AMISTAD
Mi querido jefe, compañero...mi querido amigo
No he puesto tú nombre, José, en el titular por dos motivos: Por no abrumarte, siendo ésto lo más alejado a mi intención; y para que no parezca lo que no es.
Nos conocemos hace ya muchos años. Ya no puedo (ni quiero) calcularlos. Trabajé a tus órdenes en una de las mejores empresas que ha tenido Zamora, y lo hice con el mejor profesional, más íntegro, competente, colaborativo y conciliador que he conocido. Ha sido un auténtico lujo poder trabajar a tus órdenes, puesto que el trabajo, siempre conllevaba aprendizaje...en lo profesional... y en lo personal: ¿recuerdas nuestras conversaciones sobre cine, música clásica...de las que tanto aprendí?
Cuando llegó el momento de ser elegido para sustituirte, encontré tu semblante tranquilo como siempre …. Desde entonces, siempre que he tenido que “analizar una situación” para poder “tomar una decisión, consciente o inconscientemente, he reflexionado en cómo lo harías tú... cómo hubieras actuado tú... puesto que siempre te he sentido tras de mí para apoyarme. Incluidos los peores momentos que puede pasar una empresa...y su gente en ella.
Ahora que ya todo ha pasado, y ambos hemos recibido los reconocimientos correspondientes, en tu caso muchos, y las criticas y acusaciones que se ha tenido a bien hacer, en tu caso pocas; ahora que recibimos y sobrellevamos, (lo que no quiere decir que acatemos), los designios que se nos tenían guardados o prescritos, incluidos los que nos ha dado, a ti más, la “Crueldad del Destino”; ahora que todo aquello ya se difumina, (aunque no lo olvidamos), y paseamos y hablamos (¡con que gusto y placer he hablado siempre contigo!), recibimos, recibo, la compensación, ahora sí, como justo pago del Destino a tu trayectoria, dedicación, colaboracionismo, altruismo, saber escuchar...saber decir. De todo lo cual yo he podido ser orgulloso testigo.
Querido Lourido, como todo esto ha sido... es... y seguirá siendo, no quiero esperar ni un día más, de los muchos que llevo queriendo hacerlo, si dejar de reconocerte públicamente lo que, de seguro, la mayoría de los lectores de este artículo ratificarían...ratificarán. Gracias amigo.
Gonzalo Julián
No he puesto tú nombre, José, en el titular por dos motivos: Por no abrumarte, siendo ésto lo más alejado a mi intención; y para que no parezca lo que no es.
Nos conocemos hace ya muchos años. Ya no puedo (ni quiero) calcularlos. Trabajé a tus órdenes en una de las mejores empresas que ha tenido Zamora, y lo hice con el mejor profesional, más íntegro, competente, colaborativo y conciliador que he conocido. Ha sido un auténtico lujo poder trabajar a tus órdenes, puesto que el trabajo, siempre conllevaba aprendizaje...en lo profesional... y en lo personal: ¿recuerdas nuestras conversaciones sobre cine, música clásica...de las que tanto aprendí?
Cuando llegó el momento de ser elegido para sustituirte, encontré tu semblante tranquilo como siempre …. Desde entonces, siempre que he tenido que “analizar una situación” para poder “tomar una decisión, consciente o inconscientemente, he reflexionado en cómo lo harías tú... cómo hubieras actuado tú... puesto que siempre te he sentido tras de mí para apoyarme. Incluidos los peores momentos que puede pasar una empresa...y su gente en ella.
Ahora que ya todo ha pasado, y ambos hemos recibido los reconocimientos correspondientes, en tu caso muchos, y las criticas y acusaciones que se ha tenido a bien hacer, en tu caso pocas; ahora que recibimos y sobrellevamos, (lo que no quiere decir que acatemos), los designios que se nos tenían guardados o prescritos, incluidos los que nos ha dado, a ti más, la “Crueldad del Destino”; ahora que todo aquello ya se difumina, (aunque no lo olvidamos), y paseamos y hablamos (¡con que gusto y placer he hablado siempre contigo!), recibimos, recibo, la compensación, ahora sí, como justo pago del Destino a tu trayectoria, dedicación, colaboracionismo, altruismo, saber escuchar...saber decir. De todo lo cual yo he podido ser orgulloso testigo.
Querido Lourido, como todo esto ha sido... es... y seguirá siendo, no quiero esperar ni un día más, de los muchos que llevo queriendo hacerlo, si dejar de reconocerte públicamente lo que, de seguro, la mayoría de los lectores de este artículo ratificarían...ratificarán. Gracias amigo.
Gonzalo Julián

















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