Eugenio de Ávila
Viernes, 18 de Septiembre de 2020
REPÚBLICO

Yo también me rebelo

[Img #43835]Cuando en una nación como España los que ocupan las instituciones lanzan el grito: “¡Rebélate!”, algo grave ocurre en la res pública. Lógico que se rebelen los oprimidos, los humildes, los parados, los jubilados que cobran una pensión de hambre. Pero si los que manejan la política lanzan un grito de rebelión, por cierto, contra quién, me obligarán a revisar, de nuevo, la gran película “Rebelde sin causa”, dirigida por Nicholas Ray, protagonizada por James Dean, un retrato de la juventud burguesa norteamericana de la década de los 50. Ahora sucede algo parecido: los pequeños burgueses, una clase particularmente egoísta  para Marx, quieren conjugar el verbo rebelar en presente y futuro.

Tuve un profesor de Filosofía en el bachiller que solía decirnos aquello de que esta vida no consiste en sentarse en un queso y comer de otro. Eso les pasa a los revolucionarios de pacotilla, que, desde sus poltronas, aspiran a vivir del cuento de representar a obreros –proletariado-, a la gente humilde, a los pobres, sin perder lujo, privilegios, prebendas, mansiones de ricos y sueldos de técnicos superiores de las empresas privadas.

Todo es mentira. La izquierda española, antaño gloriosa, la que luchó contra el franquismo para implantar la dictadura del proletariado, después de más de 40 años de democracia, se va colando por el sumidero de la historia. Solo existe la propaganda, el chaqué con el que se viste la mentira para parecer verdad. Sin talento para la gestión, todos los días le echan una película del oeste al pueblo estabulado, que digiera mucho mejor la trola que la verdad. Los grandes empresarios, los del IBEX, apoyan las directrices del sanchismo, que nunca tocará sus privilegios, sus plusvalías, sus contratos basura, aunque Iglesias se reúna con los hijos y los hermanos del terror y los herederos del fascismo catalán, un charnego de la ERC, la formación que mataba anarquistas en Barcelona, y, de vez en cuando, pronuncie exabruptos con el gran capital y alabe a Maduro, a cuyo régimen acusa las Naciones Unidas de “crímenes contra la Humanidad”.

Yo me rebelo contra la prensa cobista, como buena parte de la local, que le reían los chistes a Rajoy y Maíllo y ahora a Sánchez y Antidio Fagúndez. Yo me rebelo contra la izquierda que insultó a Julio Anguita, la que potenció los nacionalismos racistas y asesinos, como lo que representa Bildu. Yo me rebelo con el PSOE de Andalucía, protagonista del mayor caso de corrupción de la democracia, EREs, donde el dinero para los más pobres se repartió entre sus amigos y militancia.  Yo me rebelo contra una derecha que se avergüenza de su ideología, que admite su inferioridad moral ante una izquierda que idolatra a monstruos como Lenin y Stalin, Mao o cualquier otro dictador caribeño. Yo me rebelo contra un PP cobarde, atemorizado, que, cuando gobernó, transigió con todas las leyes del zapaterismo. Yo me rebelo contra un sistema que prima a los poderosos y condena a la pobreza a las clases medias y más bajas. Yo me rebelo contra la mentira, ruin vencedora de la verdad en el campo de batalla de la política española. Yo me rebelo contra los caciques zamoranos que prefirieron que esta ciudad y su provincia menguaran, porque ellos vivían ya en el paraíso, y los obreros les podrían incomodar en bares y cafeterías, espectáculos, calles y plazas. Yo me rebelo contra todo político que, una vez alcanzado el poder, se olvidó de quienes lo eligieron. Yo me rebelo contra mí mismo por  haber trabajado en medios de comunicación donde me censuraron y haberme echado por desobedecer las órdenes del editor capitalista. Yo me rebelaré contra todo poder que engañe a los ciudadanos, tergiverse la realidad y aspira a perpetuarse en las instituciones públicas. Yo me rebelaré incluso cuando solo sea ceniza cabalgando en el corcel de Eolo.

Eugenio-Jesús de Ávila

 

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