DESDE LOS ESTADOS UNIDOS
Debate presidencial final: la suerte ya está echada
A doce días de las votaciones presidenciales en los Estados Unidos, el último acto importante de la campaña electoral tuvo lugar en la noche de este jueves 22 de octubre: el debate entre Donald Trump, actual presidente y candidato por el Partido Republicano, y Joe Biden, vicepresidente durante el gobierno de Barack Obama y candidato por el Partido Demócrata. La conversación tuvo lugar en la Universidad Belmont, en Nashville, Tennessee.
A diferencia del primer y único debate anterior (recordemos que Trump se negó a participar en el segundo porque este no iba a ser en vivo), esta vez sí hubo un diálogo, y eso fue, de lejos, la gran victoria de la noche, no para ninguno de los dos candidatos en particular, sino para una sociedad que espera un comportamiento más decente y adulto de parte de sus dirigentes. Si durante el primer encuentro no hubo conversación, sino interrupciones, gritos e insultos, sobre todo por parte de Trump, en esa ocasión el presidente esperó pacientemente a que Biden terminara siempre de hablar para contestar. Ambos candidatos fueron capaces de transmitir sus mensajes de manera clara y directa. En este sentido, muchos ven la actuación de Trump como su gran victoria.
Sin embargo, pese a haber actuado decentemente, Trump insistió en mentiras y tergiversaciones y falló en mostrar empatía por las personas que están sufriendo a causa del coronavirus, o los más de 500 niños que fueron separados de sus familias en la frontera y cuyos padres ahora no pueden ser encontrados; también falló en ofrecer un plan concreto respecto a su próxima presidencia si llegara a ganar las elecciones; su mensaje no fue unificador, sino dirigido sobre todo a los simpatizantes republicanos. Biden, por su parte, al hablar sobre energía renovable y limpia mintió cuando afirmó que él nunca se había opuesto al fracking para la extracción de gas: en el 2019, al ser cuestionado por una periodista de la CNN sobre su postura respecto a los combustibles fósiles, Biden aseguró que su presidencia, de obtenerla, no otorgaría más subsidios para las compañías de petróleo ni carbón ni de gas natural.
Durante todo el debate, el candidato demócrata centró sus esfuerzos en hablarle a todo el país, y en transmitir un mensaje de esperanza en contraposición a uno de miedo. Sus últimas palabras en el debate se refirieron a que lo que está en juego en estas elecciones es la noción que tenemos de lo que somos como nación, la decencia y la resiliencia del pueblo norteamericano.
Los puntos principales que se debatieron fueron la situación actual y proyecciones respecto al coronavirus; la crisis económica y de salud que esto ha significado para el país y para el mundo; la interferencia extranjera en las elecciones, específicamente de Rusia y de Irán, y la seguridad nacional; los descontentos raciales en América; y el medio ambiente y los cambios climáticos.
La moderadora de la conversación, Kristen Welker, de la cadena televisa NBC, solo tuvo que recordarle al presidente un par de veces que su tiempo había terminado y que era necesario seguir para el siguiente punto del debate. A diferencia del primer encuentro de hace tres semanas, además, esta vez los micrófonos de ambos candidatos fueron silenciados durante los dos minutos reglamentarios en que cada uno de ellos tenía que presentar su respuesta a una pregunta específica de la moderadora.
Trump insistió en que estamos muy cerca de contar con una vacuna que será distribuida por el ejército: “cuestión de días”, dijo. Sin embargo, ante la insistencia de Biden de cuáles garantías había para aseverar tal cosa, el presidente no pudo ofrecer ninguna respuesta. Trump además acusó a los gobernadores demócratas de estar manejando inadecuadamente la crisis del coronavirus en sus respectivos estados. El actual presidente tampoco pudo ofrecer una respuesta concreta sobre el plan de salud que supuestamente pondría en marcha una vez que eliminase el llamado Obamacare, lo cual podría concretar en los próximos días, una vez que se confirme la nominación de la jueza Amy Coney Barrey a la Corte Suprema de la nación. Con la llegada de Barrey a este órgano de poder, Trump tendría una mayoría absoluta (6-3) de respaldo para cualquier decisión que tenga que tomar la Corte, ya sea para la eliminación del Obamacare, o para cualquier posible litigio post-electoral. Su confirmación puede ocurrir tan pronto como este lunes.
Hay que recordar que el plan de salud implementado por Barack Obama fue negociado entre republicanos y demócratas, y ha ofrecido seguro médico a millones de estadounidenses. Los Estados Unidos es el único país desarrollado del mundo que no garantiza algún plan de salud a todos sus ciudadanos. En este sentido, Biden afirmó que la salud no es un privilegio, sino que tiene que ser un derecho. Y afirmó que su programa de salud no significa eliminar los seguros privados sino ofrecer una posibilidad de cobertura médica adecuada a quienes no pueden pagar los altos costos de mantener uno.
La crisis del coronavirus ha dejado a millones de norteamericanos sin trabajo y sin seguro médico justo en momentos en que más se necesita contar con asistencia médica. Respecto a las expectativas de cómo enfrentar el virus y revertir la actual situación de incremento de muertes, contagiados y hospitalizados, Trump afirmó que tenemos que vivir con él; Biden respondió: No, estamos muriendo con el virus.
Otro momento importante en el debate ocurrió cuando el presidente respaldó sus políticas de persecución migratoria y encarcelamiento y dijo que no era posible liberar a los indocumentados porque no regresarían a la corte a enfrentar los juicios de deportación: “Solo alguien con muy bajo IQ -coeficiente intelectual- regresaría voluntariamente a juicio”, afirmó.
Hasta el momento, más de 47 millones de norteamericanos han votado ya mediante la opción del voto adelantado. Las incertidumbres con respecto a qué votos serían contados o a la eficiencia del voto por correo postal, que ha sido desacreditado repetidamente por el presidente, han movilizado a los norteamericanos que han preferido ir a emitir su voto en persona antes del 3 de noviembre o a mandarlo desde ahora por correo. Sin embargo, estos votos que ya se encuentran en las urnas electorales no serán contados hasta el 3 de noviembre. Igualmente, cualquier voto que llegue a las oficinas electorales con el matasellos del 3 de noviembre, sin importar si llega unos días después de esa fecha, tendrá que ser contado, lo que puede dilatar la concreción de un resultado final definitivo, y abrir la posibilidad a una disputa electoral legal que dirimiría la Corte Suprema.
Como hemos comentado antes en este mismo espacio, las encuestas muestran a Joe Biden como favorito para ganar estas elecciones, con casi diez puntos de ventaja sobre Trump[1]. Y se prevé, incluso, que estados tradicionalmente republicanos como Georgia, Iowa, Ohio y Texas podrían votar este año a favor de los demócratas. Sin embargo, hace cuatro años las encuestas también mostraban a Hillary Clinton como delantera con solo un punto menos de los que tiene Biden en este momento, y los resultados reales no la favorecieron. Lo mismo podría ocurrir este año.
A pocos días de la fecha final para emitir los votos, seguramente se incrementarán los ataques personales en la prensa y en las plataformas digitales. Sin embargo, ni el debate de anoche ni cualquier otra información o ataque que pudiera surgir en los próximos días tendrán un impacto definitorio en el resultado final de las elecciones, cuya suerte parece estar echada, no por los resultados de las encuestas (que pueden no recoger el llamado voto silencioso: aquellos que no dicen por quién van a votar, o dan respuestas falsas) sino porque a estas alturas, pública o privadamente, cada ciudadano ha tomado ya una decisión.
Damaris Puñales-Alpízar
[1] Véase: https://www.theguardian.com/us-news/2020/oct/22/us-election-polls-tracker-who-is-leading-in-the-swing-states
A doce días de las votaciones presidenciales en los Estados Unidos, el último acto importante de la campaña electoral tuvo lugar en la noche de este jueves 22 de octubre: el debate entre Donald Trump, actual presidente y candidato por el Partido Republicano, y Joe Biden, vicepresidente durante el gobierno de Barack Obama y candidato por el Partido Demócrata. La conversación tuvo lugar en la Universidad Belmont, en Nashville, Tennessee.
A diferencia del primer y único debate anterior (recordemos que Trump se negó a participar en el segundo porque este no iba a ser en vivo), esta vez sí hubo un diálogo, y eso fue, de lejos, la gran victoria de la noche, no para ninguno de los dos candidatos en particular, sino para una sociedad que espera un comportamiento más decente y adulto de parte de sus dirigentes. Si durante el primer encuentro no hubo conversación, sino interrupciones, gritos e insultos, sobre todo por parte de Trump, en esa ocasión el presidente esperó pacientemente a que Biden terminara siempre de hablar para contestar. Ambos candidatos fueron capaces de transmitir sus mensajes de manera clara y directa. En este sentido, muchos ven la actuación de Trump como su gran victoria.
Sin embargo, pese a haber actuado decentemente, Trump insistió en mentiras y tergiversaciones y falló en mostrar empatía por las personas que están sufriendo a causa del coronavirus, o los más de 500 niños que fueron separados de sus familias en la frontera y cuyos padres ahora no pueden ser encontrados; también falló en ofrecer un plan concreto respecto a su próxima presidencia si llegara a ganar las elecciones; su mensaje no fue unificador, sino dirigido sobre todo a los simpatizantes republicanos. Biden, por su parte, al hablar sobre energía renovable y limpia mintió cuando afirmó que él nunca se había opuesto al fracking para la extracción de gas: en el 2019, al ser cuestionado por una periodista de la CNN sobre su postura respecto a los combustibles fósiles, Biden aseguró que su presidencia, de obtenerla, no otorgaría más subsidios para las compañías de petróleo ni carbón ni de gas natural.
Durante todo el debate, el candidato demócrata centró sus esfuerzos en hablarle a todo el país, y en transmitir un mensaje de esperanza en contraposición a uno de miedo. Sus últimas palabras en el debate se refirieron a que lo que está en juego en estas elecciones es la noción que tenemos de lo que somos como nación, la decencia y la resiliencia del pueblo norteamericano.
Los puntos principales que se debatieron fueron la situación actual y proyecciones respecto al coronavirus; la crisis económica y de salud que esto ha significado para el país y para el mundo; la interferencia extranjera en las elecciones, específicamente de Rusia y de Irán, y la seguridad nacional; los descontentos raciales en América; y el medio ambiente y los cambios climáticos.
La moderadora de la conversación, Kristen Welker, de la cadena televisa NBC, solo tuvo que recordarle al presidente un par de veces que su tiempo había terminado y que era necesario seguir para el siguiente punto del debate. A diferencia del primer encuentro de hace tres semanas, además, esta vez los micrófonos de ambos candidatos fueron silenciados durante los dos minutos reglamentarios en que cada uno de ellos tenía que presentar su respuesta a una pregunta específica de la moderadora.
Trump insistió en que estamos muy cerca de contar con una vacuna que será distribuida por el ejército: “cuestión de días”, dijo. Sin embargo, ante la insistencia de Biden de cuáles garantías había para aseverar tal cosa, el presidente no pudo ofrecer ninguna respuesta. Trump además acusó a los gobernadores demócratas de estar manejando inadecuadamente la crisis del coronavirus en sus respectivos estados. El actual presidente tampoco pudo ofrecer una respuesta concreta sobre el plan de salud que supuestamente pondría en marcha una vez que eliminase el llamado Obamacare, lo cual podría concretar en los próximos días, una vez que se confirme la nominación de la jueza Amy Coney Barrey a la Corte Suprema de la nación. Con la llegada de Barrey a este órgano de poder, Trump tendría una mayoría absoluta (6-3) de respaldo para cualquier decisión que tenga que tomar la Corte, ya sea para la eliminación del Obamacare, o para cualquier posible litigio post-electoral. Su confirmación puede ocurrir tan pronto como este lunes.
Hay que recordar que el plan de salud implementado por Barack Obama fue negociado entre republicanos y demócratas, y ha ofrecido seguro médico a millones de estadounidenses. Los Estados Unidos es el único país desarrollado del mundo que no garantiza algún plan de salud a todos sus ciudadanos. En este sentido, Biden afirmó que la salud no es un privilegio, sino que tiene que ser un derecho. Y afirmó que su programa de salud no significa eliminar los seguros privados sino ofrecer una posibilidad de cobertura médica adecuada a quienes no pueden pagar los altos costos de mantener uno.
La crisis del coronavirus ha dejado a millones de norteamericanos sin trabajo y sin seguro médico justo en momentos en que más se necesita contar con asistencia médica. Respecto a las expectativas de cómo enfrentar el virus y revertir la actual situación de incremento de muertes, contagiados y hospitalizados, Trump afirmó que tenemos que vivir con él; Biden respondió: No, estamos muriendo con el virus.
Otro momento importante en el debate ocurrió cuando el presidente respaldó sus políticas de persecución migratoria y encarcelamiento y dijo que no era posible liberar a los indocumentados porque no regresarían a la corte a enfrentar los juicios de deportación: “Solo alguien con muy bajo IQ -coeficiente intelectual- regresaría voluntariamente a juicio”, afirmó.
Hasta el momento, más de 47 millones de norteamericanos han votado ya mediante la opción del voto adelantado. Las incertidumbres con respecto a qué votos serían contados o a la eficiencia del voto por correo postal, que ha sido desacreditado repetidamente por el presidente, han movilizado a los norteamericanos que han preferido ir a emitir su voto en persona antes del 3 de noviembre o a mandarlo desde ahora por correo. Sin embargo, estos votos que ya se encuentran en las urnas electorales no serán contados hasta el 3 de noviembre. Igualmente, cualquier voto que llegue a las oficinas electorales con el matasellos del 3 de noviembre, sin importar si llega unos días después de esa fecha, tendrá que ser contado, lo que puede dilatar la concreción de un resultado final definitivo, y abrir la posibilidad a una disputa electoral legal que dirimiría la Corte Suprema.
Como hemos comentado antes en este mismo espacio, las encuestas muestran a Joe Biden como favorito para ganar estas elecciones, con casi diez puntos de ventaja sobre Trump[1]. Y se prevé, incluso, que estados tradicionalmente republicanos como Georgia, Iowa, Ohio y Texas podrían votar este año a favor de los demócratas. Sin embargo, hace cuatro años las encuestas también mostraban a Hillary Clinton como delantera con solo un punto menos de los que tiene Biden en este momento, y los resultados reales no la favorecieron. Lo mismo podría ocurrir este año.
A pocos días de la fecha final para emitir los votos, seguramente se incrementarán los ataques personales en la prensa y en las plataformas digitales. Sin embargo, ni el debate de anoche ni cualquier otra información o ataque que pudiera surgir en los próximos días tendrán un impacto definitorio en el resultado final de las elecciones, cuya suerte parece estar echada, no por los resultados de las encuestas (que pueden no recoger el llamado voto silencioso: aquellos que no dicen por quién van a votar, o dan respuestas falsas) sino porque a estas alturas, pública o privadamente, cada ciudadano ha tomado ya una decisión.
Damaris Puñales-Alpízar
[1] Véase: https://www.theguardian.com/us-news/2020/oct/22/us-election-polls-tracker-who-is-leading-in-the-swing-states




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.114