COSAS MÍAS
Navidad de 2020: Nacer en Zamora
25 de diciembre. Navidad. Natividad. Aquí, en Zamora, apenas nacen niños. Aquí en Zamora, se muere más que se nace. Hay más entierros que bautizos, más lágrimas que alegrías, más melancolía que esperanza. En Zamora se muere con más facilidad que se nace. Morir es sencillo. Nacer complicado. Nadie quiere morirse, menos ahora con la Ley de Eutanasia. Nadie sabe nacer. Te nacen, como a Leopoldo Alas, que lo nacieron aquí. A Leon Felipe también lo nacieron en la provincia, en Tábara, pero no recordaba el pueblo en el que vio la luz primera.
Nuestra tierra, si nuestros políticos en Valladolid y Madrid, los del PSOE, que gobierna la nación, y el PP, que manda y ordena en Castilla y León, mantienen sus actitudes, se cerrará a la nacencia, y permanecerá abierta a las parcas. Los jóvenes huyen. Los jóvenes que se quedan no pueden arriesgarse a traer criaturas en esta provincia. Si no hay trabajo, no hay nada. Y a la nada se llega si no hay renovación social, nacimientos, vida.
Nacer en esta Zamora del siglo XXI, venir al mundo en esta tierra en 2021, marcará la vida de ese hombre y esa mujer que, indefectiblemente, se marcharán, cuando completen sus estudios, a desarrollar su tarea profesional allende las fronteras provinciales. Se nace en Zamora, pero se gana el pan nuestro de cada día bajo otro sol, se bebe del agua de otro río que no es el Duero y se crean familias en lares lejanos. Aquí nos quedaremos los que ya olemos a viejo, los ancianos, que cobran las pensiones más bajas de España; cuatro comerciantes, porque no habrá a quien vender casi nada, y funcionarios de las administraciones locales, regionales y nacional, que, cada vez serán menos, porque apenas habrá personas que necesiten de sus servicios.
Y si los que todavía vivimos aquí seguimos cruzados de brazos, como si no pasara nada, como si Zamora no hubiera entrada en coma económico y demográfico, el mal habrá alcanzado su objetivo. Y si ambicionamos otra Navidad, con niños, sin virus, sin que nos pastoree el poder, con alegría, con trabajo, sin miseria moral y económica, rompamos las cadenas que nos atan al pretérito, al atraso, al desierto demográfico. No seamos inocentes. No celebremos jamás el 28 de diciembre.
Eugenio-Jesús de Ávila
25 de diciembre. Navidad. Natividad. Aquí, en Zamora, apenas nacen niños. Aquí en Zamora, se muere más que se nace. Hay más entierros que bautizos, más lágrimas que alegrías, más melancolía que esperanza. En Zamora se muere con más facilidad que se nace. Morir es sencillo. Nacer complicado. Nadie quiere morirse, menos ahora con la Ley de Eutanasia. Nadie sabe nacer. Te nacen, como a Leopoldo Alas, que lo nacieron aquí. A Leon Felipe también lo nacieron en la provincia, en Tábara, pero no recordaba el pueblo en el que vio la luz primera.
Nuestra tierra, si nuestros políticos en Valladolid y Madrid, los del PSOE, que gobierna la nación, y el PP, que manda y ordena en Castilla y León, mantienen sus actitudes, se cerrará a la nacencia, y permanecerá abierta a las parcas. Los jóvenes huyen. Los jóvenes que se quedan no pueden arriesgarse a traer criaturas en esta provincia. Si no hay trabajo, no hay nada. Y a la nada se llega si no hay renovación social, nacimientos, vida.
Nacer en esta Zamora del siglo XXI, venir al mundo en esta tierra en 2021, marcará la vida de ese hombre y esa mujer que, indefectiblemente, se marcharán, cuando completen sus estudios, a desarrollar su tarea profesional allende las fronteras provinciales. Se nace en Zamora, pero se gana el pan nuestro de cada día bajo otro sol, se bebe del agua de otro río que no es el Duero y se crean familias en lares lejanos. Aquí nos quedaremos los que ya olemos a viejo, los ancianos, que cobran las pensiones más bajas de España; cuatro comerciantes, porque no habrá a quien vender casi nada, y funcionarios de las administraciones locales, regionales y nacional, que, cada vez serán menos, porque apenas habrá personas que necesiten de sus servicios.
Y si los que todavía vivimos aquí seguimos cruzados de brazos, como si no pasara nada, como si Zamora no hubiera entrada en coma económico y demográfico, el mal habrá alcanzado su objetivo. Y si ambicionamos otra Navidad, con niños, sin virus, sin que nos pastoree el poder, con alegría, con trabajo, sin miseria moral y económica, rompamos las cadenas que nos atan al pretérito, al atraso, al desierto demográfico. No seamos inocentes. No celebremos jamás el 28 de diciembre.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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