NOCTURNOS
La amaré más allá del tiempo
La amo a distancia. Sin roces, ni caricias; con palabras, sin besos. Pero nunca he sentido tanta pasión por una mujer. Jamás tamaña pureza en mi amor por una dama. Mentiría si no confesase que me deleitaría tocarla, hollar cada uno de sus poros, humedecerlos con mi saliva, para aliviar su sed de placer; recorrer con las yemas de mis dedos desde las cervicales al coxis, deteniéndome en las lumbares, que elegiría para masajearlas con mis pectorales. Y depositar toda mi ternura antes de poner punto final a mi peregrinaje, en los alrededores de sus bellos glúteos.
Pero, como hay tanta lejanía entre mi alma y su cuerpo, escribo para besarla, para que mis oraciones alcancen el nirvana, cuando las consonantes copulan con las vocales. Y mientras la pienso y la imagino, mi olfato recibe el aroma de su cuerpo. Ella me olía a caramelos de violeta. Carlota es alba y postura de sol. Niebla cuando la busco. Luz cuando duermo. Es un todo que huyo de mi nada. Poesía pura. Prosa lírica. Mariposa que no se peina. Abeja que no liba. Flor escarchada de almendro. Leche cruda y chocolate espeso. Carne y esqueleto. Mi amor y mi pasión. Y será mi vida más allá de la muerte, cuando el tuétano de mis huesos se pose en las cumbres de sus senos.
La quiero de cerca. La beso desde la lejanía. No me muero por ella, pero vivo para amarla cuando se acabe el tiempo y todo sea presente.
Eugenio-Jesús de Ávila
La amo a distancia. Sin roces, ni caricias; con palabras, sin besos. Pero nunca he sentido tanta pasión por una mujer. Jamás tamaña pureza en mi amor por una dama. Mentiría si no confesase que me deleitaría tocarla, hollar cada uno de sus poros, humedecerlos con mi saliva, para aliviar su sed de placer; recorrer con las yemas de mis dedos desde las cervicales al coxis, deteniéndome en las lumbares, que elegiría para masajearlas con mis pectorales. Y depositar toda mi ternura antes de poner punto final a mi peregrinaje, en los alrededores de sus bellos glúteos.
Pero, como hay tanta lejanía entre mi alma y su cuerpo, escribo para besarla, para que mis oraciones alcancen el nirvana, cuando las consonantes copulan con las vocales. Y mientras la pienso y la imagino, mi olfato recibe el aroma de su cuerpo. Ella me olía a caramelos de violeta. Carlota es alba y postura de sol. Niebla cuando la busco. Luz cuando duermo. Es un todo que huyo de mi nada. Poesía pura. Prosa lírica. Mariposa que no se peina. Abeja que no liba. Flor escarchada de almendro. Leche cruda y chocolate espeso. Carne y esqueleto. Mi amor y mi pasión. Y será mi vida más allá de la muerte, cuando el tuétano de mis huesos se pose en las cumbres de sus senos.
La quiero de cerca. La beso desde la lejanía. No me muero por ella, pero vivo para amarla cuando se acabe el tiempo y todo sea presente.
Eugenio-Jesús de Ávila
















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