LIGA FEMENINA ENDESA
Quesos el Pastor no mereció semejante castigo ante el Estudiantes (55-82)
Las de Fran García aguantaron el tipo hasta el descanso, pero después volvieron los fantasmas del pasado con una floja defensa que dio facilidades.

En un Ángel Nieto vacío de público, en la enésima medida contra el Coronavirus, los allí presentes pudimos ver un equipo anfitrión que parecía enchufado y dispuesto a dar una alegría a su afición en la distancia. Victoria Vivians – el nuevo fichaje- salió de principio y, aunque baja de forma, iba dejando destellos de su calidad en cada balón que tocaba, no solo a la hora de apuntar al aro, sino también en la faceta reboteadora. Así, las de naranja mandaban en el marcador, incluso con holgura a veces, para terminar este primer cuarto con un 21-16 merecidísimo.
En el segundo cuarto -que tuvo más alternancias en el marcador- las forasteras tenían más acierto en los tiros y, poco a poco, se iban imponiendo, ya que las de Fran García erraban más que al principio, como demuestra que en este segundo cuarto anotaran algo más que la mitad del primero (13) y se llegó al descanso con un 34-36 que ponía al Estudiantes en alza.
Con los 6 puntos que anotaron las queseras en el tercer cuarto está todo dicho. No se puede aspirar a ganar un partido con ese bagaje anotador. Si encima el equipo contrario mete lo que antes fallaba, entre otras cosas por lo endeble de la defensa contraria, no es de extrañar lo que vino después y después de ese después, cuando comenzaba el último periodo con un holgado 40-63 para las de negro..
Llegó un ultimo cuarto de esos que uno espera que acabe lo antes posible para que la herida no se agrande. Volvía el Zamarat al que le tiembla el pulso, ese equipo en el que ninguna jugadora se esconde porque cada una quiere hacer la guerra por su cuenta, aunque duela decir esto ante el inconmensurable trabajo de una Lizarazu que juega casi todos los partidos completos, junto a su escudera Anamaría y así cada una -en mayor o menor medida- de sus compañeras y uno se niega a creer que no haya más cera que la que arde.
Finalmente, un merecido triunfo estudiantil, pero con exagerado marcador (55-82) y un arbitraje demasiado permisivo con el juego de contacto de las de Ortego, que quizás sea el tipo de baloncesto que se lleva y al que tendrán que ir apuntándose las de Fran García si quieren mantener la categoría. Sí después, los arbitrajes no son tan permisivos con las de Carlos Baz como lo son con los demás equipos, entonces es el momento de protestar en los despachos y no en el campo, dando el penoso espectáculo ofrecido hoy desde las gradas.

En un Ángel Nieto vacío de público, en la enésima medida contra el Coronavirus, los allí presentes pudimos ver un equipo anfitrión que parecía enchufado y dispuesto a dar una alegría a su afición en la distancia. Victoria Vivians – el nuevo fichaje- salió de principio y, aunque baja de forma, iba dejando destellos de su calidad en cada balón que tocaba, no solo a la hora de apuntar al aro, sino también en la faceta reboteadora. Así, las de naranja mandaban en el marcador, incluso con holgura a veces, para terminar este primer cuarto con un 21-16 merecidísimo.
En el segundo cuarto -que tuvo más alternancias en el marcador- las forasteras tenían más acierto en los tiros y, poco a poco, se iban imponiendo, ya que las de Fran García erraban más que al principio, como demuestra que en este segundo cuarto anotaran algo más que la mitad del primero (13) y se llegó al descanso con un 34-36 que ponía al Estudiantes en alza.
Con los 6 puntos que anotaron las queseras en el tercer cuarto está todo dicho. No se puede aspirar a ganar un partido con ese bagaje anotador. Si encima el equipo contrario mete lo que antes fallaba, entre otras cosas por lo endeble de la defensa contraria, no es de extrañar lo que vino después y después de ese después, cuando comenzaba el último periodo con un holgado 40-63 para las de negro..
Llegó un ultimo cuarto de esos que uno espera que acabe lo antes posible para que la herida no se agrande. Volvía el Zamarat al que le tiembla el pulso, ese equipo en el que ninguna jugadora se esconde porque cada una quiere hacer la guerra por su cuenta, aunque duela decir esto ante el inconmensurable trabajo de una Lizarazu que juega casi todos los partidos completos, junto a su escudera Anamaría y así cada una -en mayor o menor medida- de sus compañeras y uno se niega a creer que no haya más cera que la que arde.
Finalmente, un merecido triunfo estudiantil, pero con exagerado marcador (55-82) y un arbitraje demasiado permisivo con el juego de contacto de las de Ortego, que quizás sea el tipo de baloncesto que se lleva y al que tendrán que ir apuntándose las de Fran García si quieren mantener la categoría. Sí después, los arbitrajes no son tan permisivos con las de Carlos Baz como lo son con los demás equipos, entonces es el momento de protestar en los despachos y no en el campo, dando el penoso espectáculo ofrecido hoy desde las gradas.

















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