Lorena Hernández del Río
Miércoles, 14 de Abril de 2021
POR DERECHO

Torería

[Img #51879]El pasado domingo tuve ocasión de ver la entrevista que Évole le hizo a Miguel Bosé en México. Como espectadora pude intuir las luces y las sombras de este hombre. Observé la nobleza de su sinceridad al hablar de su pasado de consumidor politoxicómano.

 

         Si tuviese que sintetizar en dos ideas la entrevista realizada me quedaría con su manifestación de las lealtades familiares al árbol genealógico y con su idea de torería.

 

         Respecto de la primera, apuntó como a todas las mujeres de su familia les premuere un hijo. Mencionó la repetición de este trauma familiar generación tras generación. Colocó sobre la mesa  la repetición mimética de sucesos familiares y habló de ello como ley. Participo totalmente de su idea, al igual que algunas corrientes psicológicas que intentan estudiar cómo se fraguan los vínculos de lealtades invisibles. Sirva la mención de este gran intérprete para tomar conciencia de como la programación más potente que rige nuestras vidas es la inconsciente.

 

         Respecto de la torería me hizo reflexionar sobre que entiendo por tal, obligándome a acudir al desván de mi memoria.

 

          Torería es hacer el paseíllo de la vida escondiendo bajo la esclavina, al fantasma de la muerte. Es ir siempre por delante frente a los que tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen. Es mostrarse extraño al rumor de conversaciones. Es guardar silencio y permanecer ensimismada en el anhelo de una faena única.

 

          Tras la penumbra de la capilla (almacén de ilusiones), torería es levantar los ojos en súplica al Altísimo, mientras el corazón late de manera casi punzante. Iniciada la suerte, es refrescar con agua las facciones desdibujadas por el miedo que parecen escaparse entre los pálidos dedos. Torería al beber, es tragar hacia los adentros los grandes sinsabores, para dar templados capotazos a los reveses de la vida.

 

         En el pasado Joselito, Belmonte, Antonio Bienvenida, Dominguín y tantísimos otros. Ahora Padilla, José Tomás, Roca Rey, José Mari Manzanares, Cayetano y nuestro paisano Javier Gómez Pascual, con el que junto a Teo y a Susana compartimos clases de derecho en Salamanca.

 

         Todos ellos parecieron o parecen borrachos de fama que no se tambalea. De la cadencia de sus pasos parece haber surgido el movimiento "Slow life" con la idea de reducir la marcha y disfrutar más de la vida. Estos maestros ya entendieron en todas sus ramificaciones el verso de Juan Ramón Jiménez: ¡No corras. Ve despacio, que donde tienes que ir es a ti solo!

 

         Cuando la torería les desborda, se hacen insensibles a las voces críticas. Sus pasos de duende van barriendo la simpleza de quienes boquiabiertos les observan. Mal que les pese a otros, nacieron para brillar; tiesos van despejando el callejón de la vida,  enfrentando los ojos penetrantes y miradas esquivas de hombres grises y de mujeres imponentes con aroma a demasiadas joyas; dispersan a aquellos que viven sus desdibujadas existencias desde la barrera; irradian haces de sol con sus machos y alamares a los que vegetan a resguardo de sus propios sueños; hechizan con solo una tarde de arte.

 

          Cuando observo ese porte me sobreviene una altiva melancolía del callejón Iris de Sevilla.

         La talla moral...

         La belleza sofocante.....

         La excelencia sobre la vulgaridad.....

         ¡Eso es torería!

 

Lorena Hernández del Río

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