FÚTBOL FEMENINO
Ana Ramos: “Todo esfuerzo tiene su recompensa. El trabajo es la base de todo”
Así de tajante y segura se muestra esta veinteañera de Moraleja del Vino, que juega al fútbol desde niña, algún día ejercerá su Magisterio en Educación física y, nadie es perfecto, algún defecto tenía que tener -se lo digo y se ríe- seguidora del Atlético de Madrid.

Mientras hacemos esta entrevista, convalece de una lesión producida en su último partido, contra el Dinamo de Guadalajara, al que su equipo derrotó 3-1 y está pendiente de unas exploraciones médicas que apuntan a un esguince de rodilla que, piensa Ana, “no será para tanto” con su habitual optimismo, dicho esto último con la prudencia a la que debe de llevarme el que apenas la conozco, aunque hay cosas que se adivinan más por viejo que por diablo.
-¿Qué tal va ese dolor, Ana? -le pregunto.
-Con el hielo estoy mejor, la verdad -me confiesa.
-No será con cubata…
-No, pero igual se me pasaba antes- se ríe.
-Tienes razón, pero yo no te he dicho nada- y también río.
Nuestras risas son virtuales, como toda la entrevista y, así, me va contando cosas…
Hablando con Ana del equipo, caigo en la cuenta de que, para todas las entrevistadas hasta ahora, la palabra clave es sagrada: el colectivo, el grupo, el conjunto, la tropa casi militar, en la que no hay figuras ni fuguritas. Y desde ahí han ido creciendo hasta el estado actual en el que empiezan a creer en ellas: “la mejor cualidad del equipo es que somos una piña -me da la razón-. Cuando bajo a entrenar me siento como en casa, como estar en familia, y es más fácil trabajar desde ahí. Quizá al principio de la temporada nos faltaba intensidad en los partidos, pero somos un equipo diferente ahora. Ahora hemos crecido todas juntas y eso se está viendo en los resultados. Estamos en un buen momento, y hay que aprovecharlo”.

Ahora, se lo están creyendo, me dice. Confían en ellas mismas, en la labor de sus entrenadores “y en nuestro preparador físico, Jaime, que nos mete caña todas las semanas para sacar lo mejor de nosotras”.
Con lo que me han ido contando unas y otras, noto que extrapolan todo ello, principalmente, a sus principios, a los estudios… Esa constancia y tenacidad: “compagino el fútbol con mis estudios, ahora mismo estoy estudiando la carrera de Magisterio en educación primaria, en la especialidad de Educación física y no podría estar más contenta”.
Se define dentro del campo como inteligente y trabajadora: “sé leer los movimientos de mis compañeras y les ayudo siempre que puedo”. Entre sus defectos, reconoce que no es de jugar el uno contra uno, algo que en su puesto preferido -extremo izquierdo-, me dice: “la mayoría de jugadoras que juegan de extremo suelen tener esa habilidad, pero no creo que sea un defecto, simplemente tengo una manera diferente de jugar”. Ahora lo hace de media punta o dónde le mande el entrenador y pueda ser útil: “en eso consiste ser un equipo”.
Como la mayoría de sus compañeras, sí ha sentido rechazo por ser mujer y jugar fútbol: “llevo escuchando malos comentarios desde que empecé a jugar, pero cuando eres tan pequeña no te das cuenta de lo graves que son. No entendía por qué sentaba tan mal “que te ganaran las chicas” como ellos decían, si al fin y al cabo era fútbol, y si ganábamos era porque competíamos mejor, independientemente de nuestro género”.
“Ahora es distinto, el fútbol femenino ha evolucionado mucho, pero todavía queda camino por recorrer”, sentencia.

Ella quería jugar fútbol y, como en el pueblo no podía, ya que, a su hermana y a ella, los chicos no las querían en sus equipos, contactaron con Amigos del Duero y ahí siguen desde entonces, aunque no han dejado de hacerlo en el patio de su casa desde siempre.
Ana quiere aprovechar esta entrevista para decirle a su hermana, Mercedes: “quiero agradecerle su apoyo y su confianza plena en mí. Ella es mi ejemplo a seguir, siempre he querido ser como ella. Digo esto porque yo he sufrido malos momentos a lo largo de mi etapa en el club, momentos que me han hecho recapacitar y convertirme en la persona que ahora soy y ella y mis padres siempre me han ayudado”.
Zamora es una ciudad muy bonita para Ana: “una ciudad muy acogedora, pero se está apagando poco a poco, ya que el futuro está fuera, y es una pena”. De irse, le gustaría Barcelona, una ciudad de la que está “enamorada” desde que la visitó la primera vez. También habla de Vigo, donde iba la familia cuando ella era pequeña “y guardo buenos recuerdos”.
Mientra elaboraba esta entrevista, ha estado en el traumatólogo y todo sigue sin definirse: “Me han hecho exploraciones y, según qué movimientos, me duele; aunque no al pisar”. Le harán una resonancia el próximo 12 de marzo y mientras tanto: “bajaré a hacer algo de tren superior, para no perder todo el ritmo”.
Con otras entrevistadas, he mirado el año en que nacieron y les he citado cosas de distinta índole que sucedieron en ese periodo. A Ana, le pido que sea ella quien me diga lo más significativo que ocurrió, a su entender, el año en el que nació. “Ese año, fue presidente, por primera vez, un afroamericano en Estados Unidos, Barack Obama. Creo que es un hecho bastante importante”.
Pues, con ello, se acabó la entrevista. ¿Ya dije que es seguidora del Atlético de Madrid?

Mientras hacemos esta entrevista, convalece de una lesión producida en su último partido, contra el Dinamo de Guadalajara, al que su equipo derrotó 3-1 y está pendiente de unas exploraciones médicas que apuntan a un esguince de rodilla que, piensa Ana, “no será para tanto” con su habitual optimismo, dicho esto último con la prudencia a la que debe de llevarme el que apenas la conozco, aunque hay cosas que se adivinan más por viejo que por diablo.
-¿Qué tal va ese dolor, Ana? -le pregunto.
-Con el hielo estoy mejor, la verdad -me confiesa.
-No será con cubata…
-No, pero igual se me pasaba antes- se ríe.
-Tienes razón, pero yo no te he dicho nada- y también río.
Nuestras risas son virtuales, como toda la entrevista y, así, me va contando cosas…
Hablando con Ana del equipo, caigo en la cuenta de que, para todas las entrevistadas hasta ahora, la palabra clave es sagrada: el colectivo, el grupo, el conjunto, la tropa casi militar, en la que no hay figuras ni fuguritas. Y desde ahí han ido creciendo hasta el estado actual en el que empiezan a creer en ellas: “la mejor cualidad del equipo es que somos una piña -me da la razón-. Cuando bajo a entrenar me siento como en casa, como estar en familia, y es más fácil trabajar desde ahí. Quizá al principio de la temporada nos faltaba intensidad en los partidos, pero somos un equipo diferente ahora. Ahora hemos crecido todas juntas y eso se está viendo en los resultados. Estamos en un buen momento, y hay que aprovecharlo”.

Ahora, se lo están creyendo, me dice. Confían en ellas mismas, en la labor de sus entrenadores “y en nuestro preparador físico, Jaime, que nos mete caña todas las semanas para sacar lo mejor de nosotras”.
Con lo que me han ido contando unas y otras, noto que extrapolan todo ello, principalmente, a sus principios, a los estudios… Esa constancia y tenacidad: “compagino el fútbol con mis estudios, ahora mismo estoy estudiando la carrera de Magisterio en educación primaria, en la especialidad de Educación física y no podría estar más contenta”.
Se define dentro del campo como inteligente y trabajadora: “sé leer los movimientos de mis compañeras y les ayudo siempre que puedo”. Entre sus defectos, reconoce que no es de jugar el uno contra uno, algo que en su puesto preferido -extremo izquierdo-, me dice: “la mayoría de jugadoras que juegan de extremo suelen tener esa habilidad, pero no creo que sea un defecto, simplemente tengo una manera diferente de jugar”. Ahora lo hace de media punta o dónde le mande el entrenador y pueda ser útil: “en eso consiste ser un equipo”.
Como la mayoría de sus compañeras, sí ha sentido rechazo por ser mujer y jugar fútbol: “llevo escuchando malos comentarios desde que empecé a jugar, pero cuando eres tan pequeña no te das cuenta de lo graves que son. No entendía por qué sentaba tan mal “que te ganaran las chicas” como ellos decían, si al fin y al cabo era fútbol, y si ganábamos era porque competíamos mejor, independientemente de nuestro género”.
“Ahora es distinto, el fútbol femenino ha evolucionado mucho, pero todavía queda camino por recorrer”, sentencia.

Ella quería jugar fútbol y, como en el pueblo no podía, ya que, a su hermana y a ella, los chicos no las querían en sus equipos, contactaron con Amigos del Duero y ahí siguen desde entonces, aunque no han dejado de hacerlo en el patio de su casa desde siempre.
Ana quiere aprovechar esta entrevista para decirle a su hermana, Mercedes: “quiero agradecerle su apoyo y su confianza plena en mí. Ella es mi ejemplo a seguir, siempre he querido ser como ella. Digo esto porque yo he sufrido malos momentos a lo largo de mi etapa en el club, momentos que me han hecho recapacitar y convertirme en la persona que ahora soy y ella y mis padres siempre me han ayudado”.
Zamora es una ciudad muy bonita para Ana: “una ciudad muy acogedora, pero se está apagando poco a poco, ya que el futuro está fuera, y es una pena”. De irse, le gustaría Barcelona, una ciudad de la que está “enamorada” desde que la visitó la primera vez. También habla de Vigo, donde iba la familia cuando ella era pequeña “y guardo buenos recuerdos”.
Mientra elaboraba esta entrevista, ha estado en el traumatólogo y todo sigue sin definirse: “Me han hecho exploraciones y, según qué movimientos, me duele; aunque no al pisar”. Le harán una resonancia el próximo 12 de marzo y mientras tanto: “bajaré a hacer algo de tren superior, para no perder todo el ritmo”.
Con otras entrevistadas, he mirado el año en que nacieron y les he citado cosas de distinta índole que sucedieron en ese periodo. A Ana, le pido que sea ella quien me diga lo más significativo que ocurrió, a su entender, el año en el que nació. “Ese año, fue presidente, por primera vez, un afroamericano en Estados Unidos, Barack Obama. Creo que es un hecho bastante importante”.
Pues, con ello, se acabó la entrevista. ¿Ya dije que es seguidora del Atlético de Madrid?


















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