Eugenio de Ávila
Miércoles, 21 de Octubre de 2020
REPÚBLICO

Del PSOE de Felipe al PSOE de Pedro "Largo" Sánchez

De hacer socialdemocracia en una monarquía parlamentaria a, desde el ejecutivo, intentar cambiar la forma de Estado

[Img #45054]Convencido estoy, porque lo viví en persona durante mis años de universitario en Madrid, durante los últimos años del franquismo,  cuando el salvaje atentado de la banda comunista ETA contra Carrero Blanco, que la democracia la trajeron entre los políticos más inteligentes de la dictadura y una izquierda española, todavía muy débil, liderada por el PCE, partido que recogía en su seno tanto a comunistas clásicos, como a otras personalidades que nada tenían que ver con la religión marxista. La mayor parte de la ciudadanía española permanecía ajena a la res pública, porque, después de 40 años de desideologización, se había perdido toda  conciencia política. Solo una elite intelectual, escasa en número, y jóvenes larvas de universitario éramos conscientes de que el régimen se desmoronaría con la muerte del dictador y que la nación más antigua de Europa debería asir la modernidad a través de una democracia. De hecho, los políticos de izquierdas que ahora se sientan en las Cortes, y, por supuesto, los conservadores, ni vivieron, ni padecieron, ni conocieron aquellos últimos años del franquismo ni cómo se fraguó, esculpió, modeló la transición. No tienen memoria. Quizá leyeron historia. Pero jamás memoria histórica.

Sirva esta introducción para enhebrar mi artículo, esencialmente de historia política crítica, y establecer diferencias, esenciales, entre el PSOE de Felipe González, y, si se quiere, el PCE de Carrillo y la Transición, y esta excrecencia del socialismo contemporáneo español y la deriva oportunista de la decadencia de IU que es Unidas Podemos, aburguesamiento reaccionario del neomarxismo, la revolución pendiente falangista, como bien vio el gran genio del republicanismo español que fue García-Trevijano, un genio al que hay que seguir leyendo y escuchándolo en youtube.

El felipismo tuvo una grandiosa oportunidad de transformar la España que legó el franquismo. Pero se encogió, se acojonó ante el gran capital internacional y frente a la Europa de los mercaderes. Con González la democracia se fue depauperando. En 1985, se inicia el control del poder judicial por parte del ejecutivo. La entrada en Europa se realiza en condiciones de inferioridad. Se traga todo lo que exige Bruselas: una brutal reconversión industrial, que genera graves conflictos sociales, huelgas de los sindicatos, y otra silente reconversión agroganadera que tanto daño ha causado a nuestra provincia. España cambió, sin duda, prepara para que las clases medias y bajas europeas pasasen sus vacaciones entre nosotros.

La corrupción en democracia comenzó por el Ayuntamiento de Madrid, cuando el alcalde era Tierno Galván, gran intelectual, pero una víbora con dioptrías, como lo definiría un periodista, con aquellos de las contratas de las basuras. Alonso Puerta, un socialista, ingeniero lo denunció. Entonces acabó su carrera política. El PSOE lo apartó del redil. Después, el felipismo alcanzó las mayores cotas de golferías conocidos en esta piel de toro, desde Filesa, pasando por el BOE, Cruz Roja, Guardia Civil, hermanos Guerra, los GAL. Con todo, ganó tres elecciones por mayoría absoluta. Aznar y su PP solo vencieron por 300.000 votos al PSOE de tantas corrupciones. Al pueblo español parecía no importarle que se jugara con sus impuestos. Con los populares en el poder, también se vivieron  putrefacciones, depravaciones y descomposiciones, alguna tan cercana a nosotros como el mal llamado Caso Zamora. Ahora bien, ni con aquel PSOE ni con el PP de Aznar y Rajoy se puso en solfa el sistema, el régimen salido de 1977 y que aprobó su Carta Magna en 1978. Sería Zapatero, aquel nefasto político que ganó unas elecciones tras el nunca bien aclarado atentado del 11-M, quién iniciase el ataque, desde el interior del ejecutivo, al sistema. Este tío tuvo un abuelo republicano, que no significa que fuese revolucionario. Se puede ser republicano y conservador, de derechas, liberal, socialdemócrata. Cabe suponer que su otro abuelo fuera franquista. Digo. En definitiva, este personaje, nacido en Pucela, pero afincado en León, inicio la metamorfosis de España.

Rajoy gobernó con leyes que aprobó el zapaterismo. El gallego jamás pensó en política, solo en economía, más tras dejar arrasada España esta calamidad que fue, es y será ZP. Pero el ahora registrador de la Propiedad facilitó la llegada del social-comunismo a La Moncloa. No quería ser derrotado en las urnas por Ciudadanos y prefirió que lo echaran mediante una Moción de Censura, presentada por Pedro Sánchez, la unión de los bilduetarras, racistas del PNV, ERC, republicanos fascistoides en su génesis, más los neomarxistas de Unidas Podemos.

Y hasta aquí hemos llegado. Ahora, el ejecutivo que preside Sánchez, que tiene por primer actos, invitado, a Pablo Iglesias, busca el cambio de régimen, de sistema. Desde el  Gobierno se quiere poner punto final a la Monarquía e instaurar la III República, absorber el poder judicial, para ser pastoreado por el ejecutivo; potenciar a una fuerza de derecha real, Vox, para emplearla como el Tío Camuñas con los niños, para dar miedo. Todo preparado para que se inaugure la tercera edición de otra república. No todos los políticos son iguales, ni los partidos tampoco. El PSOE de Sánchez se parece más al de Largo Caballero que al de Felipe González, y el PP de Casado más a la CEDA de Gil Robles que a la de Aznar. Por lo que respeta a Unidas Podemos solo apuntar que no tiene nada que ver con el gran Julio Anguita y su IU. De momento, Sánchez utiliza esa formación.  Durante la II República el PC se comió al PSOE. Mandaba Stalin, que puso tanques, aviones y asesores. Ahora Podemos solo pone la cara de ogro. Se trata de actuar. La Moción de Censura de Vox no deja de ser teatro, puro teatro. Mientras la nación se muere entre la pandemia vírica y la económica, que espera devorar lo poco que quede de este país, desgraciada España.

Eugenio-Jesús de Ávila

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