CON LOS CINCO SENTIDOS
A veces nada tiene sentido
Nos empeñamos en ser buenos, en hacer lo correcto, ayudar al prójimo, ser buenos hijos, padres, hermanos, vecinos…Aprendemos que la vida es dura y que hay que labrarse un futuro acorde a tu valía y características o talentos personales, o bien al dinero de tu familia, si es que lo tiene. Con dinero a espuertas la vida siempre resulta más llevadera, menos sacrificada. Puedes viajar, estudiar una carrera sin agobios monetarios, sacarte un máster o dos, o tres, pagados “de válvula” con los contactos adecuados, o trabajados de veras poniendo los codos encima de una mesa, como la mayor parte de los jóvenes de este país, rascando el jersey y las coderas, como debe de ser.
Con dinero puedes comprar voluntades si quieres. Puedes comprarlo todo, todo menos una cosa.
La salud no se compra, se mantiene a flote. Te la dan buena o mala casi de serie y eso es lo triste, porque personas que aportan mucho al mundo en el que viven, a veces, no culminan su trabajo porque algo les falló y se van demasiado pronto. Demasiado pronto. Esta arbitrariedad en quién vive más que quién me parece perversa, deplorable y hasta abyecta. No quiero poner palabras más fuertes, aunque podría, porque sé cientos. ¿Por qué ese de al lado, que no hace más que molestar a otros o pega a sus hijos y maldice a su mujer vive hasta los 90? ¿O ese que cree que tiene el mundo a sus pies me mira de arriba abajo para ver si estoy a su “altura” moral por mi apariencia personal y yo me tengo que ir sin decir todo lo que quiero y necesito decir?
Luego responderéis los que os apoyáis en la fe que “es voluntad de dios”. Menuda respuesta basada en la nada más absoluta, sin pruebas empíricas que la respalden. Nadie regresó para contarnos lo bien que se está ahí arriba, aún estoy esperando que me describan el paraíso al que debo ir porque he sido buena. Pero nadie me lo dice, nadie me visita desde el otro lado. Nadie. ¿Algo que decir?
¿Es verdad?, ¿es literatura? Estoy divagando sobre las personas que nos dejan cuando sus cerebros bullen de inteligencia y sensaciones que ni imaginamos, mientras viven otros cuerpos que no aportan nada, sólo su mediocridad, que encima, intentan imponerte. Este año se nos ha ido tanta gente…Tanta. Eso me entristece mucho, lo siento, soy todo corazón. No tengo la llave que abre esa caja de explicaciones para todo este absurdo contrasentido, quizá nunca la tenga nadie. Quizá dios no existe y morimos y todo es negrura y oscuridad, pero tener fe en algo ayuda a que ciertas personas superen ese trago amargo de manera menos dolorosa o más conformista. No sé si eso es lo más inteligente, pero al menos suele funcionar. No sé. El ser humano es idiota. Decididamente idiota. Nos vamos a extinguir.
Nélida L. del Estal Sastre
Nos empeñamos en ser buenos, en hacer lo correcto, ayudar al prójimo, ser buenos hijos, padres, hermanos, vecinos…Aprendemos que la vida es dura y que hay que labrarse un futuro acorde a tu valía y características o talentos personales, o bien al dinero de tu familia, si es que lo tiene. Con dinero a espuertas la vida siempre resulta más llevadera, menos sacrificada. Puedes viajar, estudiar una carrera sin agobios monetarios, sacarte un máster o dos, o tres, pagados “de válvula” con los contactos adecuados, o trabajados de veras poniendo los codos encima de una mesa, como la mayor parte de los jóvenes de este país, rascando el jersey y las coderas, como debe de ser.
Con dinero puedes comprar voluntades si quieres. Puedes comprarlo todo, todo menos una cosa.
La salud no se compra, se mantiene a flote. Te la dan buena o mala casi de serie y eso es lo triste, porque personas que aportan mucho al mundo en el que viven, a veces, no culminan su trabajo porque algo les falló y se van demasiado pronto. Demasiado pronto. Esta arbitrariedad en quién vive más que quién me parece perversa, deplorable y hasta abyecta. No quiero poner palabras más fuertes, aunque podría, porque sé cientos. ¿Por qué ese de al lado, que no hace más que molestar a otros o pega a sus hijos y maldice a su mujer vive hasta los 90? ¿O ese que cree que tiene el mundo a sus pies me mira de arriba abajo para ver si estoy a su “altura” moral por mi apariencia personal y yo me tengo que ir sin decir todo lo que quiero y necesito decir?
Luego responderéis los que os apoyáis en la fe que “es voluntad de dios”. Menuda respuesta basada en la nada más absoluta, sin pruebas empíricas que la respalden. Nadie regresó para contarnos lo bien que se está ahí arriba, aún estoy esperando que me describan el paraíso al que debo ir porque he sido buena. Pero nadie me lo dice, nadie me visita desde el otro lado. Nadie. ¿Algo que decir?
¿Es verdad?, ¿es literatura? Estoy divagando sobre las personas que nos dejan cuando sus cerebros bullen de inteligencia y sensaciones que ni imaginamos, mientras viven otros cuerpos que no aportan nada, sólo su mediocridad, que encima, intentan imponerte. Este año se nos ha ido tanta gente…Tanta. Eso me entristece mucho, lo siento, soy todo corazón. No tengo la llave que abre esa caja de explicaciones para todo este absurdo contrasentido, quizá nunca la tenga nadie. Quizá dios no existe y morimos y todo es negrura y oscuridad, pero tener fe en algo ayuda a que ciertas personas superen ese trago amargo de manera menos dolorosa o más conformista. No sé si eso es lo más inteligente, pero al menos suele funcionar. No sé. El ser humano es idiota. Decididamente idiota. Nos vamos a extinguir.
Nélida L. del Estal Sastre


















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