EL CONSENSO
La ciencia como cuestión prioritaria
Pedro Calzada @peterRoad
Uno de los efectos colaterales que ha tenido la pandemia es volver a poner a la ciencia en el centro de nuestras vidas y, sobre todo, en el centro de las políticas públicas.
Hace solo unos días, leíamos con optimismo que la vacuna que está desarrollando el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) marcha “viento en popa” y que, además, si todo transcurre de manera positiva, será una vacuna eficaz, novedosa y que otorgará una inmunidad de larga duración. Esperemos que el trabajo y esfuerzo de los profesionales que llevan trabajando meses sin descanso dé sus frutos.
Más allá de este caso concreto, es fundamental observar la importancia de contar con una inversión en ciencia que permita retener el talento de nuestros científicos. No es solamente una cuestión moral sino estratégica. Quien consigue liderar las pequeñas revoluciones científicas y tecnológicas obtiene una gran ventaja competitiva en el mundo globalizado. Las vacunas contra la COVID-19 son el ejemplo más reciente y evidente.
La inversión en ciencia e I+D+I es cara y no produce resultados en el corto plazo, pero es fundamental para cimentar un proyecto de liderazgo sólido en el medio y largo plazo. España en particular, y Europa en general, no lideraron la revolución tecnológica del siglo XX. Ahora, en el nuevo tiempo que se abrirá tras la pandemia hay una nueva oportunidad para ver a la ciencia como una cuestión prioritaria.
Uno de los efectos colaterales que ha tenido la pandemia es volver a poner a la ciencia en el centro de nuestras vidas y, sobre todo, en el centro de las políticas públicas.
Hace solo unos días, leíamos con optimismo que la vacuna que está desarrollando el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) marcha “viento en popa” y que, además, si todo transcurre de manera positiva, será una vacuna eficaz, novedosa y que otorgará una inmunidad de larga duración. Esperemos que el trabajo y esfuerzo de los profesionales que llevan trabajando meses sin descanso dé sus frutos.
Más allá de este caso concreto, es fundamental observar la importancia de contar con una inversión en ciencia que permita retener el talento de nuestros científicos. No es solamente una cuestión moral sino estratégica. Quien consigue liderar las pequeñas revoluciones científicas y tecnológicas obtiene una gran ventaja competitiva en el mundo globalizado. Las vacunas contra la COVID-19 son el ejemplo más reciente y evidente.
La inversión en ciencia e I+D+I es cara y no produce resultados en el corto plazo, pero es fundamental para cimentar un proyecto de liderazgo sólido en el medio y largo plazo. España en particular, y Europa en general, no lideraron la revolución tecnológica del siglo XX. Ahora, en el nuevo tiempo que se abrirá tras la pandemia hay una nueva oportunidad para ver a la ciencia como una cuestión prioritaria.

















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