Mª Soledad Martín Turiño
Sábado, 24 de Abril de 2021
ZAMORANA

Turno de urgencias

[Img #52232]Suena el teléfono. Nervios, un grito y todo se apaga. Los médicos invaden un hogar y solo dejan ausencia, miedo, envoltorios de tubos y pegativas.

 

Prisas, un viaje en coche plagado de incertidumbre. Pruebas y un mal pronóstico. Decisiones, preguntas dudas, responsabilidad y elecciones. Todo debe ser rápido, no podemos perder tiempo. Toma la decisión: dura, la peor, la más racional y la que llevará a la espalda para siempre. Consecuencias, más dudas, llamadas, lágrimas y un final.

 

La línea del monitor es continua; un pitido que ensordece y un vacío indescriptible en medio del silencio. Algo falta. Se ha ido. Ya está. Papeles, frío inundando su cuerpo y el de los que la miramos. ¿Dónde está? ¿Por qué no se detiene el tiempo? Todo permanece igual, pero sin sus sonrisas, sin sus manías, sin sus recuerdos, sin su comida de los domingos; nada de eso va a volver.

 

No hay tiempo para darnos cuenta. Llega alguien. Otra historia. Unos ojos llenos de miedo y unos pulmones que no respiran. Medicamentos, pinchazos, más pegatinas y más monitores. De ésta se libra, por poco.

 

Llega otro, y otro, y otro más. Las horas pasan. La urgencia se llena y vacía después de carreras, llamadas, tratamientos y muchas palabras. Palabras que intentan alentar, palabras que informan, palabras que tranquilizan y palabras que explican.

 

Se acaba un turno y la vida, fuera, sigue. Los comercios, el estanco, los parques y los bares. Nadie se ha enterado de lo que ha pasado; es como si nada importara. Todo es frenético fuera también.

 

Dra. Raquel Cenjor Martín

 

Hasta aquí aparecen esbozados algunos de los casos de un día cualquiera en un turno cualquiera de un médico de urgencias. Hasta aquí porque hoy, cuando ha llegado a casa con el alma un poco más rota que de costumbre, ha abierto la puerta y se ha dejado caer en el sofá como un pesado fardo. Es joven, fuerte y, por lo general, en el camino de regreso desde el hospital a casa suele hacer un ejercicio de catarsis para que no se desborden las sensaciones; así que las analiza, las controla, las retiene y las domina hasta el turno siguiente en que, al vestirse con el pijama y la bata regresará el vértigo y la lucidez mental para afrontar horas más duras y dar lo mejor de sí misma. Hoy, en cambio, se ha llevado las sensaciones, han salido los fantasmas y la vida y la muerte se han puesto de acuerdo para darle un toque que la ha dejado especialmente vulnerable.

 

Se levanta al cabo de un buen rato y abre la ducha. Confía en que la tibieza del agua calme un poco su cuerpo extenuado y relaje su espíritu; aunque sabe que, en días como hoy, la pesadilla la perseguirá y solo el sueño reparador la pondrá de nuevo en órbita.

 

Es joven, luchadora, valiente. Ha visto demasiado cerca la muerte y está acostumbrada a tomar graves decisiones en poco tiempo, pero no es la única; como ella hay muchas personas que siguen en la brecha a la puerta de las unidades de urgencia de los hospitales para recibir el dolor e intentar calmarlo, para luchar por la vida de los demás y ganarle la batalla a la parca al menos por un tiempo.

 

M.ª Soledad Martín Turiño

 

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