Emilia Casas
Miércoles, 28 de Octubre de 2020
LITERATURA

Alma, cerebro y evolución

[Img #45305]Los seres humanos en una escala más elevada de la evolución poseemos diferentes cualidades como la imaginación, emociones y memoria: facultades del alma, según el pensamiento antiguo. Sin embargo, ¿sabemos dónde se encuentra? ¿qué es? A primera vista parece bastante fácil distinguir qué es y dónde está el alma, pero, ¿existe en realidad?

Éstas preguntas han cautivado a la filosofía y a la religión durante siglos y se emparenta directamente con la posibilidad de una vida futura después de la muerte. Para muchas culturas, el enigma de la muerte, el lapso consciente durante el sueño, e incluso los procesos mentales de imaginación y memoria que abstraen al hombre de su presencia corporal incluso estando despierto, les han hecho pensar en la existencia de algo intangible que vive junto al cuerpo visible, interior a él, pero en gran medida independiente de él, y además poseedor de una vida propia.

Para estos pueblos, casi siempre es imaginada como una entidad etérea, sumamente volátil, parecida a un halo luminoso, una corriente de aire, un perfume o una respiración. Nuestra mente es lo que somos. Recuerdos, emociones y experiencias se acumulan en el cerebro fijándose en las uniones electroquímicas entre los millones de neuronas que contiene. Alma o psique cabe en el poco más de kilo y medio de tejido cerebral; el mismo que el filósofo Henry More describía como "esa desestructurada, gelatinosa e inútil sustancia". Hoy se puede afirmar que el cerebro es el soporte físico a través del cual se realizan las funciones de la mente, y se mueven y se expresan, los múltiples grados y estados de conciencia.

La idea del alma ha evolucionado y se ha sometido a las leyes que conforman nuestros conceptos, y sobre esa idea aplicamos nuestras previsiones e imaginaciones con el deseo de entender a los demás y a la naturaleza, pudiendo haber sido éste, el origen de la necesidad permanente de la reflexión sobre  el concepto de alma.

La Inglaterra de mediados del siglo XVII se distinguió por el importante desarrollo de las ciencias. Fueron momentos donde tuvo lugar la aparición de mentes creativas de físicos, químicos y médicos; tiempos de grandes avances como el desarrollo del microscopio, la revelación de la circulación de la sangre y de la fisiología en general. Ejes importantes de nuevos conocimientos fueron encontrados en la anatomía del cerebro, donde al inicio eran mínimos, limitados principalmente a los trabajos de da Vinci, Berengario, Vesalio y otras personalidades, principalmente de la escuela italiana.

En aquella época el alma, era un principio inmortal e inmaterial que pensaba, sentía y regía el cuerpo; el cerebro, por el contrario, parecía una glándula de aspecto desagradable y de irritante inutilidad. En ese momento histórico Thomas Willis, un clínico sagaz, experto en la anatomía de los centros nerviosos concebía la existencia de un alma racional, inmaterial, inmortal y peculiar al hombre, y un alma corporal, de naturaleza material similar a la de los animales. Junto a un equipo conformado por varios científicos, convencido de que cerebro y mente eran dos conceptos inseparables, inauguró la "era neurocéntrica" en la que nos encontramos hoy.

La aparición de sus disciplinas médicas impulsó la concepción de lo espiritual (lo relacionado con el alma) en términos de funciones cerebrales. Su libro “Patología Cerebral", una contribución importante al avance de la Anatomía Descriptiva, introdujo varios detalles relacionados con el sistema nervioso vegetativo y una clasificación de los nervios craneales, y sigue sirviendo de base e inspiración para los estudios que se llevan a cabo hoy, inclusive con técnicas muy sofisticadas de imágenes funcionales para definir mejor los aspectos cognitivos. En “De anima brutorum”, un libro centrado en el “alma sensitiva” del hombre, describe al “alma animal” en relación con las sensaciones, los movimientos y los impulsos. Por otro lado, vincula al juicio y raciocinio como facultades del “alma racional”, exclusivas del hombre y de su carácter espiritual. Así, postula que cuando se altera el “alma sensitiva” y también el “alma racional” aparecen enfermedades nerviosas y mentales.

A lo largo del tiempo se ha creído que el alma residía en el corazón, el motor de la vida. Durante millones de civilizaciones cuando se enterraban los muertos, se dejaba el corazón intacto. No se pensaba en el cerebro como el órgano en el que se ubica nuestro sentido del yo, nuestra personalidad, nuestros recuerdos…

Fue a partir del siglo XVII que Thomas Willis y sus colaboradores afirmaron que la memoria, la capacidad de aprendizaje y las emociones eran en realidad producto de los átomos del cerebro. Con su revolucionaria teoría, señalando que todo –alma, espíritu y mente– está en el cerebro, cabe preguntarse ¿toda creencia filosófica o religiosa que actualmente defiende la existencia de un alma humana inmaterial e inherentemente inmortal carece de apoyatura bíblica y científica; permanece dentro de una dogmática alejada de la realidad? ¿si no hay ningún alma que sobreviva a la muerte del hombre, significa esto que la muerte pone fin a toda expectativa de vida posterior? ¿qué hay de las personas que han sido fieles a Dios, han muerto para siempre? ¿es, el deseo de pervivencia, un engaño de la mente? © Emilia Casas Fernández.

Como dijo, Noel Clarasó: "Quien no lleva la belleza dentro del alma no la encontrará en ninguna parte".

Emilia Casas

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