COSAS MÍAS
Ser de derechas debe ser de malas personas
Si yo fuese un miembro de la tribu amazónica Tiracambu, un pigmeo o bosquimano africano, o un esquimal, y me trasladaran a España, al poco tiempo de encontrarme en esta nación europea, rodeado de medios de comunicación, emisoras, periódicos, televisiones, caería en la cuenta que las personas de derechas, conservadoras, liberales son muy malas, y que las de izquierdas, como socialistas, comunistas, anarquistas, incluso los etarras, son excelentes, superiores moralmente e incluso, en algunos casos, si son catalanes o vascos, también física e intelectualmente.
Nunca he sido de derechas. Fui de izquierdas hasta que tuve uso de razón. Ahora me trae sin cuidado esta definición ideológica. Solo creo en los hechos. Soy un apóstol Tomás ateo. Pero, mi experiencia, algo empírico, me ha demostrado que a los poetas, cineastas, novelistas, periodistas e intelectuales que se confiesan conservadores, o, al menos, que no muestran sus simpatías por alguna de las izquierdas, a juicio de Gustavo Bueno, existen siete, número muy especial, nunca adquieren la consideración de la prensa progresista.
Ser de izquierdas, por el contrario, significa que, si eres periodista, se te califica de brillante, excelso, genio; si escribes novelas, como sucedía antaño con Benet, un verdadero coñazo al que un servidor leía como si fuera un dios, un Cervantes, un Quevedo, un Proust, un talento, un portento; si te dio por la cinematografía, caso de Bardem, el tío del actor, al que El País califica de intelectual, director de cine que rodó películas durante el franquismo, también se te eleva a los altares del séptimo arte. Acuda el lector a cualquier manifestación intelectual y solo encontrará genios de la siniestra. La derecha solo ofrece vulgaridad, mediocridad, basura poética, cinematográfica, literaria, pictórica, escultórica.
Un tipo de derechas no tiene derecho –no es una reiteración- a destacar en nada. Solo, si se convierte a la izquierda, como Verstryinge, que abandonó, ha tiempo, el PP de Fraga para defender tesis podemitas, se le tiene por intelectual, valioso y extraordinario. Ahora bien, si adjura del comunismo, porque encuentra en este ideología el mayor de los males del Siglo XX, junto al Nacionalsocialismo y el Fascismo, pasa a ser un sujeto a vigilar, denostado, perseguible, vendido, fascista. En España, para que te respeten, hay que ser de izquierdas, da igual cuál. Y odiar mucho a la derecha.
Yo comprendo que se le tuviera manía a Aznar y Rajoy, a Rato y a Soraya Sáenz de Santamaría, porque sus políticas fueron lesivas, en distintos casos, para un sector amplio de la ciudadanía. Pero un político del PP tiene derecho a entrar en política, ser elegido y, en su caso, gobernar. Parece que el que nace de derechas viene al mundo con un doble pecado, el original, y este de nuevo cuño.
Paradójico resulta en España que la derecha más a la derecha, racista por definición, como la vasca y la catalana, recoja los favores de la izquierda. Si el nacionalismo marxista –oxímoron ideológico- mató niños, mujeres y ancianos, menos en la dictadura que en la democracia- se intenta ocultar que era de izquierdas, como si ETA no lo fuese. Los medios de izquierda, pura burguesía, se encargarán de desmontar los argumentos que definan a la banda asesina vasca.
España, pues, es una nación en la que hay más malos que buenos, porque los votos de centro y derecha superan, no por mucho a los de izquierdas. Existen más de doce millones de españoles canallas, golfos, fascistas, y algunos menos, lo que votan a partidos como PSOE, Podemos, Izquierda Unida, Bildu, santos, bondadosos, ejemplares.
Después de una larga vida, que ya vivo por inercia, afirmo que conocí malandrines a derechas e izquierdas, que las ideologías no hacen al hombre bueno o malo, justo o injusto, atrabiIiario o exquisito. Sé que la gente que defiende a Stalin o Mao, Hitler o Himmler, Mussolini o Franco o ignora la realidad o poseen mucha fe y escasa razón. No existe dictadura buena, pero también hay democracias enfermas, como la nuestra, donde no se respeta al que piensa distinto. El problema de España radica en que no existen demócratas. Hacer una tortilla francesa sin huevos resulta una utopía culinaria. Aquí, quien no piense como el que manda se le condena al ostracismo. En una dictadura, al paredón.
Por cierto, las izquierdas y su prensa, mayoritaria, han hecho creer a sus fieles que toda la gente conservadora o liberal que vota a partidos que no son marxistas, es millonaria. Traduzco: en España hay más ricos, los que votan, verbigracia, a Vox, PP, Ciudadanos, más los PNV y partidos nacionalistas catalanes conservadores, la amalgama de formaciones herederas de Pujol, que pobres, que humildes, que son los que eligen a la izquierda, PSOE, y ultraizquierda, Podemos, Bildu, BNG y ERC, el fascismo catalán de los años 20 de la centuria pasada, reconstruido en nuestra democracia.
El bosquimano, indio amazónico o esquimal, tras su estancia en España, regresaría a su lar, selva, cabaña o iglú, con un corolario: una persona de derechas es muy mal, diabólica, dañina, porque prefiere la libertad individual a la colectiva, la propiedad privada, un Estado mínimo, suele creer en Dios, prefiere la democracia, donde se puede elegir a sus gobernantes, a las dictaduras y se posiciona a favor de la familia, de la herencia y de que cada cual pueda definirse como teísta, deísta, agnóstico o ateo. Sin duda, parecen personajes muy malos, malandrines puros.
Si será poco aconsejable ser de derechas que políticos que militan en partidos de esa ideología se muestran incapaces, como si les diera miedo, confesar que lo son.
Eugenio-Jesús de Ávila
Si yo fuese un miembro de la tribu amazónica Tiracambu, un pigmeo o bosquimano africano, o un esquimal, y me trasladaran a España, al poco tiempo de encontrarme en esta nación europea, rodeado de medios de comunicación, emisoras, periódicos, televisiones, caería en la cuenta que las personas de derechas, conservadoras, liberales son muy malas, y que las de izquierdas, como socialistas, comunistas, anarquistas, incluso los etarras, son excelentes, superiores moralmente e incluso, en algunos casos, si son catalanes o vascos, también física e intelectualmente.
Nunca he sido de derechas. Fui de izquierdas hasta que tuve uso de razón. Ahora me trae sin cuidado esta definición ideológica. Solo creo en los hechos. Soy un apóstol Tomás ateo. Pero, mi experiencia, algo empírico, me ha demostrado que a los poetas, cineastas, novelistas, periodistas e intelectuales que se confiesan conservadores, o, al menos, que no muestran sus simpatías por alguna de las izquierdas, a juicio de Gustavo Bueno, existen siete, número muy especial, nunca adquieren la consideración de la prensa progresista.
Ser de izquierdas, por el contrario, significa que, si eres periodista, se te califica de brillante, excelso, genio; si escribes novelas, como sucedía antaño con Benet, un verdadero coñazo al que un servidor leía como si fuera un dios, un Cervantes, un Quevedo, un Proust, un talento, un portento; si te dio por la cinematografía, caso de Bardem, el tío del actor, al que El País califica de intelectual, director de cine que rodó películas durante el franquismo, también se te eleva a los altares del séptimo arte. Acuda el lector a cualquier manifestación intelectual y solo encontrará genios de la siniestra. La derecha solo ofrece vulgaridad, mediocridad, basura poética, cinematográfica, literaria, pictórica, escultórica.
Un tipo de derechas no tiene derecho –no es una reiteración- a destacar en nada. Solo, si se convierte a la izquierda, como Verstryinge, que abandonó, ha tiempo, el PP de Fraga para defender tesis podemitas, se le tiene por intelectual, valioso y extraordinario. Ahora bien, si adjura del comunismo, porque encuentra en este ideología el mayor de los males del Siglo XX, junto al Nacionalsocialismo y el Fascismo, pasa a ser un sujeto a vigilar, denostado, perseguible, vendido, fascista. En España, para que te respeten, hay que ser de izquierdas, da igual cuál. Y odiar mucho a la derecha.
Yo comprendo que se le tuviera manía a Aznar y Rajoy, a Rato y a Soraya Sáenz de Santamaría, porque sus políticas fueron lesivas, en distintos casos, para un sector amplio de la ciudadanía. Pero un político del PP tiene derecho a entrar en política, ser elegido y, en su caso, gobernar. Parece que el que nace de derechas viene al mundo con un doble pecado, el original, y este de nuevo cuño.
Paradójico resulta en España que la derecha más a la derecha, racista por definición, como la vasca y la catalana, recoja los favores de la izquierda. Si el nacionalismo marxista –oxímoron ideológico- mató niños, mujeres y ancianos, menos en la dictadura que en la democracia- se intenta ocultar que era de izquierdas, como si ETA no lo fuese. Los medios de izquierda, pura burguesía, se encargarán de desmontar los argumentos que definan a la banda asesina vasca.
España, pues, es una nación en la que hay más malos que buenos, porque los votos de centro y derecha superan, no por mucho a los de izquierdas. Existen más de doce millones de españoles canallas, golfos, fascistas, y algunos menos, lo que votan a partidos como PSOE, Podemos, Izquierda Unida, Bildu, santos, bondadosos, ejemplares.
Después de una larga vida, que ya vivo por inercia, afirmo que conocí malandrines a derechas e izquierdas, que las ideologías no hacen al hombre bueno o malo, justo o injusto, atrabiIiario o exquisito. Sé que la gente que defiende a Stalin o Mao, Hitler o Himmler, Mussolini o Franco o ignora la realidad o poseen mucha fe y escasa razón. No existe dictadura buena, pero también hay democracias enfermas, como la nuestra, donde no se respeta al que piensa distinto. El problema de España radica en que no existen demócratas. Hacer una tortilla francesa sin huevos resulta una utopía culinaria. Aquí, quien no piense como el que manda se le condena al ostracismo. En una dictadura, al paredón.
Por cierto, las izquierdas y su prensa, mayoritaria, han hecho creer a sus fieles que toda la gente conservadora o liberal que vota a partidos que no son marxistas, es millonaria. Traduzco: en España hay más ricos, los que votan, verbigracia, a Vox, PP, Ciudadanos, más los PNV y partidos nacionalistas catalanes conservadores, la amalgama de formaciones herederas de Pujol, que pobres, que humildes, que son los que eligen a la izquierda, PSOE, y ultraizquierda, Podemos, Bildu, BNG y ERC, el fascismo catalán de los años 20 de la centuria pasada, reconstruido en nuestra democracia.
El bosquimano, indio amazónico o esquimal, tras su estancia en España, regresaría a su lar, selva, cabaña o iglú, con un corolario: una persona de derechas es muy mal, diabólica, dañina, porque prefiere la libertad individual a la colectiva, la propiedad privada, un Estado mínimo, suele creer en Dios, prefiere la democracia, donde se puede elegir a sus gobernantes, a las dictaduras y se posiciona a favor de la familia, de la herencia y de que cada cual pueda definirse como teísta, deísta, agnóstico o ateo. Sin duda, parecen personajes muy malos, malandrines puros.
Si será poco aconsejable ser de derechas que políticos que militan en partidos de esa ideología se muestran incapaces, como si les diera miedo, confesar que lo son.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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