ME QUEDA LA PALABRA
Zamora: proscrito el verbo pensar
“Siempre la claridad viene del cielo; es un don: no se halla entre las cosas sino muy por encima, y las ocupa haciendo de ello vida y labor propias”. Primeros versos de “El don de la ebriedad”, de nuestro Rimbaud zamorano. Aquí, en Zamora, no existe claridad intelectual, simplemente porque el intelectual no existe o, si vive, no se muestra, no critica, no analiza, no disecciona la realidad de nuestra ciudad y provincia. Nadie habla. Silencio. La prensa local no opina. Va de rueda de prensa a rueda de prensa, y asisto porque me toca, para llenar informativos y páginas. Hay miedo. Reflexionar o pensar se han convertido en dos verbos que duelen. No se saben conjugar.
Un periodismo sin crítica al poder solo es un Boletín Oficial de cualquier institución pública. Una ciudad sin intelectuales que analicen la realidad no existe. Se trataría, en todo caso, de una comunidad sin vínculo, sin destino, sin objetivos. ¡Qué sencillo les resulta a los partidos nacionales mofarse de Zamora, prometer y no dar, afirmar y negar, reír y llorar! No hay pueblo en España al que el poder ningunee más. Un chollo. Después, como ovejita lucera, el zamorano comulgará con el voto en la urna, creyendo que decide algo, que el poder se lo agradecerá con inversiones públicas que transformarán la provincia en tierra de porvenir.
Siempre la claridad viene del cielo. Aquí no. Aunque me disguste contrariar al gran Claudio. No obstante, me quedo con otros versos del divino poeta zamorano: “Todos llevamos una ciudad dentro, ciudad que nos alienta y no acusa. La ciudad del alma”. Yo acuso, como Zola, a los zamoranos pasivos, cobardes y entregados.
Eugenio-Jesús de Ávila
“Siempre la claridad viene del cielo; es un don: no se halla entre las cosas sino muy por encima, y las ocupa haciendo de ello vida y labor propias”. Primeros versos de “El don de la ebriedad”, de nuestro Rimbaud zamorano. Aquí, en Zamora, no existe claridad intelectual, simplemente porque el intelectual no existe o, si vive, no se muestra, no critica, no analiza, no disecciona la realidad de nuestra ciudad y provincia. Nadie habla. Silencio. La prensa local no opina. Va de rueda de prensa a rueda de prensa, y asisto porque me toca, para llenar informativos y páginas. Hay miedo. Reflexionar o pensar se han convertido en dos verbos que duelen. No se saben conjugar.
Un periodismo sin crítica al poder solo es un Boletín Oficial de cualquier institución pública. Una ciudad sin intelectuales que analicen la realidad no existe. Se trataría, en todo caso, de una comunidad sin vínculo, sin destino, sin objetivos. ¡Qué sencillo les resulta a los partidos nacionales mofarse de Zamora, prometer y no dar, afirmar y negar, reír y llorar! No hay pueblo en España al que el poder ningunee más. Un chollo. Después, como ovejita lucera, el zamorano comulgará con el voto en la urna, creyendo que decide algo, que el poder se lo agradecerá con inversiones públicas que transformarán la provincia en tierra de porvenir.
Siempre la claridad viene del cielo. Aquí no. Aunque me disguste contrariar al gran Claudio. No obstante, me quedo con otros versos del divino poeta zamorano: “Todos llevamos una ciudad dentro, ciudad que nos alienta y no acusa. La ciudad del alma”. Yo acuso, como Zola, a los zamoranos pasivos, cobardes y entregados.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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