Irene Alfageme
Miércoles, 28 de Octubre de 2020
LA COLUMNA DE DOÑA ELVIRA

22.13 horas, y la luna llena se encuentra sola en las calles

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Cae la noche. En invierno a las 18.00 horas ya oscurece. La luna llena ya se refleja a través del cristal de mi habitación a las 18.30 horas y me quedo embobada mientras la miro. Pasan unos 10 minutos. Ya son las 18.40 horas. Llevo toda la mañana ocupada trabajando y prácticamente toda la tarde. A las 19.00 horas termino todo lo que tengo que hacer y me decido preparar: me ducho, me tomo mi café, y ya se hacen las 20.15 horas, aproximadamente. Bien, solamente tengo 1 hora y media, más o menos, para poder salir a despejarme, ya que a las 22.00 horas de la noche no tiene que haber nadie por las calles. Pobre luna llena, ¡qué sola se va a encontrar! Menos mal que la luz de las farolas solitarias de las avenidas, de las rúas y de los callejones la hacen compañía.

 

Además, en este escenario tan solitario que estamos viviendo en pleno 2020: el llamado año de la “ficción” (como yo lo defino) también se pueden ver, a partir de las 22.00 horas, las rejas de los cientos de bares, restaurantes y lugares de hostelería con un candado. Cerradas por completo. En el primer párrafo he hecho una especie de “crónica- resumen” de lo que puede ser el ejemplo de un día cualquiera de un trabajador que tiene el turno partido mañana y tarde, saliendo de trabajar sobre las 18.00 horas. Si ahora tengo que hacer la crónica de cualquier establecimiento de hostelería a día de hoy con un toque de queda impuesto, la tristeza ahogaría mi cuerpo y no me dejaría terminar de escribir el párrafo. El toque de queda a las 22.00 horas repercute de una manera muy significativa en la hostelería, causando un impacto muy negativo en la economía. ¿Puede que esta medida ayude a frenar el número de contagios que hay actualmente? No puedo responder a eso; los datos ya nos lo dirán. Pero sí que puedo opinar, y creo en cierto modo, que es un fallo para la economía: ¿Por qué no cerrar unas horas más tarde y dar un margen a esos hosteleros que tanto han hecho por este país? No queremos que cierren con un cartel de despedida en sus ventanas, ¿verdad? Queremos que la economía fluya de manera positiva; que no se estanque y que no siga bajando. Y sobre todo queremos que no se vean carteles de: “Cerrado”; o, como actualmente ya se están viendo, esos anuncios de: “Hasta pronto”; o “Esto no es un para siempre. Volveremos cuando la situación mejore”….no lo queremos porque ni ellos mismos saben cuándo será. A lo mejor con un simple margen de dos horas e imponer el toque de queda a las 00.00 horas, se evitaría ver muchas de estas situaciones. Y, de esa manera, la luna llena no estará acompañada a las 22.13 horas de la noche solamente por las farolas, sino también por la alegría de los establecimientos. Sus rejas subidas. Sus puertas abiertas. Y los clientes consumiendo, que es lo que hace falta ahora.

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