Sábado, 29 de Noviembre de 2025

Nélida L. Del Estal Sastre
Sábado, 06 de Marzo de 2021
CON LOS CINCO SENTIDOS

Descreimiento

[Img #50428]   “120 familias iraquíes que huyeron desde las llanuras de Nínive a la capital buscando refugio se preparan para la esperada llegada del Papa". Noticia de ayer, 5 de marzo de 2021, extraída de la web del diario ABC. 

   Paradoja. Como todo lo que sucede en el mundo desde que tengo uso de razón. Que el papa vaya en coche blindado (es humano y lo pueden asesinar) y le hayan puesto una seguridad de tantas personas como las que irán a verle oficiar una misa mañana domingo ante diez mil almas piadosas, es como poco eso, una paradoja. Que el Vicario de Cristo se encomiende a las Fuerzas de Seguridad y no a la fuerza de un dios todopoderoso es una paradoja. Pero después de conocer de vacunaciones de obispos y cardenales, de sacerdotes  que decían ser los confesores de residentes en centros de la tercera edad para no pasar por filtro alguno, siendo esa circunstancia absolutamente falsa (mentirosos y temerosos de un virus…), pues pasando eso, ya me lo creo todo. 

 

   Nos merecemos el calvario por el que estamos transitando, pero no todos. Ni de lejos. Pero si  salvásemos sólo a la gente honrada, este planeta moriría de soledad. Mi pregunta naif de la noche es esta: ¿en qué dios hemos de creer, en el cristiano, en el dios dinero, en el dios del poder absoluto, en cuál? Prefiero seguir siendo atea, pero me da que ni en el género humano podré mantener por mucho tiempo mi fe. Quizá me esté volviendo atea también en esas creencias más mundanas. Ya no queda mucho barbecho que destrozar. Se lo han cargado todo y arrastran en su mendacidad y decrepitud moral al resto. A veces me cuesta decir lo que pienso, lo que me pasa por la cabeza porque pueda parecer que me asiste una especie de locura transitoria en un mundo en el que todo bicho viviente miente, de manera vil, descarada, a porta gayola, a cuantos tienen delante. Da lo mismo que las personas a las que pisas o fulminas sean familiares o amigos, ya ni te cuento si sólo son conocidos…Hemos llegado a un punto de repugnancia ética que no le asiste ya parangón. Parece que hacía falta que nos asolase una pandemia, una peste, para que saliera a la luz la basura que todos llevamos en nuestras entrañas. Algunos la muestran sin pudor, te mienten a la cara aún sabiendo a ciencia cierta que saben que te están mintiendo. ¡Qué huevos! ¡Goya de honor, por favor! 

 

   Políticos que hoy dicen jota y mañana muñeira, para pasado mañana decantarse por una sardana y, llegado el fin de semana preferir las sevillanas. Y te lo dicen a cámara encendida,  con el pilotito rojo, en programas de televisión, en ruedas de prensa que se podrán rescatar en cualquier momento. La hemeroteca es una prueba fehaciente, pero a estos gilipollas les da lo mismo, nos han tomado por “tontolabas”  sin criterio alguno, sin estudios, como si fuéramos cabras en el monte, esas cabras tontas como tonto, todo hay que decirlo, es ese animal que si te acercas a él, huye como si viera al mismísimo demonio en cada jara o en cada encina. Jamás conocí animal más estúpido. Pero da leche y se hace con ella un queso cojonudo que devoro sin piedad. 

 

     Los políticos que nos representan y a los que hemos votado (desgracia…, pero no sabíamos, o sí…, no queríamos, o sí…) no tienen altura intelectual, pero eso no importaría demasiado si, al menos, les adornase el blasón de la  honradez. Ni una cosa ni la otra. Es que no hay patata bajo la mata. Mienten, yerran, desgracian, vuelven a mentir y se irán a la cama con su señora o marido tan a gusto, sin escuchar quejidos y gritos de auxilio en sus jodidas cabezas mezquinas, anodinas pero creyentes en los milagros, ya que ellos, ELLOS,  ostentan el poder y ni lo soñaron en sus mejores orgías oníricas. Panda de catetos. Cortos. Bajos en altura cerebral. Pensáis que los ciudadanos somos como vosotros, pena y asco. No lo somos. No. Cuando llegue el momento lo sabréis. Gandules, tuercebotas, mastuerzos (este apelativo le encantaba a mi padre. Papá,  se lo dedico a esta morralla de tu parte) 

   Así que sí, si me pedís que crea en algo, ya me queda poca cosa. Mi familia, algunos amigos sinceros y poco más. Debe de haber una crisis existencial a nivel mundial, porque para que alguien como yo deje de creer tiene que haber una debacle de dimensiones siderales. Bueno, como la que hay. Y luego está la gente que quiere salvar la Semana Santa…En fin. Me siento como Casandra, la princesa troyana condenada a que nadie creyera ninguna de sus predicciones…Y fin, que estoy cansada ya. 

Nélida L. del Estal Sastre 

 

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