso” de turno, se te fastidie la tarde o la noche. Ahora en estos tiempos de virus, menos, pero tengo fe en que esto pasará en algún momento no muy lejano y con ese pensamiento me voy a dormir cada noche de cada puñetero día. No me quedan más opciones mentales.
Nuestros colegios e institutos son seguros (salvando que en situación de pandemia, ¿qué hay seguro?) y cuando sucede algún incidente, cada vez menos aislado (es lo que tiene la maldita americanización del mundo que nos pretenden imponer o nos imponemos por un absurdo sentido de inferioridad del español de bien) que da al traste con todo y nos pone de patitas en la línea de salida, porque hemos sido tontos a la manera americana. Antes, recuerdo que en clase siempre existían ciertas “figuras estándar” de alumnos, me explico: el de pueblo, el pijo urbanita, el heavy, el popular, el broncas, el friki y los tímidos a secas. Nos reconocíamos y sabíamos qué tecla no debíamos tocar para despertar a la bestia que cada grupito o individualidad llevaba dentro.
Hoy hay un país que lo está haciendo rematadamente mal, serán la democracia más antigua del mundo, o eso dicen, pero es tan antigua que se comportan como los antiguos colonos defendiendo sus casas y su vida, en un mundo en el que eso ya no tiene sentido alguno.
Las armas matan. Matan. Y no lo cuentas. Los ingleses vienen a España a ponernos verdes en sus grandes y reputados periódicos y cadenas, para luego emborracharse como piojos porque en su país beben como piojos, pero aquí, lo pueden hacer hasta más tarde. En Estados Unidos pasa algo similar con las armas, esa puñetera enmienda que permite a cada americano portar un arma para su propia defensa no tiene sentido. ¿Para qué entonces tanto Cuerpo Policial o Agencia gubernamental especializada?: CIA, FBI, DEA, NCIS, Policía Estatal, Policía Local, etc. ¿De qué sirven entonces todos esos funcionarios del Gobierno de los maravillosos y envidiables Estados Unidos, que nos dejan boquiabiertos con sus impactantes y arrolladoras películas y series de gran presupuesto?
Si en España tuviéramos algo parecido a la Segunda Enmienda americana, quizá sí, quizá no, aún siendo mediterráneos y de sangre caliente, les daríamos lecciones de saber estar y de saber hacer. Esto no es el Bronx, ni uno de tantos institutos donde abundan las matanzas de chavales que sólo van a estudiar, joder, a estudiar. No cometamos el inmenso error de envidiarlos porque son mediocres. Somos la vieja Europa, la que ensenó al mundo desde Grecia y Roma la cultura y el arte en cualquiera de sus manifestaciones. Pero ni vamos matando gente porque no tenemos armas en casa por “derecho”, ni nos ponemos borrachos como piojos por sistema, y mucho menos, somos vagos. Por ahí sí que no paso. De vagos, nada de nada. Aprended yankees, porque lo único en lo que nos podéis superar es en poderío económico y en barbarie. Nada más. Con el dinero se compra de todo, hasta voluntades, cuerpos, mentes... Estados Unidos es el país más mojigato que conozco con la industria del porno más potente del mundo, interesante y devastadora paradoja.
Donald Trump es un inepto, inculto, ególatra e imbécil que gobierna el país más desigual del mundo en términos económicos. Es como un niño cabrón a los mandos de un F-22, con acceso a disparar sin mesura tantas veces como tantos negros, latinos y pobres se encuentre mientras sobrevuela su arrogancia por encima de científicos, ilustres escritores, periodistas libres que allí no lo son ya y mujeres colagenizadas y recauchutadas, con los senos de plástico, afianzando un patrón machista repugnante y vomitivo.
Pues sí, ese repulsivo ser gobierna el país más rico del mundo. Ahora vas y le dices a tu hijo que hay que estudiar y labrarse un futuro a golpe de desgaste de coderas en mesa frente a libro. En un mundo en el que cualquier gilipollas haciendo el ganso gana más que lo que jamás podamos llegar a soñar los que trabajamos de verdad.
Suma y sigue. Si encima es con armas, ve apagando la luz para que nos iluminen las ráfagas de los disparos de indolencia, ficticia superioridad y falta de talento reconocible. Hartazgo.
Nélida L. del Estal Sastre




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.149