ZAMORANA
Carta a los políticos zamoranos pasados y presentes
Se atribuye al periodista, escritor y satírico estadounidense Ambrose Bierce la frase “La desmemoria es un don que otorga Dios a los deudores para compensarlos por su falta de conciencia”.
Quiero empezar así este artículo, que es más bien una llamada a la conciencia de todos los políticos zamoranos, los que fueron y los que son, una llamada reiterativa que resultaría innecesaria porque responde a la necesidad -urgencia, diría yo- de que miren por su tierra, de que la doten de servicios básicos y la restituyan aquellos que le quitaron. Un ejemplo es el campamento militar de Monte La Reina que muchos zamoranos venimos reivindicando con todas nuestras fuerzas y a través de los medios de que disponemos, para hacer llegar un hálito de esperanza a los zamoranos. Si este proyecto se materializara, daría vida a una ciudad en quiebra, con negocios cerrados que volverían a abrirse y una población envejecida que se vería aumentada por gente joven y familias con las que regresaría la vida.
La idea fue apoyada por el propio presidente Sánchez en Zamora, pero seguramente fue fruto de un momento de lucidez que ahora ya ni recuerda; por eso me dirijo a los políticos actuales, al socialista Antidio Fagúndez para que recuerde a su jefe que los compromisos están para cumplirlos, que no se puede llegar a una ciudad, regalar los oídos de los zamoranos y luego olvidarse de las promesas, porque una cosa sí que tiene esta gente y es memoria. Cuando el señor Fagúndez camine por las calles de Zamora, siempre habrá alguien que piense en lo que hizo o no hizo por la ciudad y eso no se olvida. Del mismo modo que se recuerda también lo poco que favoreció a su ciudad natal el señor Martínez Maíllo -otro zamorano sin memoria- cuando ostentó aquel cargo de privilegio con el anterior presidente Rajoy. Ahora es el momento de unir los discursos, da igual de donde vengan, el color político no es importante, lo vital es traer el acuartelamiento a Zamora de una vez por todas, urgir a la ministra de Defensa y al propio presidente a cumplir lo pactado y, de ese modo, hacer algo en serio contra la despoblación, matando así dos pájaros de un tiro. A Zamora también se la ha olvidado en este tema, cuando es una de las provincias más vaciadas de España. Ignoro el motivo de tantas y tan reiteradas omisiones.
Como la hemeroteca está ahí para consultarla y, en ocasiones, para señalar lo que se dijo un día, quiero recordar solo un par de frases; una del señor Fagúndez: “Mi pasión es la política, como medio para transformar la sociedad”; y la otra del señor Maíllo: “El PP es mucho más que Génova”. En ambos casos priman las buenas intenciones; el hacer algo por los demás, por quienes los han elegido, y el salir de los despachos para bajar al pueblo real y tratar in situ los problemas reales; esa es la teoría, lo demás pura demagogia.
Por tanto, insto, conmino, solicito y hasta me atrevo a decir reclamo que luchen por Zamora, que cumplan su palabra y le den lo que prometieron, en este caso el acuartelamiento ya mencionado. No queremos más que lo nuestro porque los zamoranos sí somos gente de palabra y no personas desmemoriadas. Estamos hartos del descrédito de los políticos, de que su palabra no valga, de que lo dicho hoy se desdiga mañana, de su falta de credibilidad.
No obstante, si alguno quiere venir a nuestra ciudad, le recibiremos con los brazos abiertos, pero que no pretendan encandilarnos con promesas que se queden en nada, y les pediría que antes de hablar miraran a los ojos de las personas que escuchan, muchos ojos de labradores, de gente que no será instruida, pero es sabia y ha sido vapuleada por la vida; muchos de ellos vivieron en los pueblos de la provincia y ahora, de mayores, se han venido a la ciudad para pasar sus últimos días. Con ellos no se juega, esas miradas son las de los padres y abuelos que nos formaron; a ellos se les debe respeto y consideración; y a todos los zamoranos se les debe restituir lo que les quitaron; no queremos trato de favor, solo lo nuestro; y tampoco vamos a seguir admitiendo promesas vanas ni migajas.
Señores políticos zamoranos de antes y ahora, los que camináis por la ciudad, los que visitáis sus pueblos, los que nos representáis en el Ayuntamiento, en la Diputación, en la Junta, o en el Congreso; bajad del pedestal, salid de los despachos, empatizad con la gente y sus necesidades… y trabajad por ellos.
Mª Soledad Martín Turiño
Se atribuye al periodista, escritor y satírico estadounidense Ambrose Bierce la frase “La desmemoria es un don que otorga Dios a los deudores para compensarlos por su falta de conciencia”.
Quiero empezar así este artículo, que es más bien una llamada a la conciencia de todos los políticos zamoranos, los que fueron y los que son, una llamada reiterativa que resultaría innecesaria porque responde a la necesidad -urgencia, diría yo- de que miren por su tierra, de que la doten de servicios básicos y la restituyan aquellos que le quitaron. Un ejemplo es el campamento militar de Monte La Reina que muchos zamoranos venimos reivindicando con todas nuestras fuerzas y a través de los medios de que disponemos, para hacer llegar un hálito de esperanza a los zamoranos. Si este proyecto se materializara, daría vida a una ciudad en quiebra, con negocios cerrados que volverían a abrirse y una población envejecida que se vería aumentada por gente joven y familias con las que regresaría la vida.
La idea fue apoyada por el propio presidente Sánchez en Zamora, pero seguramente fue fruto de un momento de lucidez que ahora ya ni recuerda; por eso me dirijo a los políticos actuales, al socialista Antidio Fagúndez para que recuerde a su jefe que los compromisos están para cumplirlos, que no se puede llegar a una ciudad, regalar los oídos de los zamoranos y luego olvidarse de las promesas, porque una cosa sí que tiene esta gente y es memoria. Cuando el señor Fagúndez camine por las calles de Zamora, siempre habrá alguien que piense en lo que hizo o no hizo por la ciudad y eso no se olvida. Del mismo modo que se recuerda también lo poco que favoreció a su ciudad natal el señor Martínez Maíllo -otro zamorano sin memoria- cuando ostentó aquel cargo de privilegio con el anterior presidente Rajoy. Ahora es el momento de unir los discursos, da igual de donde vengan, el color político no es importante, lo vital es traer el acuartelamiento a Zamora de una vez por todas, urgir a la ministra de Defensa y al propio presidente a cumplir lo pactado y, de ese modo, hacer algo en serio contra la despoblación, matando así dos pájaros de un tiro. A Zamora también se la ha olvidado en este tema, cuando es una de las provincias más vaciadas de España. Ignoro el motivo de tantas y tan reiteradas omisiones.
Como la hemeroteca está ahí para consultarla y, en ocasiones, para señalar lo que se dijo un día, quiero recordar solo un par de frases; una del señor Fagúndez: “Mi pasión es la política, como medio para transformar la sociedad”; y la otra del señor Maíllo: “El PP es mucho más que Génova”. En ambos casos priman las buenas intenciones; el hacer algo por los demás, por quienes los han elegido, y el salir de los despachos para bajar al pueblo real y tratar in situ los problemas reales; esa es la teoría, lo demás pura demagogia.
Por tanto, insto, conmino, solicito y hasta me atrevo a decir reclamo que luchen por Zamora, que cumplan su palabra y le den lo que prometieron, en este caso el acuartelamiento ya mencionado. No queremos más que lo nuestro porque los zamoranos sí somos gente de palabra y no personas desmemoriadas. Estamos hartos del descrédito de los políticos, de que su palabra no valga, de que lo dicho hoy se desdiga mañana, de su falta de credibilidad.
No obstante, si alguno quiere venir a nuestra ciudad, le recibiremos con los brazos abiertos, pero que no pretendan encandilarnos con promesas que se queden en nada, y les pediría que antes de hablar miraran a los ojos de las personas que escuchan, muchos ojos de labradores, de gente que no será instruida, pero es sabia y ha sido vapuleada por la vida; muchos de ellos vivieron en los pueblos de la provincia y ahora, de mayores, se han venido a la ciudad para pasar sus últimos días. Con ellos no se juega, esas miradas son las de los padres y abuelos que nos formaron; a ellos se les debe respeto y consideración; y a todos los zamoranos se les debe restituir lo que les quitaron; no queremos trato de favor, solo lo nuestro; y tampoco vamos a seguir admitiendo promesas vanas ni migajas.
Señores políticos zamoranos de antes y ahora, los que camináis por la ciudad, los que visitáis sus pueblos, los que nos representáis en el Ayuntamiento, en la Diputación, en la Junta, o en el Congreso; bajad del pedestal, salid de los despachos, empatizad con la gente y sus necesidades… y trabajad por ellos.
Mª Soledad Martín Turiño
















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