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Redacción
Sábado, 06 de Marzo de 2021
HABLEMOS

Grave error y flaco favor

Carlos Domínguez

[Img #50417]El PP de Casado comete un error al posicionarse frente a Vox en la búsqueda de una ilusoria identidad liberal o centrista, descartando la “alianza patriótica” que se reclamaba poco ha, o cuando menos la confluencia electoral de las dos únicas fuerzas que podrían llevar a la derecha al poder. Error que el PP ha pagado en Cataluña y a no tardar pagará en la política nacional, donde se halla cerca de perder su liderazgo como primer partido de la oposición.

 

Pero no todo se limita al error. Quizá más decisivo aún sea el hecho de que, con su estrategia, el PP está haciendo un flaco favor al conjunto de la derecha española. Pese a su medida coherencia, Vox ha sido presentado por las terminales mediáticas de adscripción socialcomuista como una formación radical bajo el epíteto consabido de ultraderecha, circunstancia a tener muy en cuenta de cara a un futuro acceso al poder. 

 

Suponiendo, lo cual es mucho suponer, que Vox en solitario pudiera convertirse en alternativa de gobierno, el escenario político cobraría tintes aún más alarmantes que los actuales. Abascal ha dado sobradas muestras de inteligencia y habilidad, como para asumir las exigencias institucionales de un partido que, siéndolo de gobierno, habrá de serlo también de Estado. Sin embargo, no sólo contaría ya la capacidad del líder de Vox y su partido para resituarse en la escena política, dejando atrás el lastre de discursos más o menos apasionados, pero que jamás tendrían cabida en el complejo marco de una acción de gobierno.

 

El problema reside en que, desde la estigmatización sufrida a manos de una izquierda beligerante, de alcanzar el poder desde un liderazgo propio o compartido, Vox tendría dificultades para llevar adelante su programa, ante la posible espiral desestabilizadora de unas masas jaleadas en la calle por el socialismo, podemismo y sindicatos afines, sin olvidar a sus aliados separatistas. Aun como ejercicio especulativo, puede imaginarse qué ocurriría si, por una u otra vía, las turbas que han protagonizado los recientes actos vandálicos en nuestras ciudades fueran un paso más allá, en sus métodos de guerrilla urbana. Por pura coherencia, un partido como Vox, llegado el caso con responsabilidades de gobierno, debería acudir a todos los resortes del Estado, algo que, aun dentro de la legalidad, supondría tensionar quizás hasta niveles insoportables las bases de nuestro sistema político.

 

El designio de la izquierda y el separatismo pasa por alentar la revancha y el conflicto civil, como supuesta defensa ante la “ultraderecha”, el “neofranquismo” y demás eslóganes tan falsa como convenientemente propalados. Por ello, una estrategia inteligente no dará baza ni el menor argumento a quienes pretenden perpetuarse en el poder mediante la  condena histórica, política y moral de sus legítimos adversarios. Ello demanda la unidad sin fisuras de los dos grandes partidos de la oposición, evitando disensiones que sólo pueden beneficiar a quienes, de una u otra forma, antes o después y a remolque del sectarismo de sus púlpitos mediáticos, lo que pretenden en realidad es impedir la alternancia democrática, estigmatizando al conjunto de la derecha conservadora. ¿O es que Aznar con su bagaje, lo mismo que el PP, prefieren olvidar las indignas y permanentes descalificaciones de que han venido siendo objeto?  

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