EL CONSENSO
Proteccionismo en la UE
Pedro Calzada @peterRoad
Tras más de un año de pandemia, se aprecian determinados efectos colaterales que evidencian que el COVID-19 supondrá un verdadero cambio de paradigma. Una de esas consecuencias es el endurecimiento del control sobre inversiones procedentes de países externos a la Unión Europea, el cual ha sido consentido por las autoridades de Bruselas. El miedo a la debilidad del tejido económico en los Estados Miembro tras la paralización económica causada por la pandemia ha provocado un auténtico giro destinado a proteger nuestro capital empresarial.
En España, de manera particular, la aprobación de los Reales Decretos-Ley 8/2020 y 34/2020 supuso una auténtica novedad en nuestro sistema económico al establecer controles sobre las inversiones extranjeras en determinados sectores considerados “sensibles”. Por ejemplo, el suministro de electricidad o las consideradas como infraestructuras críticas.
Este novedoso proteccionismo europeo parece que ha venido para quedarse. Es más, parece que la voluntad de los Estados Miembro es ahondar en el control de las inversiones que realizan terceros países con especial atención a los movimientos procedentes de China y Rusia. La Unión Europea se construyó sobre la idea de un mercado común regido por una mínima intervención estatal. Sin embargo, la conclusión tras la pandemia es que la economía del “viejo continente” no es tan fuerte como parecía y son necesarios nuevos medios de defensa para proteger nuestra propia riqueza. Muchas cosas han cambiado en los últimos doce meses.
Tras más de un año de pandemia, se aprecian determinados efectos colaterales que evidencian que el COVID-19 supondrá un verdadero cambio de paradigma. Una de esas consecuencias es el endurecimiento del control sobre inversiones procedentes de países externos a la Unión Europea, el cual ha sido consentido por las autoridades de Bruselas. El miedo a la debilidad del tejido económico en los Estados Miembro tras la paralización económica causada por la pandemia ha provocado un auténtico giro destinado a proteger nuestro capital empresarial.
En España, de manera particular, la aprobación de los Reales Decretos-Ley 8/2020 y 34/2020 supuso una auténtica novedad en nuestro sistema económico al establecer controles sobre las inversiones extranjeras en determinados sectores considerados “sensibles”. Por ejemplo, el suministro de electricidad o las consideradas como infraestructuras críticas.
Este novedoso proteccionismo europeo parece que ha venido para quedarse. Es más, parece que la voluntad de los Estados Miembro es ahondar en el control de las inversiones que realizan terceros países con especial atención a los movimientos procedentes de China y Rusia. La Unión Europea se construyó sobre la idea de un mercado común regido por una mínima intervención estatal. Sin embargo, la conclusión tras la pandemia es que la economía del “viejo continente” no es tan fuerte como parecía y son necesarios nuevos medios de defensa para proteger nuestra propia riqueza. Muchas cosas han cambiado en los últimos doce meses.

















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