Miércoles, 21 de Enero de 2026

Nélida L. Del Estal Sastre
Martes, 22 de Diciembre de 2020
CON LOS CINCO SENTIDOS

Ya no hay caras amables ni aplausos a media tarde

[Img #47368]Calculo, así a bote pronto, que dentro de unos días, a lo sumo 10 ó 15, España tendrá menos habitantes. Sí, descontando las defunciones por muerte natural, por edad avanzada, por suicidio o asesinato, habrá centenares menos de españoles circulando por las calles. No soy profeta, no hace falta serlo ni tener unas especiales dotes adivinatorias para llegar a la certeza de que, tal y como nos estamos tomando las medidas “impuestas” por las Comunidades Autónomas (permitidme una risa sarcástica a lo de “impuestas”, como otra que me acaba de venir al recordar esa palabreja tan de moda  ahora “allegados”) nos estamos pegando un tiro en el pie propio ( a lo Froilán de todos los Santos y su puñetera madre en bicicleta) pero también estamos disparando y a bocajarro a los pies ajenos. Cuidado con esto. 

Si yo me quiero pegar un tiro en un pie o suicidarme, la intencionalidad está clara, hacerme daño a mí misma de primeras y de últimas. Pero cuando yo estoy en mi casita, sólo salgo para comprar productos de primera necesidad o a  visitar amigos que no pueden desplazarse, no voy a tolerar que se me toquen los ovarios con este tema. De las pocas veces que he salido durante estos últimos meses para los susodichos menesteres o para consultas y revisiones médicas, me ha llamado poderosamente la atención el hecho de que he de apartarme de la gente por la calle porque esa gente no guarda las distancias. Te da codazos, se apelotona ante el mostrador, te tose encima, te respira encima, lleva la mascarilla de cualquier modo, a veces, siquiera están homologadas…Es como ir por la calle esquivando balas. Llegará un momento en el que la bala me toque de lleno y me mate, sin haberlo yo buscado. 

Antes me gustaba poco la gente en general, siempre he sido bastante autosuficiente y solitaria, aunque me place departir con amigos y compartir el tiempo con personas interesantes que me aportan nuevas maneras de mirar, de escuchar, de ver el  mundo que me rodea. Pero es que ahora, de unos meses a esta parte,   he adoptado como compañera de mesa y mantel a la misantropía. La misantropía es una señora muy hosca y poco habladora, más que hablar, sentencia. Y lo agradezco. 

El ser humano es imbécil. Permitidme que no me meta en ese saco porque no me da la gana ser aborregada. Prefiero que se me considere un ser extraterrestre. Tan feliz. Ahora, en estos tiempos víricos, todo el mundo mundial sabe de medicina, de pandemias, de historia de las curvas y los picos de las curvas, cuando antes sólo atisbaban una curva en el trasero o el pecho de una señora de buen ver o en la angulosidad de un rostro masculino. En lo de ser tontos, no hay diferencias sexuales. Igual de tonto puede ser Paco que Mari Carmen. Igual de listo, también. Pero es que me da por saco que hasta el verano todo era admiración por la profesión médica, con el consabido aplauso a las 8 de la tarde, bien merecido, la policía en sus coches, con las sirenas a todo volumen y la gente en los balcones, cantando y compartiendo encierro mientras aplaudían de manera emocionada, con lágrimas en los ojos, a unos colectivos que se siguen jugando la vida cada día desde febrero. Bien es cierto que algunas de las personas que salían a los balcones, lo hacían para ver si salía el vecino también, o si acaso lo podían pillar paseando a un perro imaginario con el teléfono bien a mano para denunciar tal atropello moral…No pidáis peras al olmo. 

Ahora, después de que nos dieran suelta en verano y pensáramos, imbéciles de nosotros, que todo el monte es orégano, llega la tercera ola, después de una segunda y de una primera en las que no hemos aprendido una mierda de nada. Casi da más miedo la gente que el virus. Ya no hay aplausos para nadie a media tarde, si acaso gritos, malos modos, empujones en los centros de salud (en las ciudades o localidades que tienen la inmensa suerte de no tener su centro de salud cerrado a cal y canto, cosa muy habitual en la Zamora rural…) 

Ya no hay caras amables. Y ahora vamos, porque somos de un corto que clama al cielo,  y nos revienta nuestro día a día cotidiano de mediocridad mental que se nos puedan joder las maravillosas navidades de este infausto 2020. ¡Qué pena, por dios, que estas navidades no podamos poner verde al cuñado a la cara y lo tengamos que hacer a 200 kilómetros de distancia! ¡Qué pena no poder tener que comer el mismo pavo,  o cabrito, o cordero reseco de la suegra y ponerle buena cara cuando lo que desearíamos es hacer balines y tirárselo a la cara con un tirachinas! ¡Qué pena no poder tener la oportunidad de hacer cola en los centros comerciales con la lista de los familiares y el regalo que le corresponde a cada uno en función de las querencias o de los odios! 

Somos de un cortoplacismo que asusta al miedo. Nos la suda morir y matar, mientras haya una buena farra de por medio; ahora la excusa es la navidad. Luego será la Semana Santa, el verano y vuelta la burra al trigo. Ni siquiera puedo elegir si quiero morir de coronavirus o no, porque cualquier cabronazo me lo puede pegar cuando salga a la calle pertrechada como un alien para que nadie me toque. Ya no se ve ni a la policía patrullando las calles como en marzo, abril, mayo…Una pena, porque la gente sólo hace lo que debe, a regañadientes, cuando le rascan el bolsillo. Somos peores que los niños, porque los niños son más inteligentes y aún no se han idiotizado. Mejor nos iría si los imitásemos a ellos porque los adultos no somos ejemplo de nada en estos momentos. De nada. 

Ya no hay caras amables ni aplausos a media tarde. 

 

Nélida L. del Estal Sastre    

 

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.112

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

El Día de Zamora

Ir al contenido
Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.