REPÚBLICO
La desvergüenza política y la apatía ciudadana
El Partido Sanchista –no confundir con el PSOE de González y Guerra- y la bella naranjito Inés Arrimada, mientras ayer morían cientos de españoles por coronavirus y se contagiaban miles; con cuatro millones de personas sin poder trabajar, según los datos oficiales, y seis millones reales, desataron una jornada de patetismo político inédito, con presentaciones de mociones de censuras en Murcia y Castilla y León y maniobra genial de Ayuso en Madrid. Luis Tudanca, al que un servidor ya veía presidiendo el ejecutivo autonómico, se quedó absolutamente desairado por su propio partido en Madrid. Convencido estoy que el político burgalés, si dio un paso al frente de Gandesa, a la primera línea de fuego, fue porque La Moncloa anunció que procuradores anaranjados apoyarían su acción contra el Gobierno de Fernández Mañueco.
En principio, todo casaba: que a Inés Arrimadas no le gusta, ni poco ni mucho, Igea, y que en Murcia, los camaradas de Cs ya se habían quitado las mascarillas del virus político para desbancar al presidente popular, y que en Madrid, un tal Aguado estaba preparado para devorar a Ayuso. Además, como Ciudadanos lleva el camino de UPyD, desaparecer y pasar a la memoria de la política española contemporánea y a los libros de historia, lógico resulta que aquellos de sus dirigentes que conocieron el dulzor del poder, del mando, del salario superior al de sus merecimientos profesionales, se busquen la vida eterna en la res pública a cambio de felonías por doquier.
Confieso que me trae sin cuidado quién mande en Murcia, porque me queda muy lejos, y me preocupa más quién ejerza el poder en Castilla y León, una comunidad autónoma en la que no creo, porque yo aspiro a que nuestro Reino, el de la Historia, el de León, nuestras ciudades y provincias hermanas, con Salamanca, se constituyan en autonomía. Castilla, sus dos principales ciudades, Valladolid y Burgos, potenciaron sus respectivas economías y demografías, mientras Zamora, en particular, y el Reino de León, en general, sufrieron las discriminaciones positivas del ejecutivo autonómico, desde Aznar y Lucas, pasando por Herrera, y ahora Mañueco, hacia Castilla en detrimento de León.
El actual presidente de la Junta perdió las elecciones autonómicas, pero se las ganó Ciudadanos, un partido que todavía mostraba potencias democráticas, capacidad para el cambio de rumbo en la política española. Confieso que el pacto entre el PP y Cs para quedarse con el gobierno de la Junta no me lo esperaba y sé de muchos votantes de la formación naranja que maldijeron haber votado esa opción. Lo cierto es que, pese a las críticas, Igea ha venido funcionando como el presidente, de facto, del ejecutivo autonómico, porque tiene más talento que Mañueco, aunque menos picardía política, porque el charro lleva, casi desde que hizo la Primera Comunión en este de vivir por, para y de la res pública.
No sé si este Gobierno de esa cosa de Valladolid, como define a la Junta el profesor Iglesias Carreño, lo está haciendo bien, mal o regular. Escucho a los que se dicen eruditos en Sanidad y sus críticas son durísimas por la gestión del ejecutivo, con una Consejería que preside una doctora en Medicina, y un vicepresidente, cirujano de reconocido prestigio. Pero sí sé que Zamora, ciudad y provincia, durante los casi dos años que el dúo Mañueco-Igea, sigue ocupando el último puesto en actividad económica de la comunidad, mientras se desangra su demografía, si bien el Gobierno central debería liderar las acciones encaminadas a detener nuestra despoblación galopante.
Estoy escribiendo de partidos nacionales, PP, PSOE y Cs, y de sus dirigentes políticos por enésima vez. Creo que son los verdaderos enemigos del pueblo, como se demostró ayer; que solo quieren el poder para disfrutarlo, manejarlo, imponerlo; que una provincia como la nuestra les trae sin cuidado que se convierta en desierto demográfico, en una gran residencia de la tercera edad, sin apenas actividad económica, con desempleados por doquier, con jubilados que cobran pensiones miserables; con un comercio y una hostelería agonizantes, con una población envejecida hasta el dolor…
Insisto en que Zamora necesita, clama, y debe apostar por la creación de un amplio movimiento político, que rompa las cadenas con los partidos estatales, que tanto nos han ignorado desde que el poder nos regaló esta democracia, si no queremos convertirnos, si no lo somos ya, en una tierra de vivos muertos, sin ilusión, sin fuerza, sin esperanzas y, si nos descuidamos, sin las nieblas del río Duero.
Este miércoles, día 10 de marzo, cercano a la primavera, podría ser dedicado en el futuro como el Día de la Desvergüenza Política y la Apatía Ciudadana.
Eugenio-Jesús de Ávila
El Partido Sanchista –no confundir con el PSOE de González y Guerra- y la bella naranjito Inés Arrimada, mientras ayer morían cientos de españoles por coronavirus y se contagiaban miles; con cuatro millones de personas sin poder trabajar, según los datos oficiales, y seis millones reales, desataron una jornada de patetismo político inédito, con presentaciones de mociones de censuras en Murcia y Castilla y León y maniobra genial de Ayuso en Madrid. Luis Tudanca, al que un servidor ya veía presidiendo el ejecutivo autonómico, se quedó absolutamente desairado por su propio partido en Madrid. Convencido estoy que el político burgalés, si dio un paso al frente de Gandesa, a la primera línea de fuego, fue porque La Moncloa anunció que procuradores anaranjados apoyarían su acción contra el Gobierno de Fernández Mañueco.
En principio, todo casaba: que a Inés Arrimadas no le gusta, ni poco ni mucho, Igea, y que en Murcia, los camaradas de Cs ya se habían quitado las mascarillas del virus político para desbancar al presidente popular, y que en Madrid, un tal Aguado estaba preparado para devorar a Ayuso. Además, como Ciudadanos lleva el camino de UPyD, desaparecer y pasar a la memoria de la política española contemporánea y a los libros de historia, lógico resulta que aquellos de sus dirigentes que conocieron el dulzor del poder, del mando, del salario superior al de sus merecimientos profesionales, se busquen la vida eterna en la res pública a cambio de felonías por doquier.
Confieso que me trae sin cuidado quién mande en Murcia, porque me queda muy lejos, y me preocupa más quién ejerza el poder en Castilla y León, una comunidad autónoma en la que no creo, porque yo aspiro a que nuestro Reino, el de la Historia, el de León, nuestras ciudades y provincias hermanas, con Salamanca, se constituyan en autonomía. Castilla, sus dos principales ciudades, Valladolid y Burgos, potenciaron sus respectivas economías y demografías, mientras Zamora, en particular, y el Reino de León, en general, sufrieron las discriminaciones positivas del ejecutivo autonómico, desde Aznar y Lucas, pasando por Herrera, y ahora Mañueco, hacia Castilla en detrimento de León.
El actual presidente de la Junta perdió las elecciones autonómicas, pero se las ganó Ciudadanos, un partido que todavía mostraba potencias democráticas, capacidad para el cambio de rumbo en la política española. Confieso que el pacto entre el PP y Cs para quedarse con el gobierno de la Junta no me lo esperaba y sé de muchos votantes de la formación naranja que maldijeron haber votado esa opción. Lo cierto es que, pese a las críticas, Igea ha venido funcionando como el presidente, de facto, del ejecutivo autonómico, porque tiene más talento que Mañueco, aunque menos picardía política, porque el charro lleva, casi desde que hizo la Primera Comunión en este de vivir por, para y de la res pública.
No sé si este Gobierno de esa cosa de Valladolid, como define a la Junta el profesor Iglesias Carreño, lo está haciendo bien, mal o regular. Escucho a los que se dicen eruditos en Sanidad y sus críticas son durísimas por la gestión del ejecutivo, con una Consejería que preside una doctora en Medicina, y un vicepresidente, cirujano de reconocido prestigio. Pero sí sé que Zamora, ciudad y provincia, durante los casi dos años que el dúo Mañueco-Igea, sigue ocupando el último puesto en actividad económica de la comunidad, mientras se desangra su demografía, si bien el Gobierno central debería liderar las acciones encaminadas a detener nuestra despoblación galopante.
Estoy escribiendo de partidos nacionales, PP, PSOE y Cs, y de sus dirigentes políticos por enésima vez. Creo que son los verdaderos enemigos del pueblo, como se demostró ayer; que solo quieren el poder para disfrutarlo, manejarlo, imponerlo; que una provincia como la nuestra les trae sin cuidado que se convierta en desierto demográfico, en una gran residencia de la tercera edad, sin apenas actividad económica, con desempleados por doquier, con jubilados que cobran pensiones miserables; con un comercio y una hostelería agonizantes, con una población envejecida hasta el dolor…
Insisto en que Zamora necesita, clama, y debe apostar por la creación de un amplio movimiento político, que rompa las cadenas con los partidos estatales, que tanto nos han ignorado desde que el poder nos regaló esta democracia, si no queremos convertirnos, si no lo somos ya, en una tierra de vivos muertos, sin ilusión, sin fuerza, sin esperanzas y, si nos descuidamos, sin las nieblas del río Duero.
Este miércoles, día 10 de marzo, cercano a la primavera, podría ser dedicado en el futuro como el Día de la Desvergüenza Política y la Apatía Ciudadana.
Eugenio-Jesús de Ávila


























Jose Lliria | Sábado, 13 de Marzo de 2021 a las 01:41:24 horas
Te invito a conocer el concepto de Contigo.
Política municipalista en un partido estatal. Porque el principal problema territorial no se puede afrontar con 52 partidos regionalistas.
Accede para votar (0) (0) Accede para responder